| Sí,
vuesa reverencia, dígole[1]
que es verdad, que no exagero ni un pelo, júroselo[2]
por la memoria de mi madre, Aldonza Nogales, la hija de Lorenzo
el remendón, natural del Toboso, el mesmo [3]que
vivía a las tendidillas de Sancho Bienava, asegúroselo[4],
agora, por la honra de mi padre, Lorenzo Corchuelo, y rubrícoselo[5]
con esta boca que un día se tragará la tierra,
que no fue naide[6] más
que vuesa reverencia quien díjome que el tal don Quixote,
quien antes se hiciera llamar Alonso Quijano o Quejada o Quijada,
o como a vuesa merced mejor le plazca, desde hace muchos años
había andado enamorado de una moza labradora de muy buen
parecer y que a ésta la había bautizado un cura
conocido suyo con el nombre de Aldonza Lorenzo, y ésa
por más datos y señales soy yo mesma, vuesa reverencia,
que no hay otra con ese nombre porque todavía no me han
mudado de cuerpo, ni de alma, y apenas me han adicionado otro
nombre, desde que el caballero andante me apodó con el
título de señora de sus pensamientos y que en
buscándome uno que no desdijese mucho del suyo y que
tirase y se encaminase al de princesa y gran señora,
vino a llamarme Dulcinea del Toboso, porque no olvide, vuesa
merced, que yo soy natural de ese pueblo, y no venga a decirme
tampoco que ese nombre no es musical, peregrino y claro como
el sol y despejado como los ríos de Toledo, porque del
mío, vuesa merced, del que me plantaron, sin consultármelo,
en la pila bautismal, ese mesmo que mientan cuando refiéranse
a la mejor mano para salar puercos en toda la Mancha, se han
burlado muchos y, por ahí y, en los corrillos, los chavales
andan diciendo ?a falta de moza, buena es Aldonza?, y semejante
adagio, vuesa reverencia, mucho ofende, aunque a estas alturas
poco, o nada deberíame importar aquello porque tengo
noticia de que mis ambos nombres, desde hace rato, se pasean,
orondos, de boca en boca, por los reinos de Castilla y de León,
y por otras tantas comarcas a muchas leguas a la redonda, ya
que, según cuentan los que saben leer y escrebir[7]
y leen los muy mentados libros de caballería, treinta
mil volúmenes se han impreso de mi historia, mejor dicho,
della de Aldonza Lorenzo y della de la otra yo, doña
Dulcinea del Toboso, ambos principales personajes della historia
de vuestro don Quixote que no sé, por cierto, quien le
puso el don a Alonso Quijano, que no lo tuvieron sus padres
ni sus agüelos, y por ahí dicen también que
fueron esos mesmos papelillos los que le quemaron los sesos
a don Quixote, o al menos eso fue lo que oíle decir a
la sobrina de mi embelezado Quijano cuando mi comadre Teresa
Panza y yo paseábanos[8]
del brazo por las cercanías de su morada y esa otra gritaba,
a medida que hacíalos pedazos: ?encomendado sean éstos
a Satanás y Barrabas que han echado a perder el más
delicado entendimiento que había en toda la Mancha,?
y para colmo, vuesa reverencia, fue en ese paseo cuando enteréme
por la mesmísima[9] boca
de Teresa que mi compadre Sancho, buen marido y mejor padre,
pero de poca sal en la mollera, se había determinado
de salir con el recién nombrado don Quixote y servirle
de escudero, prometiéndole éste aventuras y alguna
ínsula y con esas promesas y otras tales, Sancho abandonó
a Teresa, a su hijo y a mi ahijada Sanchica, y asentóse[10]
como escudero deste mi viejo enamorado, porque detallóme
también Teresa, y jurómelo por estas cruces, que
Sancho preparó alforjas, buscó su bota y ansimesmo
concretó que pensaba llevar el asno que tenían
porque él no estaba duecho[11]
a andar mucho a pie, y desde entonces caballero y escudero han
padecido cientos de aventuras porque entrambos andan siempre
una caterva de encantadores que todas sus cosas mudan y truecan
y las vuelven, según su gusto y según tienen en
gana de favorecerlos o destruirlos, y esto otro lo sé
yo asimesmo por la boca y el aliento del propio Sancho quien
díjome, de paso, que aún la cola falta por desollar
ya que lo que hasta aquí han dicho son tortas y pan pintado,
o apenas caloñas,[12] por
lo que colíguese que es vulgar embuste lo chismorreado
y publicado por un tal Avellaneda y rematado por otro mendaz
y engañador, de sangre arábiga, que apodan Cidio
Hamaca Berenjena,[13]todo con licencia
del Consejo Real, como si ellos fueran gentes que habían
de dejar tanta mentira junta y tanto disparate como los que
de mí ha inventado este último cuando le ha venido
en gana, en no dejándome hablar como es debido y, lo
que es peor, en mudando aun lo que en verdad yo he dicho[14],
burlándose asimesmo, no sólo de mí, sino
de todas las labradoras pobres que aparecen en el libro, como
una tal Maritornes, moza de corazón de oro y pensamientos
sanos, a quien conozco apenas de señas y a quien el moro
hereje ha osado pintar como ancha de cara, llana de cogote,
de nariz roma, de un ojo tuerta y del otro no muy sana, y no
contento con esto, se lo juro, vuesa reverencia, y se lo aseguro
a fe de mujer honesta y cristiana vieja, que el tal Berenjena
también se enfiló contra mi comadre Teresa, inventando
que si se llama, en verdad, Juana o Mari Gutiérrez, o
Juana Cascajo, poniendo, ansí, ¡oh hideputa!, en
entredicho la honra de su madre y de ella mesma, y porfiando,
de paso, que todo el pueblo la mira de medio ojo desde aquel
día cuando la pobre dióse tufillos, apenas naturales,
porque una señora duquesa mandóle una carta hablándole
lindezas del ingenio de mi compadre como gobernador de una tal
ínsula Barataria, y obsequióla con una sarta de
corales con estremos[15] de
oro y empeñóle palabra de que a mi ahijada Sanchica
la tenía que casar altamente y, por último, solicitó
le enviase con el paje que le llevaba la embajada una docenas
de bellotas, porque no olvide que vuesa reverencia leyó
los propios pliegos que le mostró Teresa, aunque tanto
ella, como yo, sabemos hilar, más no leer migaja, y vuesa
merced, ¡qué, plego, no lo olvide!, quitóle
ese día los corales del cuello a mi comadre, túvoles
en vuesas manos (esas mesmas que un día se comerán
los gusanos en el cemeterio[16]),
y miróles y remiróles, certificando que eran finos,
ansí que agora no me venga en dudas, vuesa señoría,
que también el bachiller Carrasco vió desto[17]
y palpó daquello[18] y es
testigo, ¡sea par[19] Dios!,
de cuánto hoy hablamos y de lo demás que se ha
murmurado de nosotras, aunque sé que vuesa reverencia
también ha apuntado algo de lo tanto fantaseado y mucho
falseado por el hereje: que me conoce, ha dicho, vuesa merced,
y que sabe que tiro tan bien una barra como el más forzudo
zagal de todo el pueblo, ¡viva al dador!, que soy moza
de chapa, hecha y derecha y de pelo en pecho y que puedo sacar
la barba del lodo[20] a cualquier
caballero andante o por andar que me tuviera por señora
y, por último, que tengo qué voz, porque un día
vióme, vuesa merced, cuando púseme encima del
campanario della aldea a llamar a unos zagales que andaban en
un barbecho de mi padre y aunque estaban de allí a más
de media legua, ansí y todo me oyeron como si estuvieran
al pie della torre, y supe asimesmo que vuesa reverencia comentóle
a quienes escuchábanle que, como siempre, venían
a ser las paredes del confesionario y los oídos del canónigo
y del bachiller Carrasco, que no soy nada melindrosa, que tengo
mucho de cortesana y con todos me burlo y que de todo hago mueca
y donaire, aunque, ansí y todo, a decir verdad, y con
mucho respeto a vuesa señoría, no hay para qué
hacer cuentas dellas palabras de un cura, ¡qué
Dios cohonda![21], ¡qué
no soy amiga de saber y repetir cosas ajenas!, ¡qué
por eso huyo della Iglesia y de los que llevan sotana y canjean
por ostugo[22] de
moneda los tesoros della sacristía!, porque el que compra
y miente, en su bolsa lo siente, y eso dígolo a voz en
cuello ya que, a fin de cuentas, ¿qué me va a
mí?, recuerde, vuesa merced, que muchos piensan que donde
hay tocinos, no hay estacas, por eso no hay que meter nunca
el hocico entre las tetas della mujer ajena, que después
salen diciendo, tal como lo hizo mi compadre, el lengüilarga
y embustero de Sancho Panza, que, de mí, sintió
un olorcillo algo hombruno a causa del mucho ejercicio que hago
y que por eso ando siempre sudada, tal cual como si, a él,
yo háyale dado esas familiaridades, ni metido en esas
confidencias ¡válgame Dios!, que todos saben que
no soy rosa sin espinas, ni lirio del campo, ni ámbar
del desleído, ni las mil otras sandeces que dicen los
machachos[23] della aldea, pero
tampoco me meto con el marido ajeno, por eso don Quixote, o
Alonso Quijano, ese mi enamorado que también se hace
llamar Caballero de la Triste Figura y Caballero de los Leones,
sí, por algo eligióme a mí, y no a otra,
entre todas las mozas labradoras de la Mancha para que fuera
la dama y señora de sus pensativos[24],
la inspiración de sus correrías, el remate de
sus enseñaciones[25], porque
aunque rústica, como me creen algunos, como vuesa reverencia,
o me pintan otros, como el tal Berenjena, mi caballero andante,
ha reconocido, entre sus tantas escuderías, que aunque
ésta no se trajee de saboyanas[26],
ni lleve zapaticos de brocado, yo no mezclo el hi de perro berzas
con capachos[27] y, cuando toca,
sé mentar al pan, pan y al vino, vino, y, sobre todo,
no ando con impertinencias y carantoñas, tal como aparezco
dentro della máquina de disparates referidas por el tal
Avellaneda y por el moro hereje, porque sepa, vuesa merced,
que mis padres me forjaron en otras turquesas[28],
las que siempre relucen aunque viejas y revolcadas por las lenguas
de los envidiosos y los maledicientes, porque éstas no
practicamos las necedades dellas que van con verdugago[29],
con broches de oro y con entono,[30]
como si no las conociésemos, ¡Dios me guarde mis
siete o mis cinco sentidos, o los que no tengo! que ésta
nunca piensa dar ocasión de que la vean en tales aprietos,
porque recuerde, vuesa reverencia, que me toca celar bien esta
mi nueva estampa de doña Dulcinea del Toboso, por eso
no estoy para dar un traspié, ni caer en el fango: la
mujer honrada, la pierna quebrada, y en casa, decía mi
madre, ¡qué el Señor la tenga bien amarrada
a su santa estaca!, porque ansí y todo hay que cuidarse,
no en balde reza el refrán ?¡quien te cubre, te
descubre!?, que vuesa reverencia lo sabe mejor que naide: que
por el pobre todos pasan los ojos como de corrida, y en el pico
se detienen, y si el tal rico fue en un tiempo pobre, como Dulcinea
fue un día Aldonza Lorenzo, allí es el murmurar
y el maldecir, y el peor perseverar de los calumnadores[31],
que los hay por estas calles a montones, como ejambres[32]
de abejas, y no me pongáis a disputar ahora, vuesa señoría,
que yo hablo como Dios es servido y no me meto en más
dibujos, porque desde el día en que amanecí princesa
y señora doña Dulcinea del Toboso, en ese mesmo
momento volvió a parir mi madre, ¿y por qué
no?, tal cual, como me soñara aquél que tanto
me ha amado, sin decir ni mu a naide[33],
ni repicar en voz alta sus figuraciones, si no cuando se hizo
caballero andante, pero hagáis los demás lo que
os diera gusto, vuesa merced, que con esta carga nacemos las
mujeres, destar[34] obedientes
a los hombres, aunque ellos sean unos porros, como mi compadre
Sancho, o unos deleirantes[35],
como mi señor don Quixote, o unos hideputas[36],
como el moro Berenjena, o unos hipócritas, como otros
tantos comesantos[37] y quemacirios[38]
que por respeto a vuesa señoría no menciono por
su nombre propio, que todos los conocemos con demansía[39],
y plego[40] a vuesa merced, no
olvide que por obra y gracia del mío hasta la muerte,
don Quixote de la Mancha, ahora soy una alta y sobajada[41]
señora, principalísima dama del Toboso, envidiada
por muchos, calumnada[42] por otros,
esos mesmos que vieron a Sancho entrar al pueblo sobre un jumento,
molido a palos, y a mi señor don Quixote metido y encerrado
en una jaula y, en celebrando semejante acontecimiento, reventáronse
della risa, entre otros, vuesa reverencia, asimesmo[43]
como el canónigo, y saltaron los cuadrilleros de gozo,
en fin, todos hicieron mucha guasa de mirarlos derrotados, porque
tan desfigurado venía el pobre don Quijano que no le
conociera ni la madre que le parió: flaco, amarillo,
los ojos hundidos en los últimos mamarrachones[44]
del cerebro, que sólo fue Sancho, mi compadre, quien
compadeciese de aquellas burlas y arrojóse sobre el cuerpo
de su señor, haciendo sobre él el más doloroso
y risueño[45] llanto del
mundo, creyendo que estaba muerto, pero ¿a qué?,
me dirá vuesa merced, sí, ¿a qué
viene agora la tal Aldonza Lorenzo, mejor dicho, doña
Dulcinea del Toboso, a platicar de tantas cosas que todos han
echado a la bolsa del olvido?, a lo que replícole[46],
al rompe y sin pudor, a causa de que vuesa merced, el canónigo,
el bachiller y el moro han borrado mis parlamentos de sus papelillos
o del libro della memoria, y es porque por ser hembra y pobre
me han tenido en poco, pero, ¿quién puede poner
puertas al campo?, naide, vuesa reverencia, naide, ni siquiera
el hereje Berenjena, porque del cielo caerá el que tus
cuitas expondrá y Teresa, mi comadre, lo ha dicho y repicado:
¡qué hablen cartas y callen barbas!, porque quien
destaja no baraja, y más vale un toma que dos te daré,
y, por eso, ni el morisco, ni los siglos que lleva esta cristiana
vieja refundida en un cajón y con mordaza en la boca,
aunque sea la mejor de todo el apero, habrán de callarme,
y óigalo bien, vuesa señoría, que yo sigo
otro camino, no el más fácil, pero, a mi parecer,
el más sinárquico[47],
que es decir bien dellas mujeres, de su constancia, de su trato
claro, de sus promesas cumplidas, de su fe duradera y finalmente
del nuestro discurso muy sabiohondo[48]en
colocar con deligencia nuestros pensamientos y intendencias[49],
y esto, ni vuesa reverencia, ni el señor canónigo,
ni el bachiller Carrasco, ni naide importante o sin importar,
puédalo echar en saco roto, que todos, mujeres y varones,
chavales y gacelas, infantes y viejos somos iguales ante Dios,
que desnudos nacemos y desnudos nos mortajan,[50]
y que la muerte es sorda y ciega y sin prejuicios y cuando llega
a llamar a las puertas, siempre va de priesa y no la harán
detener ni plegos[51], ni fuerzas,
ni ceptros,[52] ni mitras, y esto
y mucho más nos los dice y repica vuesa reverencia por
esos púlpitos, aunque creo que, vuesa merced, se olvida
desto y aquello con harta demansía,[53]
que a mi villa del Toboso, a muchas leguas della vuesa, han
llegado los rumores de vuesas neglegencias[54]
y de vuesa lengua maleficente, y esta cristiana vieja los ha
oído con estas mesmas[55]
asas que tiene vuesa señoría hoy y en este sitio
en vuesas narices, porque ese día, cuando llegaron los
chesmes[56] y los comadreos, estaba
yo en las bardas de corral de mi padre, ahechando el trigo,
paré los tímpanos y de tanto escuchar y escuchar
quedé huntada[57] del mucho
polvo que sacaba aquello, pero nada de eso, ni una sola palabrilla,
ni una exclamación, ni nada que se le parezca, ha quedado
puesto, registrado, según dicen los que saben leer y
escrebir[58], en el libro del moro,
ni tampoco en el de caballería de Avellaneda, ¡sea
par[59] Dios!, ¡que mi Señor
los hace y el Diablo los junta!, que los della Santa Hermandad
paréceme los tienen a todos comprados o horripilados
para que no mascullen lo que con sus ojos miran y al corazón
les resienten[60], no, vuesa merced,
no me venga con cruces y amenazas agora, que desde que soy la
princesa doña Dulcinea del Toboso, de eso y mucho más
me birlo, recuerde nomás que a las grandezas no nos tocan
ni siquiera las tetas[61] coronadas,
todo es asunto de pasarles una maleta con mil o dos mil escudos
por debajo della mesa y sanseacabó, por eso, ¡qué
con su pan se lo coman!, y ¡a otro perro con ese hueso!,
sí, vuesa señoría, Aldonza agora ya no
es gente menuda, sino una muy sobajada señora, una alteza
con alcázar, una mujer fermosa y, desde que la liberó
don Quixote della carga de ser mujer pobre y labradora con la
boca hedionda a ajos crudos, desde que tiene señorío,
dice lo que piensa y piensa lo que dice, y juzga, tal cual,
como su caballero andante, lo blanco por negro y lo negro por
blanco, por eso, hoy por hoy y en esta mesma fecha dígole
a vuesa merced, con la frente muy en alto, que estoy jarta[62],
tal como lo oye, empachada, de oír rebuznar a los jumentos,
gruñir a los puercos, mayabar[63]
a los gatos, aunque vuesa señoría me dirá
que ¿a qué tanta palabraría[64]?,
a lo que yo le replico que agora sé quien soy, de muy
de veras, y sólo espero a que mi compadre Sancho se dé
los tres mil azotes que le recetó el sabio Merlín
para desencantarme y todos vederán[65]
ansí y como son las cosas, y a las personajas[66],
tal como Dios nos creó, y mirarán que los molinos
de viento son gigantes y las mulas de los religiosos, dromedarios,
y las manadas de carneros, ejercicios[67]
de enemigos, y otras muchas cosas a este tono a las que agora
son cegatos y por eso y todo déjese, vuesa reverencia,
de zoquetadas, dispabile[68] los
ojos, y ¡a arrojar a la cueva de Montesinos tanto dogma
y tanta profría![69] que
esos le tienen enfermo el seso, ya vederá cómo
de allá, de esos mundos de mortajados[70]
sueños y escasos lloros, se los devolverán saneados,
fechos[71] flores perfumadas, y
ansí, los burros serán cananeas,[72]
las labradoras, princesas, vestidas y hermoseadas todas con
mazorcas de perlas, diamantes, rubíes y telas de brocado
de más de diez altos,[73]
los aldeanos, han de ser caballeros andantes, y los estripaterrones,[74]
escuderos, y agora, vuesa reverencia, y sin más pláticas,
ni metiéndonos en más dibujos, a despachar por
siempre todas las paparruchas que ha vomitado para mal de otros
a lo largo de su vida, a ponerse de hinojos[75]
junto a ésta a quien don Quixote ha trocado en reina
y señora de sus correrías, a olvidarse della moza
que tiene vuesa merced escondida en una alcoba della venta della
Sierra Morena, a cantar ledanías[76],
a ponerse en pelota y darse mil azotes en la espalda y a hacer
penitencia por la Virgen María, la única señora
principal, de los pasados y presentes siglos, que debe sorberle
el juicio, mantenerle el sensatamento[77]
y estancarle el deseo a un cura, como vuesa reverencia, que
anda y ha andado en demansía[78],
¡metiendo las narices en lo que no le importa!
Bogotá, 31 de diciembre, 2004.
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*Gloria
Guardia, narradora, ensayista y periodista, es Miembro de
Número, de la Academia Panameña de la Lengua e
Individuo Correspondiente, de la Real Academia Española
y de la Academia Colombiana de la Lengua. Realizó estudios
de Filosofía y Letras en la Universidad Complutense de
Madrid y de Literatura Española e Iberoamericana en el
Instituto de Cultura Hispánica de esa ciudad. En los
Estados Unidos, recibió el grado de Bachelor of Arts,
?Cum laude?, de Vassar College (Poughkeepsie, N.Y). Obtuvo el
título de Master of Arts en la Universidad de Columbia,
de Nueva York, culminando los estudios de Ph.D en la misma Universidad.
Su obra literaria incluye novelas, relatos, ensayos, estudios
críticos, entrevistas y monografías, ha sido traducida
al inglés y al ruso, y ha recibido las siguientes distinciones:
el Premio de la Sociedad de Escritores Españoles e Iberoamericanos
(Madrid, Editorial Clásica y Moderna, 1961); el Premio
Nacional Ricardo Miró de ensayo y de novela (Panamá,
1966); el Premio Centroamericano de Novela, (Costa Rica, 1976);
el Premio de la revista Lotería ( Panamá, 1971,
y 1984); y el Premio Nacional de Cuento, Ciudad de Bogotá
(Bogotá, 1996). En el año 2000 su novela Libertad
en llamas fue finalista del Premio de Novela Sor Juana Inés
de la Cruz (Guadalajara, México).
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