Inicio de la Edición
“... La patria de un alma elevada es el universo”. Demócrito 
AÑO IV - WASHINGTON DC., ESTADOS UNIDOS  -

Google
Web En el Sitio
Email:
Suscribir Remover

DHTML Menu provided
by WEBNOVA

Conversor de Moneda
Xe.com
Click aqui
Literatura y Poesía 2 ir Literatura y Poesía 4
Para ver todas las páginas de cada sección haga click en las flechas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     Xenia Mora

 CUANDO LLORÓ EL POEMA

 

Por Xenia Mora*

 

Cuando se trizó
el espejo del poema:
Los verbos
se vistieron de espanto
por laberintos inconclusos.
Los sustantivos
se ahogaron con la marea
retorciéndose en latente agonía.
Las galaxias
emprendieron su retirada
al limbo de los recuerdos.
Las estrellas
se esfumaron con la neblina
dejando desamparados a los poetas
y el lumen de infinito azul
se evaporó cual espectro
ahogándose en las profundidades de la nada-

 

*Xenia Mora (Mendoza , Argentina) es docente y amante de la literatura desde la niñez. Autora de tres poemarios, que permanecen aún inéditos, colabora con asiduidad en diversos webs y listas de España, Venezuela, Estados Unidos, Argentina y Brasil, así como en varias revistas literarias de Mendoza. Ha colaborado asimismo en tres antologías poéticas colectivas editadas por el foro ‘Sensibilidades’ y es miembro activo del Taller Literario “La Colmena”.

 

separador

 

Ricardo Talesnik

DROGAS *

 

Por Ricardo Talesnik

 

Existe una droga que le hace un daño enorme a mucha gente. No es la cocaína ni la efedrina ni ninguna otra "ina” o “ana”. Se trata de una sustancia altamente tóxica que no es de orden químico ni material.

Es visible e invisible a la vez.

Crea adicción, pero no se aspira ni se fuma ni se bebe ni se inyecta. No tiene olor ni se toca. Atrae intensamente. Quien la posee provoca admiración, envidia, odio y amor. Algunos dicen no desearla, otros confiesan morirse por obtenerla. El mundo gira a su alrededor. Esa droga satisface con creces la necesidad de sentir­se poderoso, brillan­te, ganador. Vence a la depresión, garantiza que todo saldrá bien.

Otorga fe, fuerza, confianza. Disipa temores, angustias e insegu­ridades.  Nos permite atravesar la jungla cotidiana convertidos en feroces depredadores que compiten por la victoria sin temor al fracaso y a la derrota. Es un espejo en el que nos miramos para saber cómo somos y cuánto valemos.

Ella es sinónimo de fama, dinero, poder. Alza nuestra autoestima al tope. En un planeta sin timón y sacudido por los implacables vientos del interés personal y la ambición ella nos defiende y nos permite ocupar un lugar en el que nos sentimos amparados, protegidos.

Su ausencia produce amarguras, resentimientos, envidias y genera violencia y enfermedad. El síntoma de abstinencia es insoportable. Esa droga irresistible que brinda tanto placer a quien tiene la dicha de consumirla es el Exito.

Entre algunos que lo alcanzan, existen quienes no quieren dejarlo nunca más y hacen todo lo posible por incrementarlo y aumentar las dosis. Aunque se encuentren en pleno goce triunfal, sufren por el temor a perderlo.

Se torturan pensando en cómo alimentarlo y sostenerlo para que no se desvanezca. Si el Exito los abandona son capaces de destruirse a sí mismos como castigo por no poder reconquistarlo. Para ellos es tan angustiante el éxito como el fracaso.

Ser nadie en un sistema de vida donde hay que ser alguien les resulta insoportable. Ser alguien en una carrera de obstáculos colmada de competidores insaciables sin límites ni escrúpulos resulta, finalmente, agotador. Depender todo el tiempo de la opinión y la aprobación de terceros, es una tortura. Por eso, a veces, algunos buscan en la muerte un alivio a su tormento.

(Nota escrita después del suicidio de un joven y muy conocido conductor de televisión).

 

separador

 

Dra. Luisa Puig
Doctora Luisa Puig

EL DISCURSO PARADÓJICO. UN ANÁLISIS LINGÜÍSTICO ARGUMENTATIVO

Por Luisa Puig*

Por mucho que lo intentamos, no
logramos aprehender la realidad
de las cosas. Y puede que la terrible
   razón de eso esté
     en que lo único real sea su apariencia.
                                  Oscar Wilde
(Entrevista en la cárcel de Reading)

 

Desde la antigüedad clásica, la retórica ha considerado que el lenguaje, y en particular el discurso, es un medio idóneo para elaborar razonamientos, hacer inferencias o presentar argumentos con el fin de convencer o persuadir al interlocutor de la justeza de una idea o de la necesidad de llevar a cabo una acción.

Refutar esta creencia parecería ilógico o impensable pero, desde un punto de vista lingüístico, es posible tener una concepción muy diferente de la lengua y de la manera como funciona.  Así, se puede considerar que en los encadenamientos discursivos (que contienen conectores como por consiguiente, por lo tanto, entonces, sin embargo, etc.) no se realizan inferencias ni  razonamientos.  Tal es la posición que sostiene la semántica de los bloques argumentativos de Oswald Ducrot y Marion Carel.[1]

Esta teoría lingüístico argumentativa parte, pues, de una concepción del discurso opuesta a los planteamientos de la retórica clásica.   Para esta última, las inferencias y los razonamientos ocupan un lugar primordial en la estrategia persuasiva, mientras que para la semántica de los bloques argumentativos, los razonamientos en el discurso son el resultado de una pura ilusión.[2] 

Esta perspectiva implica, a la vez, una manera específica y particular de percibir y definir el sentido.  Al respecto, cabe aclarar que en la semántica lingüística existen tantas concepciones del sentido como teorías que pretenden describirlo.  Y para lograrlo, cada una de ellas toma el aspecto del sentido que le parece más pertinente: su valor referencial (en cuyo caso estaríamos hablando de una semántica denotativa), alguna propiedad del pensamiento que se expresa (una semántica cognitiva), una posibilidad inferencial (una semántica de tipo lógico), alguna función en la actividad de la comunicación (una semántica enunciativa) o los encadenamientos de las palabras y de las frases en el discurso (datos que son pertinentes para  la semántica de los bloques argumentativos).[3]

Por consiguiente, es absurdo pensar que una descripción semántica pueda justificarse independientemente de la teoría que la explica, ya que los datos por describir son construcciones hipotéticas y, por lo tanto, la teoría determina lo que se va a observar.  Esta situación (a la que está forzosamente condenado cualquier análisis que tenga que ver con el sentido) hace que el objetivo de una descripción semántica sólo pueda consistir en evaluar la relación que se da entre las decisiones que se toman a partir de una determinada teoría y la visión de los hechos que las diversas teorías implican.[4]
Una vez aclarada la relación que necesariamente guardan los datos observables y la teoría semántica, es oportuno especificar que el propósito de la semántica de los bloques argumentativos de Ducrot y Carel es desterrar del discurso la pretendida
descripción de la realidad,[5]  a fin de describir en términos no informativos, sino puramente argumentativos, los fenómenos de la lengua.  En esta óptica, llevar a cabo una descripción semántica consistirá en estudiar el valor argumentativo de los enunciados, entendiendo por valor argumentativo sus posibles encadenamientos discursivos.
Esta concepción de la lengua y del análisis semántico se relaciona con otra proposición teórica igualmente importante: lo que hay tras las palabras son otras palabras, no un referente, ni la realidad, ni el mundo. 
De igual manera, este punto de vista encierra una concepción polifónica del significado: en un enunciado hay una pluralidad de voces que se escuchan.  El locutor pone en escena, en el interior de su propio discurso, un diálogo entre diversos enunciadores; construye, en su discurso, el habla del otro.[6]
Aun cuando estos planteamientos teóricos resulten para algunos muy innovadores y para otros simplemente insólitos  -tanto por cuestionar que en el discurso se den razonamientos e inferencias, como por considerar que las palabras no se emplean de manera verídica sino atendiendo a la organización que imponen al discurso-, se basan en la ya muy antigua noción de valor de Saussure, es decir, en el principio según el cual  la lengua es un sistema cuyos elementos, los signos, no tienen un carácter propio, fuera de las relaciones mutuas que establecen al interior del todo.

La tesis saussuriana llevada  a la semántica de los bloques argumentativos significa, pues, considerar, en primer lugar, que el sentido debe buscarse en el interior del orden lingüístico, en las relaciones que los signos guardan entre sí, sin tomarlo como un reflejo deformado o empobrecido de la realidad preexistente,[7] y, en segundo lugar, afirmar que existe una interdependencia radical entre los diversos segmentos de un encadenamiento argumentativo.  En otras palabras, el sentido de cada segmento contiene la indicación de que es argumento o conclusión de otro segmento.
Ahora bien, esta interdependencia no es la que puede darse, en un razonamiento, entre una conclusión y sus premisas.  Tampoco se trata de una interdependencia semántica según la cual cada segmento del discurso forma parte de un mismo contexto.

Al hablar de una semántica de los bloques argumentativos sus autores consideran, como ya dije antes, que los encadenamientos argumentativos no tienen como función marcar una inferencia entre una afirmación y otra –aun cuando contengan conectores como por lo tanto o sin embargo-, porque los segmentos que aparecen como argumento y conclusión no son semánticamente independientes el uno del otro,[8] sino que conforman un sentido cuando se toman juntos en la argumentación.  Esto significa que los conectores califican una cosa o una situación por medio de un bloque semántico único: “ el por lo tanto es un medio para describir y no para probar, justificar, volver verosímil.”[9]

Para ilustrar lo anterior veamos algunos ejemplos en los que resulta difícil aplicar un análisis de tipo inferencial:

  1. Juan es un hombre extraordinario, por lo tanto le darán el Nobel de física.
  2. Juan es un hombre extraordinario, por lo tanto rechazará                               
        el Nobel de física.
  3. Aun cuando en ambos encadenamientos se relacionan dos enunciados asertivos por medio del conector por lo tanto, éstos no señalan una inferencia que vaya de una afirmación a la otra porque, para eso, sería necesario poder atribuir, a cada uno de los segmentos  que une el conector, un sentido independiente del otro segmento.

    En estos ejemplos es claro, en efecto, que cada segmento en 1. y en 2. no puede comprenderse sin tomar en cuenta que es argumento o conclusión del otro; cada afirmación contiene el conjunto del encadenamiento en el que se encuentra. El por lo tanto permite explicitar tanto la cualidad de Juan como el tipo de distinción o de reacción a la que se alude.   Así, mientras que en 1. su carácter extraordinario se relaciona con una capacidad intelectual sobresaliente, en 2., en cambio, la misma cualidad es de carácter moral.  Por lo tanto, a pesar de que parece tratarse del mismo calificativo, es decir, del mismo argumento, las conclusiones en cada caso dan un sentido diferente a este calificativo: para ganar el Nobel de física es necesario ser científicamente muy distinguido, y, para rechazarlo, tener férreas convicciones personales.

    De igual manera, las conclusiones se comprenden a partir de los dos sentidos de extraordinario en estos ejemplos.  Así, la certeza al afirmar que le concederán a Juan el Nobel de física se explica por su inteligencia y sus conocimientos reconocidos, y la seguridad de que Juan lo rechazará también responde a que se le conoce por sus principios imperturbables.  Tanto en 1. como en 2. se manifiesta, pues, un bloque semántico único: en el primer caso se trata de la capacidad intelectual que será premiada; en el segundo, del valor personal que Juan pondrá de manifiesto al rechazar el premio.  Ninguno de estos discursos puede descomponerse semánticamente, porque los ejemplos en cuestión pretenden calificar una situación en su conjunto.
    En otras palabras, los locutores de estos discursos no califican primero (y de igual manera) a una persona, para luego, a partir de una supuesta descripción objetiva, argumentar a favor de una determinada conclusión.   El sentido mismo de los argumentos en 1. y en 2. está incompleto sin tal o cual conclusión.  Pero la conclusión, a su vez, también necesita del argumento al que se articula para esclarecerse.[10]

    Por esta razón, al enunciar

  4. Juan no es un hombre extraordinario, por lo tanto le darán el Nobel de física
    aun cuando las conclusiones de 1. y de 3. sean idénticas, no tienen el mismo valor semántico.  La atribución del premio en 1. tiene que ver con el valor científico que se le reconoce a Juan y que lo hace digno de recibir uno de los galardones más prestigiados, mientras que en 3. esta atribución se relaciona con la falta de valor que el locutor atribuye a dicho premio, dado que se otorga a una persona que no es sobresaliente.  
    La decisión de considerar los encadenamientos conclusivos como la expresión de un bloque semántico que expresa un punto de vista único, concierne igualmente a discursos sin un conector explícito:
  5. Juan es extraordinario, le darán el Nobel de física.
    Por otra parte, también es posible constatar el mismo tipo de interdependencia entre las palabras  de los dos segmentos (en este caso: entre ser extraordinario y obtener el Nobel  o rechazarlo) en otro tipo de encadenamientos:
  6. Si Juan es un hombre extraordinario, seguramente le darán el Nobel de física.
  7. A Juan le darán el Nobel de física, ya que es un hombre extraordinario.
  8. Estos ejemplos ilustran, pues, cómo la argumentación no se funda en inferencias sino que se encuentra enraizada en el léxico mismo. De hecho, los encadenamientos discursivos no hacen más que desarrollar las representaciones que ya contienen las palabras.  En efecto, además de los encadenamientos que se realizan por medio de la gran diversidad de conectores que existen en las lenguas naturales (pero, además, incluso, etc.), las palabras (sustantivos, adjetivos, verbos) evocan, sugieren, en su sentido mismo, argumentaciones,[11] ya que precisamente por medio de las palabras se categoriza y se piensa.[12]
    Este tipo de descripción semántica concierne, entonces, a las llamadas palabras llenas (adjetivos, sustantivos, verbos) y, más allá de las palabras, a los enunciados, y concierne también al encadenamiento de las palabras y de los enunciados en el discurso.  Por lo tanto, esta teoría no sólo es de carácter estructural sino también enunciativo, entendiendo por enunciativa la posibilidad de que las virtualidades argumentativas que poseen y evocan las palabras y los enunciados, se sitúen en el discurso, es decir, como la continuación de un discurso anterior y como el anuncio de uno que le seguirá.[13]
    Los encadenamientos conclusivos tienen su complemento en otro tipo de discursos: aquellos que contienen encadenamientos de tipo concesivo (ya sea que se expresen por medio de locuciones adverbiales como sin embargo, o a pesar de, o de conjunciones como aun cuando o aunque).
    Veamos los siguientes ejemplos:

  9. Juan es un hombre extraordinario; sin embargo, no le darán el
         Nobel de física.
  10. Juan es un hombre extraordinario; sin embargo, no rechazará el Nobel de física.
    Aun cuando los discursos conclusivos o resultativos y los concesivos se oponen en cierta forma (es imposible asumir ambos a la vez), también poseen algo en común: tanto el locutor de 1. como el de 7. admiten que, por su capacidad intelectual y sus conocimientos científicos, Juan debería ganar el Nobel de física.  Lo mismo sucede en 2. y 8.: ambos locutores consideran que, por sus principios inquebrantables, Juan rechazaría el galardón.  Por consiguiente, los discursos en 7. y 8. expresan, respectivamente, los mismos bloques semánticos que se manifiestan en los enunciados 1. y 2.[14]  La diferencia estribaría únicamente en el aspecto bajo el cual el locutor utiliza estos discursos: en 1. y 2. los emplea bajo su aspecto normativo, mientras que en 7. y en 8. bajo el transgresivo.[15]
    Resumiendo, para esta teoría el rasgo que permite calificar un discurso como argumentativo no es una supuesta relación de justificación entre un argumento y su conclusión, sino la interdependencia que existe entre los segmentos de un encadenamiento.  A su vez, estos encadenamientos pueden ser de dos tipos: los discursos normativos (cuyos encadenamientos se realizan por medio de conectores como por lo tanto, que abreviamos PT) y los transgresivos (cuyos encadenamientos comportan conectores del tipo de sin embargo, abreviado SE).  Éstos son, para la semántica de los bloques argumentativos, los dos tipos fundamentales de argumentación. 
    Ahora bien, la asociación de una expresión y de un aspecto argumentativo (ya sea normativo o transgresivo) puede efectuarse a través de la lengua o en el discurso.  En el primer caso se hablará de una argumentación intrínseca, y, en el segundo, de una extrínseca.[16]
    Así, por ejemplo, la lengua asocia intrínsecamente el adjetivo medroso, con los aspectos argumentativos peligro PT miedo, responsabilidad PT miedo, imprevisto PT miedo.[17]  Por definición, una persona medrosa es la que reacciona con temor ante cualquier situación de peligro, cualquier responsabilidad o, en general, ante cualquier acontecimiento imprevisto.  Aquí se dirá que los aspectos argumentativos peligro PT miedo, responsabilidad PT miedo, imprevisto PT miedo son intrínsecos a la expresión que definen; pero, además, estos aspectos son internos[18] al sentido de la expresión en cuestión. 
    Por otra parte, la lengua también asocia el adjetivo medroso a discursos como 9. y 10.:
  11. Jaime es un medroso; por lo tanto, no aceptaría la dirección de la compañía.
  12. Jaime es un medroso; sin embargo, te defendería en un asalto.
  13.  En estos casos se dirá que los aspectos argumentativos medroso PT NO-aceptación de un cargo y medroso SE defensa son también intrínsecos, pero externos,[19] de medroso.
    En cambio, en otras ocasiones, la semántica de una palabra puede no estar en relación con el encadenamiento en el que se encuentra:

  14. Jaime es un medroso; por lo tanto, buscará a Pedro mañana.  
    En este caso se hablará de la continuación extrínseca que puede tener una expresión en el discurso. 
    La semántica de los bloques argumentativos considera que la posibilidad de un encadenamiento extrínseco, bajo el aspecto normativo, permite, a la vez, que se dé el mismo encadenamiento bajo el aspecto transgresivo:
  15. Jaime es un medroso; sin embargo, buscará a Pedro mañana.
    En el caso de los encadenamientos intrínsecos, en cambio, la correspondencia entre el aspecto normativo y el transgresivo sólo es posible cuando a la transformación con SIN EMBARGO le sigue una negación (o, en el caso inverso, cuando se trata de un POR LO TANTO negativo, la transformación necesita de un SIN EMBARGO positivo).  Así, el correspondiente de 9. sería 13:
  16. Jaime es un medroso; sin embargo, aceptaría la dirección de la compañía.
    Si, en cambio, no hay inversión de lo positivo en negativo, el encadenamiento opuesto a un encadenamiento intrínseco da como resultado un discurso paradójico.  En este caso, 14. y 15. se oponen, respectivamente, a 9. y a 10.:
  17. Jaime es un medroso; sin embargo, no aceptaría la dirección de la compañía.
  18. Jaime es un medroso; por lo tanto, te defendería en un asalto.

Llegados a este punto cabe preguntarse: ¿qué propósito se puede perseguir al elaborar una teoría semántico argumentativa?  El físico francés Pierre Duhem afirmaba que los hechos de hoy se construyeron con las teorías de ayer.  Para Ducrot esto es igualmente cierto en lo que concierne a los hechos lingüísticos.  En efecto, la lengua actual se observa a través de las teorías de antaño y “aquel que construye una teoría espera que ésta permita un día construir nuevos hechos –es decir, …introducir un nuevo sesgo en la observación, cambiar la percepción misma que se tiene del habla, llamar la atención sobre aspectos hasta entonces imperceptibles”. Y al relacionar las teorías con los hechos que pretenden explicar, se modifica automáticamente la manera de vivir y de percibir la lengua, lo que demuestra que la actividad metalingüística no es exterior a la lengua misma.[20]
Una ilustración de lo anterior es la posibilidad que abre la semántica de los bloques argumentativos a una explicación de expresiones, enunciados y discursos cuyo sentido resulta, en cierta forma, opuesto  a lo que podría esperarse (que más arriba llamamos paradójico) y que se puede encontrar -y, de hecho, a menudo se encuentra- en el discurso.
En efecto, dado que un discurso puede continuar de cualquier manera, ya sea predecible o inimaginable, es necesario lograr explicar, dentro de la semántica de los bloques argumentativos, la existencia del discurso paradójico (y no sólo tildarlo de anormal anteponiéndole un asterisco), y mostrar que posee características lingüísticas propias que lo distinguen de los discursos no paradójicos.[21]
Estos casos se corresponden con uno de los problemas a los que cotidianamente se enfrenta cualquier descripción  lingüística y, en particular, semántica: el de los contraejemplos, los cuales, cuando no es posible explicarlos en el interior de la teoría misma, restan validez a la descripción. 
Concretamente, si no es posible explicar el funcionamiento de los encadenamientos paradójicos, tampoco se podría sustentar la noción de encadenamiento intrínseco, es decir, la idea  de que ciertas expresiones de la lengua poseen una argumentación intrínseca. 
Ahora bien, como es de esperarse, esta explicación debe coincidir con los lineamientos teóricos arriba expuestos, por lo que una definición retórica, y por lo tanto no discursiva (en el sentido que aquí se define), resultaría incongruente (ya que en esa perspectiva se hablaría de ideas o de creencias opuestas o contrarias a las comunes o a las socialmente aceptadas).  Así, desde un punto de vista retórico, la paradoja es una “figura de pensamiento que altera la lógica de la expresión pues aproxima dos ideas opuestas y en apariencia irreconciliables, que manifestarían un absurdo si se tomaran al pie de la letra –razón por la que los franceses suelen describirla como ‘opinión contraria a la opinión’- pero que contienen una profunda y sorprendente coherencia en su sentido figurado”.[22]
En una perspectiva discursiva, en cambio, para distinguir las expresiones paradójicas de las que no lo son, primero es necesario definir la noción de encadenamiento lingüísticamente “dóxico”,[23] y contraponerle la de encadenamiento lingüísticamente paradójico.  Se considerará que un encadenamiento E es lingüísticamente dóxico (LD) si el aspecto al que pertenece (ya sea normativo o transgresivo) está ya inscrito en la significación intrínseca de uno de los segmentos de E.[24]
Así, por ejemplo, 9. es LD porque, como ya vimos, el aspecto medroso PT NO-aceptación de un cargo está  inscrito en la significación de Jaime es un medroso: alguien de naturaleza temerosa no toma a su cargo un puesto de responsabilidad.  En cambio, 14. es lingüísticamente paradójico (LP) porque el aspecto medroso SE NO-aceptación de un cargo no es intrínseco a Jaime es un medroso.
Sistematizando lo anterior, es posible proponer un criterio para reconocer un encadenamiento lingüísticamente paradójico.  Consideraremos “a con b” como un encadenamiento formado de un primer segmento a y de un segundo segmento b, y “a con’ b” como el encadenamiento resultado de la inversión del conector.
Para que un encadenamiento “a con b” sea lingüísticamente paradójico es necesario que “a con b” no sea LD y que “a con’ b” sea LD.[25]
Veamos el discurso 15:
15. Jaime es un medroso; por lo tanto, te defendería en un asalto.
En primer lugar, 15. no es LD ya que medroso PT defensa no está inscrito en la significación de Jaime es un medroso.  Por otra parte, el discurso 10:
10. Jaime es un medroso; sin embargo, te defendería en un asalto
resultado de la inversión del conector, es LD, por lo que 15. corresponde a un encadenamiento lingüísticamente paradójico.
Una vez definida la noción de encadenamiento paradójico, y con el fin de oponerse a la actitud que simplemente lo consideraría como “lingüísticamente inaceptable” o “incoherente”, es necesario hacer hincapié en el sentido que puede tener un discurso paradójico. 
Entre los rasgos que distinguen las palabras,[26] enunciados o  discursos paradójicos está su carácter polifónico, es decir, el hecho de que evocan implícitamente el discurso dóxico al cual se substituyen.  Así,  para contradecir que una persona medrosa no aceptaría un cargo de responsabilidad, el discurso16. alude implícitamente a este hecho:
16. Jaime es un medroso; por lo tanto, aceptaría la dirección de la compañía. 
Esto en cambio no sucede en el caso de los discursos dóxicos, los cuales no evocan los discursos paradójicos subyacentes.[27]
La presencia muy frecuente de los encadenamientos paradójicos en el discurso es una muestra de la necesidad que tiene el hombre de cuestionar el sentido de las palabras y, con éste, las creencias o las instituciones sociales.[28]  Un ejemplo de esa necesidad sería la afirmación de Oscar Wilde, citada como epígrafe de este trabajo, en la que presenta una paradoja que, de hecho, no sólo aboga por las tesis que aquí se defienden,[29] sino que, además, ilustra esta idea contestataria, característica del discurso paradójico: “lo único real en la realidad de las cosas es su apariencia” (discurso al que, de acuerdo con la descripción anterior, correspondería el aspecto real  por lo tanto aparente).[30]

Al mismo tiempo, los encadenamientos paradójicos también ilustran la manera como se puede contribuir al enriquecimiento semántico de la lengua.  Así, cuando Wilde vuelve a afirmar:
…life is much too important a thing ever to talk seriously about it[31]
el aspecto muy importante por lo tanto NO-serio constituye un nuevo bloque argumentativo que se añade a los bloques en los que aparecen estas expresiones (por ejemplo, importancia / reflexión, importancia / interés, seriedad / virtud, seriedad / sensatez, etc.), lo que da lugar a nuevos discursos en los que las palabras “se transforman espectacularmente”. Lo extraordinario de este procedimiento es que, para construir nuevos bloques argumentativos, se empieza por “echar abajo” los anteriores.[32]
En algunas ocasiones, el discurso paradójico puede dejar de serlo debido al contexto que le sigue.  Por ejemplo, veamos el siguiente discurso  en el que nuevamente habla  Wilde: 
Beauty has as many meanings as man has moods.  Beauty is the symbol of symbols.  Beauty reveals everything, because it expresses nothing.  When it shows us itself, it shows us the whole fiery-coloured world.[33]
Aquí, el aspecto no expresar nada por lo tanto revelarlo todo[34] corresponde a un discurso paradójico.  Esta paradoja se aclara, sin embargo, enseguida, por lo que se trata sólo de una pseudoparadoja.  Así, la relación original a PT c (no expresar nada por lo tanto revelarlo todo) se modifica y, por el contexto, da lugar al  análisis b PT (a SE c): al mostrarse ante nosotros, la belleza nos muestra el mundo entero en sus ardientes colores (=b), por lo tanto [la belleza no expresa nada (=a) y sin embargo lo revela todo (=c)].[35]   
Volviendo al objetivo que puede perseguir una teoría semántica, el hecho de considerar el discurso como la expresión de bloques argumentativos en los que se manifiesta la cristalización del sentido de las palabras,  abre muchas perspectivas nuevas para el análisis semántico.  Pero, además, permite tener una concepción diferente de la lengua: ésta ya no se revela como un instrumento de comunicación  transparente y objetivo: su fuerza persuasiva no estriba en demostrar y justificar por medio de inferencias, sino que más bien es un medio que permite “engañar”, “imponer”, “dominar” con pseudodemostraciones que, como dice Barthes,[36] aparecen siempre bajo dos formas: a través del autoritarismo de la aserción y del gregarismo de la repetición.
De ahí la función del discurso paradójico, el cual, en tanto que  procedimiento lingüístico que cuestiona y se rebela contra los bloques argumentativos existentes y, a la vez, en su calidad de fuente de creación semántica de nuevos bloques argumentativos, es un medio para contrarrestar o paliar las maniobras veladas de la lengua.


REFERENCIAS

BARTHES, R.
1978: Lecon inaugurale. Lección inaugural de la Cátedra de Semio-
          logía del Colegio de Francia, pronunciada el 7 de enero de
          1977.  París, Seuil.

BERISTÁIN, H.
1997: Diccionario de Retórica y Poética, México, Ed. Porrúa, 8ª ed.
CAREL, M.
1994:  “L’argumentation dans le discours: argumenter n’est pas justifier”,
             Langage et société, París, Maison des sciences del’homme, No. 70, diciembre,
              pp 61-81.     
1995: “Pourtant: argumentation by exception”, Journal of Pragmatics,
           Amsterdam, North-Holland, Vol. 24, Nos. ½, julio, pp 167-188.

CAREL, M., DUCROT, O.
1999: “Le problème du paradoxe dans une sémantique argumentative”
           Langue Francaise, París, Larousse, No. 123.

CROWTHER, J. (ed.)
1998: Oxford Advanced Learner’s Dictionary of Current English,
           Inglaterra, Oxford University Press.

DUCROT, O.
1989:  Logique, structure, énonciation.  Lectures sur le langage, París,
           Minuit.
1995:  “Pour une description non-véritative du langage”, Linguistics
            in the morning calm 3.  Selected Papers from SICOL-1992,
            Seúl, Hanshin Publishing Company, pp 45-57.
1997: “Une sémantique énonciative peut-elle être structurale?”,
           Coloquio de San Marín para el Centenario de la       
           publicación del Ensayo de Semántica de Michel Bréal, en   
           prensa.
1998:  “Sobre la argumentación como medio de persuasión”, Primer
            Congreso Internacional de Retórica en México.  El Horizonte
            Interdisciplinario de la Retórica, en prensa.

DUCROT, O. et al.
1980:  Les mots du discours, París, Minuit.
PUIG, L.
2000:  La realidad ausente.  Teoría y análisis polifónicos de la
           argumentación, México, UNAM.

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
1994: Diccionario de la lengua española, Madrid, Espasa Calpe.

WILDE, O.
1969: VERA or THE NIHILISTS.  A drama in a Prologue, and Four
           Acts.  Complete Works of Oscar Wilde, Introd. de Vyvyan
           Holland, Londres, Collins, pp 647-688.
1969: The Critic as artist.  Complete Works of Oscar Wilde, Introd. de
           Vyvyan Holland, Londres, Collins, pp 1009-1059.

 

-“Los implícitos discursivos: un enfoque retórico, Acta Poetica , 14-15, México, UNAM, 1993-1994, pp. 217-234.
- Discurso y argumentación: un análisis semántico y pragmático , México, UNAM, 1991.
- La estructura del relato y los conceptos de actante y función , 1ª ed. México, UNAM, 1978, 2ª ed. México, LIMUSA-UNAM, 1990.

* Acta Poetica 21, México, Seminario de Poética, Instituto de Investigaciones Filológicas, UNAM, 2000, pp 381-398

* La autora de este trabajo es Doctora en Lingüística, 1981, Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales, París. Su tesis: “Discours et argumentation. Une analyse de deux débats politiques au Mexique“, publicada. Es Licenciada en Lengua y Literatura Modernas (Letras Francesas), 1976, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, tesis: “El análisis estructural del relato…”, publicada. Investigadora del Instituto de Investigaciones Filológicas, UNAM.  Miembro fundador del Seminario de Poética del I.I.FL.  Profesora de Teoría de la argumentación, desde una perspectiva lingüística, Licenciatura en Letras Hispánicas y Posgrado en Lingüística, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM. Sus investigaciones se centran principalmente en torno a la lingüística, la semántica, la pragmática, la argumentación y la retórica. Actualmente trabaja en torno a las relaciones que pueden establecerse entre la lingüística y la retórica.

ALGUNAS PUBLICACIONES

-“Polifonía lingüística y polifonía narrativa”, Acta Poetica 25-2, México UNAM, 2004.
-“Lingüística y argumentación: algunos hitos que han marcado este vínculo”, en: Encomio de Helena. Homenaje a Helena Beristáin, T.Bubnova y L. Puig (editoras), México, IIFL, UNAM, 2004.
-“Análisis argumentativo de algunas expresiones populares del español en México” en: H. Beristáin, comp., El abismo del lenguaje , México, UNAM, 2002.
- La realidad ausente. Teoría y análisis polifónicos de la argumentación , México, UNAM, 2000.
- Discurso y argumentación: un análisis semántico y pragmático , México, UNAM, 1991.
- La estructura del relato y los conceptos de actante y función , 1ª ed. México, UNAM, 1978, 2ª ed. México, LIMUSA-UNAM, 1990.

* * * * * *

** Seminario de Poética, I.I.FL., UNAM.

[1] Para un análisis del desarrollo y de la evolución de esta teoría cf.: L. Puig, 2000.

[2] O. Ducrot, 1998.

[3] O. Ducrot, 1997.

[4] O. Ducrot, 1980: p 23 y s.

[5] En otras palabras, esta teoría se opone a una semántica “veritativa” o “denotativa”, la cual considera que el significado de una palabra equivale a las condiciones a las que un objeto debe satisfacer para poder ser designado por esa palabra y, a nivel de la frase, el significado corresponde a las relaciones que deben guardar los objetos que designan las palabras de esa frase para que ésta pueda considerarse verdadera.  O. Ducrot, 1997.

[6] Ejemplos de análisis polifónicos se pueden encontrar en: O. Ducrot et al., 1980, O. Ducrot, 1995, L. Puig, 2000.

[7] O. Ducrot, 1997.

[8] En una inferencia, en cambio, se admite una proposición en virtud de su relación con otras proposiciones consideradas de antemano como verdaderas.

[9] O. Ducrot, 1998.

[10] M. Carel, 1994: p 69.
   M. Carel, O. Ducrot, 1999: p 10.

[11] Así, en uno de los sentidos del calificativo extraordinario, por ejemplo, al decir, Juan es un hombre extraordinario, se condensan argumentaciones del tipo: “Esta acción es casi  imposible de realizar, sin embargo Juan logrará llevarla  a cabo.”

[12] M. Carel, 1994: p 66 y 80.

[13] O. Ducrot, 1997.

[14] La oposición entre bloques semánticos es patente, en cambio, al comparar, respectivamente, 1. y 2., con los dos siguientes ejemplos:
      a. Juan es un hombre extraordinario;  por lo tanto, no le darán el Nobel de física.
      b. Juan es un hombre extraordinario; por lo tanto, no rechazará el Nobel de física.

[15] M. Carel, 1995: p 178.

[16] M. Carel, O. Ducrot, 1999: p 15.

[17] El adjetivo medroso podría asociarse a otros aspectos además de los ya mencionados.  En efecto, el análisis a partir de los encadenamientos intrínsecos permite que se manifieste toda la capacidad argumentativa de las palabras  y expresiones de la lengua.  

[18] Cf. infra, la nota siguiente.

[19] Además de la distinción intrínseco / extrínseco, la semántica de los bloques argumentativos distingue dos maneras en las que una argumentación puede asociarse a una expresión.  Cuando la expresión que se estudia figura en uno de los encadenamientos del aspecto argumentativo al que se asocia, se dirá que este aspecto pertenece a la argumentación externa de dicha expresión; en caso contrario, se dirá que dicho aspecto proviene de su argumentación interna.  Ibidem: p 13.

[20] O. Ducrot, 1989: p 5-7.

[21] Un estudio sistemático de las características lingüísticas que posee el discurso paradójico  rebasaría los límites del presente artículo, por lo que nos limitaremos solamente a esbozarlas.

[22] H. Beristáin, 1997: p 387.

[23] La elección de este apelativo responde a una necesidad de orden fonológico: poder contraponerlo a la noción de encadenamiento lingüísticamente paradójico, pero, además, este término alude a la “dóxa”, es decir, al universo de la “opinión” de la retórica clásica y, por consiguiente, aquí  resulta pertinente .  Ducrot y Carel utilizan en francés los términos “enchaînement linguistiquement doxal” y “enchaînement linguistiquement paradoxal”.

[24] M. Carel, O. Ducrot, 1999: p 16.

[25] Idem: p 17.

[26] Como ejemplo de una palabra paradójica, Ducrot menciona el adjetivo en francés masochiste (en español, masoquista), el cual comporta, en su argumentación interna intrínseca, el aspecto sufrimiento PT satisfacción.  M. Carel, O. Ducrot, 1999: p 23.

[27] O. Ducrot, 1997.

[28] M. Carel, O. Ducrot, 1999: p 19.

[29] En efecto, en este trabajo se sostiene que, aun cuando el discurso contenga razonamientos, éstos no tienen como función justificar nada y, por lo mismo, su carácter “inferencial” es ilusorio.   

[30] Ahora bien, al hablar de la apariencia de algo, se puede uno referir tanto a su “aspecto exterior”, como a “una cosa que parece y no es” (Diccionario de la Lengua Española).  En inglés el sustantivo appearance también posee estos dos sentidos “the outward form somebody or something has” y “what somebody or something appears to be though in fact they may not be” (Oxford Advanced Learner’s Dictionary of Current English).  Por consiguiente, el juego de ambos sentidos viene a ser la justificación ad hoc para la tesis de la semántica de los bloques argumentativos.

[31] “…la vida es una cosa demasiado importante como para jamás hablar seriamente sobre ella”. O. Wilde, 1969: p 665.

[32] M. Carel, O. Ducrot, 1999: p 20.

[33] “La belleza tiene tantos sentidos como el hombre temperamentos. La belleza es el símbolo de los símbolos.  La belleza revela todo porque no expresa nada.  Cuando se nos muestra, nos muestra el mundo entero de ardientes colores”. O. Wilde, 1969: p 1030.

[34] Es necesario recordar que, para la semántica de los bloques argumentativos, los encadenamientos por medio de conectores como ya que o porque, aun cuando evidentemente no son equivalentes a por lo tanto, establecen la misma interdependencia entre los grupos de palabras que encadenan, por lo que forman parte del aspecto a PT b.  M.Carel, O. Ducrot, 1999: p 11.

[35] M. Carel, O. Ducrot, 1999: p 25.

[36] R. Barthes, 1978: p 10 y s.

arriba

 

John Argerich

El amasijo
GAJES DEL OFICIO CELESTIAL
(Donde se habla de pajarracos y oración)


Por John Argerich

El barrio de Pepparberg enorgullece a mi ciudad. Limpito, con bellos edificios y jardines floridos. Con el pasto siempre bien cortado, sin un papel en el suelo, ni vendedores ambulantes golpeando a la puerta, para ofrecer porquerías. “Una monada de lugar para vivir”, dicen las señoras gordas. Y uno está cómodo, porque hay cuanto reclama el buen pasar. Correo, supermercado, banco, juegos infantiles, más un largo etcétera. Que incluye gimnasio, salón de belleza y dos tiendas bien surtidas.
Hasta tenemos iglesia pentecostal y pajarería, de donde salieron los actores principales de este drama. Una historia de religión y loros, como anticipa nuestro acápite. Dicho lo cual, presentaremos los personajes del drama. Uno es el pastor Svensson, fiel siervo de Dios. El otro, Perico, rara avis sudamericana color de la esperanza. Chaqueña o santafesina, para precisar mejor, que un día dejó las costas del Paraná para emigrar al Kattegatt. Y sospechosa, como todo lo que venga de ultramar. Además está la sueca Gudrun Andersson, gordita, peinando canas, pero aun empeñada en hallar su gran amor. Como telón de fondo, una feligresía cuya mescolanza no debe sorprendernos, porque con  lo que cuesta ir al centro, todo bicho que camina pasea por Pepparberg.
-Me llevo el pajarito -dijo la dama de referencia, quien por falta de pareja dedicaba sus largas noches a rezar.
Y como es sabido, los loros repiten cuanto ecuchan.
-Padre nuestro, que estás en los cielos... -decía ella con espasmos místicos, mientras por sus entrañas iba la procesión.
Y relataba sus cuitas al Altísimo, implorando siempre igual merced.
-¡Mándeme un viejito pintón y con guita, capaz de consolar mi soledad, Señor!
El loro, por más inteligencia y discreción que le hubiera atribuído el veterinario, no era capaz de grandes sutilezas. Pero debe haberse barruntado cómo funcionaban las influencias celestiales. Porque a la semana de llegar a su nuevo domicilio, repetía con fanatismo esa plegaria. Al principio cada hora, luego cada media hora, hasta que por fin sus oraciones se convirtieron en un torrente verbal imnposible de parar.
-Padre nuestro, que estás en los cielos...
Acompañaba sus rezos con profusos ademanes, para agregar finalmente un mensaje en voz baja. Algo que pusiera la nota personal al repertorio, evitando el anonimato. Porque, como bien sabemos, los creyentes rezan diciendo siempre los mismo. Como para hacerlo dormir de aburrimiento al de arriba.
-¡Dale, che...! -rompía la rutina el loro.
Estaban en pleno mayo. Y siendo primavera, la señora Andersson acostumbraba poner su loro en el balcón, para premiar tanta virtud. De más está decir que Perico retozaba bajo un rayito de sol, recordando su niñez. Al rato ella volvía del mercado, trayéndole siempre alguna lechuga, galletitas o vitaminas. ¡Perejil jamás, por si fuera cierto lo que dicen! Y él los recibía contento, para volver sin demora a su actividad habitual.
-Padre nuestro, que estás en los cielos... -oraba con pegajosa convicción, que se hubiera dicho humana, de no ser por las plumas.
Y un buen día el pastor Svensson pasó delante de la casa, en su ronda vespertina. Vestido de sport, con el cuello blanco que exhibe su carácter de guía espiritual. Satisfecho, tras visitar enfermos y gente necesitada de un consejo. Ocasión siempre apta para recoger donativos, que favorecen el cuidado de las almas. Pues la oración solvente predispone con ventaja los oídos del Señor 
-¡Qué maravilla! -exclamó, al escuchar los rezos e imploraciones provenientes del balcón donde retozaba Perico.
Una experiencia inédita, en este mundo impío. Y siendo hombre práctico, como todos los suecos, enseguida halló utilidad a tal cuadro situacional. ¡Sería lindo tener ese lorito en la iglesia, para que los paseantes oyeran un murmullo constante de oración! Lo cual contribuiría a crear el aire de santidad, necesario para inspirar las virtudes parroquiales. Tocó el timbre, y apareció la señora Anderson, doña Gudrun, en familia, recibiéndolo con una sonrisa satisfecha. Frente a lo cual el pastor comprendió que era preciso ir rápidamente al grano, para aprovechar el factor sorpresa. Hombre de visión, cuando ejercía su apostolado,
-Bienvenido, pastor Svensson -dijo ella.
-Bienvenido, pastor Svensson -repitió el loro, y después se puso a rezar.
La mirada del visitante se posó en esa maravilla.
-¡Se lo compro, señora! -dijo señalando a Perico, sin otro comentario que quitara dramatismo a su oferta.
Pero la viuda estaba enamorada del lorito, y contestó que no. Entonces el pastor tuvo otra de las ideas geniales que le permitieron hacer carrera. O sea salirse con la suya, dejando a todos convencidos de que habían hecho buen negocio. En el caso de marras, algo tan sencillo como el huevo de Colón. Comprar otro loro y meterlo en la jaula con Perico, para que de tanto oírlo, también aprendiera a rezar.
-¿Acepta el trato, señora?
Después de pensarlo un instante, la viejita miró al loro, viéndolo bien predispuesto. ¡Qué bueno, haber hallado una forma cómoda de anotarse puntos en el ranking del más allá! Lo demás, fue cuestión de trámite.
-¡Suerte, Filiberto! -deseó el ministro a su flamante adquisición- Vendré a visitarte dentro de un mes, para ver  qué has aprendido.
-¡Chau, jefe!
Pero las cosas rara vez son como parecen , y si vamos a ser francos, en la mirada de ese loro había un destello extraño.
-Dios los bendiga -despidióse con una sonrisa el buen pastor.
Y con tanto trabajo, las semanas pasaron volando. Casamientos, bautizos, entierros, sermones, ¡qué sé yo!.
-¡Hoy es el día convenido! -recordó de pronto Svensson, al mirar un calendario que colgaba en la cocina de la iglesia.
Esa tarde, luego de cumplir con la tarea programada, puso rumbo a lo de la señora Andersson. E iba preparando frases inspiradas, para impresionarla. Siempre con alguna cita bíblica, de esas que ponen sal a la amable plática. Pero estaba escrito que ese día fuera distinto. Y no bien ella abrió la puerta, el pastor se sorprendió. Gudrun tenía un tic nervioso, y los ojos enrojecidos de tanto llorar.
-¿Qué ocurre, doña?
-¡Apenas puedo soportar esta desgracia! -dijo ella- Mi lorito ha dejado las oraciones, y ahora sólo grita cosas que dan vergüenza... ¡Tuve que sacarlo del balcón para que los vecinos no oyeran sus blasfemias, señor!
Aquel santo varón se quedó mudo de asombro. Y considerando lo ocurrido, rascóse un rato la pensadora. Después, como era hombre práctico, dijo:
-Hay que preguntarle al loro.
Dicho y hecho. Desde el zaguán se veía la jaula, arrinconada en lo profundo de un cuarto oscuro. Para que los pajarracos durmieran, así estaban callados. Svensson se acercó sigilosamente. Con ánimo de interrogar a Perico, pero sin darle tiempo para que inventara excusas.
-¡A vos te hablo, atorrante! ¿Querés explicarme tu cambio de actitud? -dijo.
El aludido abrió los ojos, mirándolo de costado. Luego hizo un gesto, como queriendo desentenderse de aquella situación. Más callado que conejo en escabeche.
-¡Hablá de una vez!
Pero nada. Entonces el ministro puso cara de viernes santo. Y ya estaba por meter una mano en la jaula, cuando Perico empezó a gritar.
-¡Pará, pará que te cuento, pará...!
Hubo segundos de suspenso, que el lorito aprovechó para recuperar la calma. Luego dijo:
-¿Y qué querés, papafrita? Yo le rezaba a Dios pidiéndole una lora... ¡Y vos me trajiste un loro hinchapelotas, que quiere hacerme testigo de Jehová!
-¡Eso es competencia desleal! -repuso indignado, don Svensson.
El quintacolumnista de Filiberto miraba al techo.
-¡Krach, karach, krach! -dijo, por todo comentario.
“¡Ya no se puede confiar en nadie!”, pensó el pastor.
Después, cayó el telón. La vida es así.

THE END

Copyright: John Argerich, 2005
johnargerich@malmo2.net
All rights reserved

 

separador

 

Angela Teresa Grigera

  ÉL
(Para Ernesto, que me dio  lo mejor de su vida: El amor)



Por Angela Teresa Grigera *

Él
él llena todos los vacíos
cubre de luz las sombras de la nada.

Él
luchador  incansable
ave fénix que se eleva desde las cenizas
para atrapar la esencia de la vida misma.

Yo
yo solo soy en sus manos
una pluma que vuela a través de sus sueños.

 


arriba

 

David Orozco

El Día de la Cólera
                (Dies Iriae)*

                                            A: Feza Civelek

Por David Orozco

Un día,
en que tal vez ni me recuerdes
de mi impetuosa mano
te daré a conocer la muerte.

Seré la sombra que  en el día te siga,
la oscuridad en la noche te aseche,
seré la fiera sigilosa
que te ronde mientras duermes.

Pues has sido tú,
en la ignominia de tus actos
quien se ha condenado a ser mi víctima
y me ha condenado a ser tu victimario.

Sediento están mis labios de tu sangre,
mi orgullo ansioso de tu escarnio,
hambrientas de tus carnes, mis fauces
y mis oídos, ávidos de tus baladros.

Seré el más mortífero veneno,
el más certero balazo,
el  más inclemente flagelo,
y el vengador más despiadado.

A tu muerte…
volverán a estar tranquilos los cielos
volverá  la paz  a los  santos
y aunque la balanza de la justicia
vuelva a su equilibrio sacro;
nada consolará mi pena
nada acallará mi llanto
pues no tienes sangre en el cuerpo
para lavar tu pecado.

Vivirás a expensas de mis gracias
a tus vilezas, dadas
pero que llegará el día
en que tu deuda deberá ser saldada.

Seré más raudo que la vejez,
más letal que la enfermedad,
más implacable que la muerte
que tarde te vendrá a buscar.
Entonces,
hallará tu cuerpo sin vida
al umbral de mi  rencor
al lecho de mi enemistad
y siempre se recordará:

            -Que bajo mis manos,
              por vez última, osaste respirar.

Te mataré,
vive con la certeza que lo haré
pues no cifraré esfuerzo,
hasta poner tu cabeza
a la altura de tus pies.

           Estambul,  El dia de la deshonra.

*Dies Iriae: Son las palabras de apertura de una de las letanías del antiguo testamento cantada a los difuntos.

 

 

Freya Hodar Nistal

  CUATRO TESTIMONIOS

 

Por Freya Hodar Nistal

(PREMONICIONES)

ILUSIONES

Una hoguera de luz centelleante
fue abrigando en sus ojos
una tibia esperanza.
La ilusión de la clara y mansa aurora
iba reconfortando
la idea de un buen día.
El alma comprimida,
desataba su honor
rendida al buen calor,
de la hoguera encendida.
El valor recobró su poderío
y sintió el cuerpo erguido,
la fuerza de vencer
el dolor y el castigo
de ese triste recuerdo.
El día le tendió la mano amiga
vislumbrando la paz
del pensamiento herido,
le hizo entrega de un sol pleno de alivio.

(Freya)
12 de Noviembre, 2005

 

MI ADVERSARIO

Tengo la imaginación
para enfrentar mi adversario
porque voy sintiendo a diario
como mina toda acción,
y aunque haya rebelión,
la enfermedad es dolor
yo la ignoro por temor.
Si me gana la batalla
ya no tendré pantalla
al llorar penas de amor.

(Freya)
12 de Noviembre 2005

 

Este poema lo escribí el domingo 13 a las 16:30 de la tarde. El infarto me dió cerca de las 18…

INMORTAL


Reverencio al destino
fuego, pasión y vida,
sobrios adornos del ego,
inspirador del amor.
Amada y consentida
de su sabor fui presa
y me dejé envolver por su mentira.
Hoy por una promesa clamo,
ese “ nunca ” no existió.
Su magistral revés
dejó sin el auspicio
al destino y su sueño:
“la permanencia inmortal del amor”.

(Freya)
12 de Noviembre, 2005

 

(El después)

INCONCLUSO

Sonrío con gran descaro
a la fatalidad puesta
al camino con la cuesta
donde subo sin desgarro
y día tras día amarro
a la basura el dolor
para no sentir su olor.
Voy buscando soluciones
sin expresar emociones.
Vivo sintiendo temor…

(Freya)
13 de Noviembre 2005

 

Livia Díaz

TRES POEMAS

Por Livia Díaz*


VIEJO LOBO

...de ese norte del que llegan tus versos
horizontales se pararon mis teclas
y cada una en letras de otro
pacientemente espera...

 

POEMA COMPÁS

Invoco todos los besos que me diste
la paz que atravesaba la tierra
mientras la noche nos citaba a oscuras
invoco el compás al que suspira
tu corazón y el mío si nos habla
desde el crisol de nuestra voz interna
en fe
y en sol
en esta hora de sueños
sin regreso.

 

MODUS OPERANDI

De jueves a martes
tu ausencia es la misma
pero el silencio es otro.

*Livia Díaz. Su trayectoria como escritora en el ambiente del periodismo, la poesía y la narrativa data de 1984. Ha participado en Encuentro de Mujeres Poetas en Oaxaca; Congreso Internacional de Metapoesía en República Dominicana. Es miembro y co-Fundadora de la Red Nacional de Periodistas; del Portal Internacional de Artistas “Microclim”; del Movimiento Internacional de Metapoesía; y del Movimiento de Omnipoesía.

CORREO: LAPOESIANOSEVENDE@GMAIL.COM

 

 

Jaro Godoy

La lluvia en nuestros ojos: la última zamba de José Ríos

Salta, 22 de septiembre de 1923.
Salta, 05 de Noviembre de 2004.

Por Jaro Godoy*

                                                  “Yo no dudo de ti pero de lo que dudo                     
                                                     es de mi vacilante pensamiento, del
                                                       ilusorio perfeccionamiento del
                                                         troglodita...algún día, Señor,
                                                            cansado y triste como asno
                                                                remolón junto a la senda me he
                                                                   de echar con la carga que me
                                                                     diste”.  Juan C. Dávalos.

 

Como no iba a enamorarse esa noche, la dama era irresistible a sus ojos de poeta, quiso regarle uno de sus mejores versos, ingrata como poco eso a ella no le alcanzaba, también quería llevarse su alma.

Y se lo llevó cuando caía la noche, para escuchar de sus labios aquellos versos que solo él podía decirle al oído.

Se marchaba el poeta por un camino de ensueños poblado de flores y una copla en sus labios, arriba esperaban tantos amigos que la cita era irresistible, ardían las iniciales de un poema por amanecer.

Supo de ruiseñores y de vuelos en alas de una canción, compositor de zambas, chacareras, milongas de vino y misterios, esos que la noche solo revela a sus elegidos, elegido nacido en la buena tierra de Salta a la que tanto amó y cantó.

Hijo ilustre de don Juanca, custodio oficial de las musas de aquellos grandes amigos como Don Manuel o Jaime, de aquella iluminación fueron naciendo los recuerdos imborrables que tu pueblo hoy lleva como tatuaje indeleble en el alma,
“La Felipe Varela,” “El Pajarito Velarde,” “Zamba del Carpintero”, y aquellas que adornan las carpas de tu salta querida, y cada corazón Salteño que extraña aquella manera especial de nunca tutear a la amistad.
 “A lo que vuestra merced, Señor gobernador, me pregunta de los poetas, no le sabré responder, hay tantos que quitan el sol...”

También vos nos quitaste el sol de tus versos, la calidez de tu vino amigo, aquella mirada que nos enseñaba de respeto y poesía,
aquella lírica que como un río fresco llego a nuestras vidas y a la cultura popular para enriquecernos con tan generosa mirada sobre tu pueblo siempre postergado porque al final que es un poeta que no mira preocupado a su gente sino solo un eco en la nada,

Como decía don Raúl Araoz Anzoategui:“Es notorio que son los tres o cuatro talentos de una generación los que hacen el gasto y del resto que se encarguen los críticos...”.

Gastaste toda la fortuna que te dio la vida y la repartiste generoso entre nosotros, esta generación que gracias a tu herencia podrá seguir manteniendo tu figura y enseñanzas como estandartes para una nueva lectura del pueblo y sus necesidades.

La noche vestía sus mejores galas mientras las estrellas se incendiaban en un lento ritual, ardía un poema en el pecho del silencio,
mientras José Ríos baila su ultima zamba sobre la tierra pródiga que abre su tímido corazón para recibir al poeta  de triste mirada y alegres
versos.

Se apaga la luz de un farol en el pasaje Castro el carpintero de palabras sale a pasear con sus versos, se va al encuentro de tantos amigos que ya los extrañan, aquel Julio Espinosa, aquel “Cuchi” Leguizamon, aquel “Don Juanca” o el “Barba”, tantos que no se podrían contar, ya tienen la música faltan tus metáforas, llenas de duendes, grillos y ese olor a tierra de alpargatas de fiesta. 

“Cuando José Ríos se declara en  zambas y del piano del Cuchi brota el carnaval...” Cantaban hasta hace poco “Los Nocheros”, amigo del carnaval y de las estrellas, de los patios de tierra y del vino de la amistad, José Ríos nos legó los pergaminos sagrados donde la poesía duerme junto a sus musas, ya no había tiempo, la cita era temprano y llegabas tarde, no podías despedirte de todos los que hubieras querido, tantos amigos, tantos hermanos.

Queda en mi el abrazo tierno aquel de una noche de Julio y tus palabras ardiendo en la noche, aquellos consejos que guardare en mi caja de luciérnagas, aquella caja que tus manos de carpintero labraron como estrellas pulidas con tu alma.

Cuando el cielo junta a sus hijos solo nos queda el gusto amargo de la partida, pero en carnavales de ausencia se alegra el alma si vas a la gran fiesta donde esperan tantos amigos, alzaré mis ojos cada noche, seguro que en una de estas, veo las luces de la cacharpaya y en una de esas escucho tu risa grande, generosa, abierta y me regalas una zamba para bailarla con tu ausencia, ausencia que volverá a ser presencia en cada vino de cada carnaval cuando bajes a bailar. 
José Ríos publicó su primer libro de poemas, "Unos cuantos versos", en 1961, y a ese le siguieron "Tiempo de Felipe Varela" (prosa, 1962), "Coplas de carnaval" (1970), "Los días ausentes" (1973), "Poemas silenciosos" (1977), "Letras con música" (1978), "Cafayate y otros poemas" (1980), "Por el camino de siempre" (1982), "Enfoques" (1984), "Habitantes de baldíos" (1985), "Atardeceres" (1987), "Cantología"(1988), "El caracol