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“... La patria de un alma elevada es el universo”. Demócrito 

AÑO IV - WASHINGTON DC.,ESTADOS UNIDOS - Junio 30, 2007

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Historia

APORTES PARA LA HISTORIA UNIVERSAL: Charles Malik*, el famoso estadista libanés, uno de los grandes protagonistas de la historia del Siglo XX me refirió en 1971 algunos entretelones de la reunión de Paulo VI y Athenágoras en Jerusalén, a la cual contribuyó con su gestión personal
Por Marcelo Mendieta


Charles Malik

Esto lo escribí en Beirut, Líbano, en 1971, para algunas publicaciones argentinas. Se trata de una charla con Charles Malik (1906–1987), a cuya personalidad se refiere la profesora Mary Ann Glendon, abogada, catedrática de la Universidad de Harvard, presidenta de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales, quien actuó como representante del Vaticano en la Conferencia Mundial de la Mujer realizada recientemente en Beijing. Es un honor reproducir su trabajo sobre Malik.

Malik, 1971

Malik suele hablar de pronto en inglés, francés o árabe, y nuestro traductor, Juan Antonio Deulet -Khoury, estudiante de Historia Antigua en Bélgica y España, le seguía admirablemente. Solo algunas veces, nuestro entrevistado le aclaraba algunos conceptos y pues aunque no habla el español, Malik lo entiende perfectamente y a veces, para especificar algo, recurría al alemán.

Ya hemos dicho que Malik fué uno de los factores que permitió la reunión de Paulo VI y Athenágoras en Jerusalén. Ahora conoceremos algunas intimidades de esta histórica entrevista.

P.: Señor Malik: ¿Cómo cree que evolucionarán las relaciones entre la Iglesia Católica Apostólica Romana y la Iglesia Ortodoxa?

M.: En 1965, el anatema que había sido pronunciado mutuamente entre las dos iglesias en el año de 1054, han sido anulado completamente. Desde 1965 hay relaciones muy íntimas entre las iglesias Ortodoxa y Romana, a tal punto que cuando el Patriarca Ortodoxo de Constantinopla viajó a Roma en 1967 para encontrarse con el Papa, realizaron en la Catedral de San Pedro una celebración de la misa completa, excepto la consagración. Yo les pregunté: "¿Porqué no habéis hecho la consagración en común? ¿Qué es lo que le impide? Ellos contestaron: "No, no hay nada que lo impida". Entonces les dije: "¿Y entonces, por qué no lo habéis hecho?".

P.: ¿No hizo más consultas?

M.: Sí, le pregunté a los prelados católicos si tenían alguna duda sobre si la consagración hecha por un Patriarca Ortodoxo no tiene validez, si el vino se convierte en la sangre de Cristo y el pan, en el cuerpo de Cristo. Me contestaron que no había ninguna duda válida. Y entonces repetí mi pregunta, por qué no se había hecho la consagración conjunta y ellos me respondieron: "Teníamos miedo del escándalo". El patriarca Athenágoras me dijo entonces: "Hijo mío, esto necesita todavía una preparación mayor por parte de las dos Iglesias, que ésta que estamos viviendo". Fíjese, que Athenágoras no ha empleado la palabra escándalo, mientras que los católicos sí. El Patriarca, que ahora tiene 84 años y se halla enfermo -y ruego a Dios que le dé mucha vida-, me comentó: "Espero tener todavía muchos años de vida y ver ese día en que yo pueda ir a beber con el Papa del mismo cáliz y a compartir el mismo pan: esa es la mayor esperanza de mi vida. Que Dios me permita realizarla".

Cuando dijo esto Malik, por primera vez advertí uno tono de emoción. Le hize otra pregunta:

P.: ¿Cuál es la evolución de las relaciones entre las dos Iglesias?

M.: Se han creado comisiones mixtas para discutir problemas como el que se plantea con los matrimonios, las conversiones de una comunidad a la otra y otros temas.

P.: ¿Hay algunas soluciones ya?

M.: El problema de los matrimonios se está arreglando muy fácilmente, pues los católicos y los ortodoxos han dado muchas facilidades. Ya es un asunto resuelto. En lo que respetan a las conversiones, la Iglesia Católica Romana ya no sigue la política de querer convertir a los ortodoxos. Ya no existe esto. Si un ortodoxo quiere hacerse católico romano, no lo hace influenciado por la propaganda, sino por decisión propia.

P.: ¿Pero cuál es el desarrollo de las conversaciones?

M.: El desarrollo es lento, pero seguro. Ya el espíritu mismo ha cambiado. No hay antipatía de los católicos hacia los ortodoxos o viceversa, ni animadversión ni desdén mutuo desde hace 10 años a esta parte, pero para llegar hasta el mismo instante en que el Papa y el Patriarca beban del mismo cáliz, puede pasar mucho tiempo, excepto si el Espíritu Santo los ilumina y esto ocurra mañana mismo. No nos queda nada más que la oración para que esto suceda.

Los mismos honores

P.: ¿Cuál ha sido su intervención en el encuentro del Papa Paulo VI con el Patriarca Athenágoras?

M.: Fuí un intermediario muy importante en el intercambio de cartas entre el Papa Paulo VI y el Patriarca, y también intervine en la concertación de la entrevista de ambos en Jerusalem. Arreglé todo con mi amigo, el Rey Hussein, para recibirlos a los dos ilustres peregrinos, de tal modo que el Patriarca Athenágoras fué recibido con el mismo protocolo que el que se le ofrecía al Papa Paulo VI. Le dije al rey Hussein: "Paulo VI es el Papa de Occidente, pero el Patriarca lo es de Oriente". Y tuvieron el mismo nivel de protocolo. Pero a partir de 1967, no intervine nada más que con mis oraciones. Las comisiones religiosas están trabajando ahora y un laico no tiene nada más que hacer entre ellas.

P.: ¿Cree usted en una tercera guerra mundial?

M.: Ni los chinos, ni los norteamericanos ni los rusos, son locos para hacer una nueva guerra que destruya al mundo entero con las armas nucleares. Las relaciones internacionales actuales están basadas no sobre la guerra, sino sobre las negociaciones. Eso se nota, fundamentalmente, a pesar de las apariencias, en Vietnam, en Corea, en Alemania y en el control nuclear. No porque las negociaciones estén demoradas, vamos a tener una tercera guerra mundial. Pero esta afirmación que hago, no implica que no habrá guerra entre judíos y árabes, entre los mismos árabes y aún otros pequeños enfrentamientos en distintas partes del mundo. Hasta donde mi vista llega, muchos años adelante, el peligro de una guerra mundial está lejano.

P.: Obviamente, cree en el hombre

M.: Por supuesto. Y sobre todo, en Dios.

*CHARLES MALIK

Un testimonio de lo que puede hacer un cristiano en la política
El laico en la escena pública

Por Mary Ann Glendon

Charles Malik fue un diplomático libanés, de los más importantes en la escena mundial en los años 50, relator de la primera Comisión de la ONU sobre Derechos Humanos. Dejó 212.000 escritos en la Biblioteca del Congreso, en Washington. Juntar partes del diario de Malik con los documentos públicos de sus actividades durante sus años en la ONU arroja una luz fascinante sobre cómo ser un laico cristiano en la escena pública, cómo evitar los peligros de ser marginado, por un lado, o, por otro, de verse encerrado en una cultura sumamente secular. Dos auxilios indispensables son la gracia divina y el ejemplo de los demás.

La primera lección de los diarios de Malik es que el plan de Dios para tu vocación puede ser distinto del tuyo. La segunda, que encontrar tu vocación no quiere decir encontrar la propia comodidad. Y la tercera, que quizá no vas a conocer nunca en la tierra los frutos más importantes de tu vocación. Desde que era un joven profesor, vivía a fondo su cristianismo. En un discurso en la Universidad, en 1944, dijo: Jesucristo es mi Señor, Rey y Salvador. En las horas oscuras de mi vida, Él ha sido la única luz y, en los momentos más radiantes, el único significado. He aprendido a apreciar la importancia suprema de la Iglesia. Sin la comunidad y los sacramentos, la vida cristiana no es estable o suficientemente profunda... El mayor milagro de todos los tiempos es la Iglesia cristiana a través del tiempo.

En poco tiempo se trastocaron todos los planes de Charles Malik. El Presidente del recién independiente Líbano lo eligió para representar al país en la conferencia de apertura de la ONU, y para que fuera el enviado de Líbano ante Estados Unidos. En su diario, recuerda su primer encuentro con el mundo político y financiero, en una fiesta, como algo terrible y espantoso. Estaba disgustado por el esnobismo, la falta de delicadeza, la sensualidad y el materialismo de los allí presentes. No le fue posible encontrar ni a una sola persona con quien poder hablar. Cuando regresó casi veinte años después, sus esperanzas y sueños para Líbano se habían hecho añicos. Como representante de un pequeño país, se sintió incompetente y perdido. Buscó modelos, que no encontró; aliados, y tampoco los encontró. Sospechó (y se vio que tenía razón) que muchas cosas habían sido dispuestas ya por los Cinco Grandes, mucho antes de que la Conferencia empezara. A mitad de los trabajos escribe: Hubiera podido hacerlo mejor. Me siento lejos de Dios. No es aquí donde debería estar. Señor, dame la fuerza de volver a Ti, haz que te ame y que al amarte me regocije en mi sufrimiento.

En la ONU fue asignado a la Comisión sobre Derechos Humanos, compuesta por 18 miembros, y cuyo mandato era escribir el borrador de una Carta internacional de los Derechos. Era el único que llamaba la atención sobre las implicaciones más hondas de su cometido. Indicaba, por ejemplo, que cuando decimos derechos humanos nos estamos planteando la pregunta fundamental: ¿qué es el hombre? Su visión de la persona humana interpelaba no sólo a los miembros del bloque soviético que querían subordinar la persona al Estado, sino también a los occidentales, que tendían a imaginarse al individuo como un ser radicalmente autónomo. Al final prevaleció la visión de Malik, y salvó la Declaración Universal de los excesos de colectivismo y de individualismo.

En otoño de 1948, escribe: Mucha actividad y muchos logros en la ONU, pero profunda infelicidad. Estoy lejos —muy lejos— de Cristo. Así como un hombre no puede atravesar a nado el océano y volver a su patria, así tampoco puedo yo nadar la gran sima que me separa del ser y de la verdad. Tengo que subirme al barco seguro de Cristo. Su amor, Su cruz, Su sufrimiento, Su presencia y realidad, sólo Él puede salvarme.

El problema era asegurar que la Declaración fuera aprobada por todos en la Asamblea General y que aceptaran su universalidad.

¿Cómo explicar el ascenso meteórico de un hombre que se sentía profundamente inadecuado para la vida pública? Llega un momento en que Malik parece haber convertido su soledad en una fuente de fuerza. Su habilidad política hizo posible, en 1948, la adopción, por unanimidad, de la Declaración Universal de Derechos Humanos, un gran logro, en un momento en que la Asamblea General de la ONU se encontraba profundamente dividida. Aquella noche, mientras el resto de sus colegas lo celebraba, Malik no se sentía triunfador. Muchos de sus esfuerzos habían fracasado. No había obtenido que en la Declaración se dijera expresamente que el no nacido es miembro de la familia humana.

El primer discurso de Malik, tras la adopción de la Declaración, arroja unas luces sobre el porqué de su falta de entusiasmo. La guerra fría iba en serio, pero el reto lanzado a los derechos humanos era, en su opinión, más profundo que el desafío planteado por el marxismo. Los retos por él planteados hace cincuenta años siguen en pie hoy. Malik se refiere a su carrera, en este período en el que está en la cumbre, como algo que él tiene que arrastrar como una cruz purificadora. En un discurso a los norteamericanos les advierte que la riqueza y el poder no garantizan el liderazgo moral, y añade: Si vuestras instituciones y tradiciones no responden a un mensaje que deja huella en el corazón y en la mente de los demás, y en el cual cimentar toda vuestra vida, entonces no podéis gobernar el mundo actual en el que el ser humano busca desesperadamente verdad y convicción.

A finales de los años 50, Malik vuelve a ser Ministro de Asuntos Exteriores en un Líbano lacerado por la guerra civil. Vio su país hecho pedazos, Beirut en ruinas, sus sueños por el Líbano mediador entre Oriente y Occidente desvanecidos en la nada.

Hay dos partes de su historia que me hacen pensar enormemente. Es sumamente interesante ver cómo llegó a vivir el sufrimiento y la soledad como algo que no hay por qué considerar necesariamente malo. Y otra lección de Malik es que no tendríamos por qué preocuparnos tanto si no vemos progreso en nuestros esfuerzos.

 
 
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