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“... La patria de un alma elevada es el universo”. Demócrito 
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Isabel Miralles
Isabel Miralles

ISABEL MIRALLES*: DOS POEMAS

ALMAS EN EL CAMINO

Cuando en la noche
del frío invierno,
camines por las calles
y el vaho de tu aliento
dibuje siluetas soñadas.

Cuando en el amanecer
te asomes a la ventana,
y veas rosas y jazmines
en el jardín de tu esperanza.

Cuando en la intimidad
de tu alcoba,
escuches bellas canciones
que te cautiven el alma.

Cuando oigas que mi nombre
lo nombra otro hombre,
cuando tu alma suspire
viejos trazos de poemas.

Cuando veas la luna
reflejada en un mar de estrellas,
cuando escuches cantos de sirenas.
¡Sé que me vas a extrañar!

Porque cuando dos almas
se encuentran por azar
en el camino de la vida,
y se miran... y se comprenden,
ya nunca, se pueden olvidar.


Isabel Miralles
Copyright-2002

COMO LA LUNA

Sola
sin destino
ni afán
por llegar a ninguna parte.

camino abrupto
camino cerrado;
sueños rotos
perdidos en la memoria

sola
sin calor
sin frío,
como alma errante
sobre olas de espuma,
sin mano que la amarre
ni corazón que la atienda.

sola

s
i
e
m
p
r
e

sola.


Isabel Miralles
Copyright-2004

*Isabel Miralles, de nacionalidad española, nació en Santa Bárbara (Tarragona) y, desde los 11 años vive en Barcelona. Está casada, tiene dos hijos, Natalia y Ramón-Jaime.

Inició estudios de Derecho, que abandonó al no poder compaginarlos con su trabajo en la multinacional Xerox Corporation. En la actualidad es gerente de una pequeña empresa familiar.

A los 15 años fue seleccionada como finalista en un concurso literario sobre la Amistad.

Laura Lambré
Laura Lambré

POEMAS DE LAURA LAMBRÉ*

Piel enamorada


Desnuda de terciopelo.
¿O será de seda en tus manos?
Perfume de rosa, jazmines, tilos,
piel de primavera, satén, rocío.
Hundida en tu lecho,
duermes tu silencio
de vida y de muerte...
Piel de mariposa sin vuelo ni alas,
piel de fantasías sin dueño,
piel de ángel
sin cantos ni mantos,
piel de niña
sin llantos ni ruegos.
Piel de pieles,
piel de enamorada.

                      Laura Lambré

La Despedida.


... Quiero que me recuerdes
por haber soñado tanto,
por mi risa, por mi llanto
por las cosas compartidas...
Quiero que recuerdes
¡ todo lo que di y lo que soy!
Por tantas primaveras,
las palabras que no dije,
porque grité mil veces
tu nombre por las noches.
Quiero que recuerdes
las caricias con mi pelo,
mis manos, mis pechos,
mi voz, mi ternura.
Porque fui feliz de a ratos,
con mis soledades...
Soy viajera
del mundo y del espacio
con mis alas, mis oídos,
mis espaldas, mi cuerpo,
con todo mi ser y mi nada.
Quiero que me recuerdes
amándonos en invierno
con el fuego de mi alma.
Quiero que recuerdes
mis silencios,
la música de mis colores,
y especialmente que fui tuya
¡pero sigo siendo mía!

*Laura Lambré nació en Lanus, Provincia de Buenos Aires, y reside actualmente en la Ciudad de Buenos Aires. Estos poemas y los que publicaremos en otras ediciones son inéditos. Lambré es reconocida internacionalmente por su pintura. Es autodidacta. Concurrió al taller de pintura de Marcos Borio; se perfeccionó en "Fundamentos Visuales" con Rosa Faccaro; y en "Arte Contemporáneo" con Fabiana Barreda. Completó su formación artística en diferentes viajes a Japón, USA, Europa y Latinoamérica. En 2002 fue distinguida por su trayectoria por Transacademia (Instituto Universal de las Naciones), y la OMHS, Obra Mundial Pro Humanidad Solidaria, con la "Estrella Académica Universal", en carácter de Patricia de la Humanidad Solidaria.
Algunos de los juicios críticos por su obra pictórica:
"Laura Lambré ya pertenece a la condición de los maestros... Laura Lambré acaricia las telas con sus pinceles que establecen una rica factura matérica, sin estridencias ni gestualismo... Alegra el espíritu y da paz al corazón". Rafael Squirru - Crítico de Arte de "La Nación, Bs.As. Argentina.
"... Un perfil parejo y el encanto del paisaje. En este caso, la poética del realismo mágico, en una visión personal que evidencia conociemiento del lenguaje plástico y amor indudable para plasmarlo con oficio". Rosa Faccaro . Crítica de arte del diario "Clarín". Bs. As. Argentina.
"... Su fuerte magnetismo y gran personalidad hacen que la obra de Laura Lambré brille desde siempre con luz propia" - Jorge Páez Vilaró - Director del Museo de Arte Americano de Maldonado, R.O. del Uruguay.
"... Laura Lambré reúne condiciones fuera de lo común en la pintura argentina. La calidad de su obra y la originalidad resaltan por su valor plástico". Gyula Kosice - Artista plástico. Bs. As. Argentina.
"... Pittura molto delicata e ricca de sensibilitta...Ottima la cromia, tipici i paesaggi". Armando Nesi - Crítico de Arte, Calabria, Italia.
"... El equilibrio entre la luz y las sombras que logra con amor y mucho amor, Laura Lambré, es tal que diría que se adueña de esos sentimientos para plasmarlos en cada uno de sus trabajos...Vemos paisajes esfumados, umbrosos jardines donde solo unas hojas resplandecen como bendecidas por la luz. Ríos suntuosos corriendo, despeñándose entre el follaje salvaje de un paisaje propio del Edén. Ella se apropia del silencio y lo llena de sus colores, colores musicales - los que seguramente guardaba Ludwig van Beethoven en su cuerpo - que nos arrebatan el corazón porque ella nos esta mostrando el suyo".
Marcelo Mendieta.


Stella Maris Roque

LA CARTERA PERDIDA

 

Por Stella Maris Roque*

Malena nunca supo cómo llegó ahí. Le dijeron que la habían traído porque se había vuelto un poco loca al mes de haber abortado planificadamente. Su historia clínica tenía la carátula “DEPRESION”, por que ese era el diagnóstico de los psiquiatras que ordenaron su internación.

Podía pasearse por los jardines del sanatorio mental privado. Entonces veía como el viento movía las copas de las coníferas, de los jacarandaes y de unos eucaliptos que llenaba el aire de un aroma mentolado. Durante el mediodía, el sol iluminaba el enorme parque, donde había bancos verdes y mesas redondas de plástico.

El sanatorio contaba con un gimnasio, una sala de teatro y un taller de manualidades. Además, había reconocido la enfermería, la sala de terapia ocupacional, otra de nutrición, y muchos médicos de distintas especialidades que se ocupaban de los pacientes y de los familiares.

El centro médico estaba pintado de color rosa oscuro. En la fachada principal había una puerta corrediza y en la parte de arriba, un pequeño balcón y cinco ventanas totalmente enrejadas que daban hacia la calle.

Antes de la puerta había un sendero rodeado de césped y flores. Al costado, estacionaban los autos y en la entrada atendía una secretaria sonriente y amable. Un pasillo largo comunicaba las habitaciones, y un ascensor llegaba al primer piso, donde estaban los pacientes por períodos cortos; en cambio en planta baja alojaban a los que padecían esquizofrenia, psicosis y otros tipos de demencia severa. Al final de cada corredor los internados disponían de una sala para ver televisión y mesas para comer.

Ese día era la función de teatro, pero Malena no quería ir porque se sentía mal. No solo estaba bajo los efectos de los antidepresivos sino que la perseguía la idea de su aborto.

Un grupo de recuperados que salían en una semana tenía preparada la función ?Blanca Nieves y los siete enanitos?, a modo de despedida; Malena prefería quedarse en su silla mirando por la ventana del cuarto cómo las hojas caían de los árboles que ir a actuar. Y pensaba...

“La primera semana de marzo fue la peor de mi vida, sobre todo, cuando me enteré de mi embarazo de seis semanas. Fui a la ecógrafa para hacerme un estudio de rutina del útero y se me paró el corazón cuando oi que me decía “estás embarazada” con el mismo tono de voz con el que me podría haber dicho “estás resfriada”. Jamás lo hubiera imaginado, a pesar de tener nauseas, dolores de panza, ganas de llorar y haber engordado dos kilos.”
En aquel momento Malena tuvo un ataque de nervios acompañado de llanto. La dominaban la desesperación y la angustia, junto con la pregunta insoslayable “¿ahora qué hago?, si ni siquiera tengo una pareja fija”.

Tuvo un instante de pánico. La mente estaba en blanco. De pronto decidió el aborto y lo hizo. Todo fue rápido, tan rápido que todo le parecía mentira.

Pero después pensó: “He cometido un crimen”. Y ese pensamiento no la dejaba ni de día ni de noche. Comenzó a sentir una vocecita que le susurraba constantemente: “eessttaassseemmbbaarraazzaaddaa...”. No se atrevía a mirarse en el espejo. El susurro la atormentaba y le provocaba escalofríos.

Después del aborto la culpa la ahogaba: sentía miedo a morirse porque no dejaba de sangrar. Ni quiso mirarlo, pero le parecía que él estaba presente en su vientre.

Un golpe en la puerta la sobresaltó y abrió enseguida. La obra estaba por comenzar y era abierta al público: familiares, amigos, amigovios, amigos de amigos y el personal del sanatorio. La compañera de cuarto la convenció para que fuera, aunque Malena no estaba tan segura.

Ella era desgarbada. Su cabello era marrón, grueso y ondulado. Su cara, una cara simple con ojos castaños medianos, algunas pecas, boca pequeña, pómulos delgados y una sonrisa tímida. Tenía los pechos henchidos. Su aspecto físico no era desagradable. En verdad, era miedosa, indecisa, pensativa, sencilla pero llevaba una vida sexual muy activa. Le gustaba, claro.

Cuando entró, el teatro estaba lleno de gente. Había treinta butacas, una iluminación tenue, un escenario poco usado que olía a madera húmeda. Únicamente se hacían funciones para alguna despedida o fiesta importante. Estaba al lado del gimnasio y al final de la planta baja, cerca del jardín.

Enseguida reconoció a una amiga, a Sandy y al padre. Al papá no lo veía desde el comienzo de la adolescencia, más de la mitad de su vida; Sandy era músico, compositor y productor. Tenía la piel suave, dedos de algodón y una mirada penetrante con la que podía conquistar a cualquier ser humano. Solo quería que Maly, como le decía a Malena, estuviera bien. No había quedado embarazada de él. Ella lo apreciaba, más que a un amigo, menos que a un novio, pero lo suficiente para estar a su lado y saciar sus deseos carnales.

En cuanto a la amiga se llamaba Mariel, fiel a la amistad e infiel a los hombres, se había acostado con cuanto ser con pantalones se cruzaba en su camino y sus novios tenían los cuernos más grandes que los de un ciervo. Malena la había dejado de ver porque se consideraba distinta, pero no la quería perder...

Las compañeras del sanatorio se acercaron y le preguntaron si estaba preparada y asintió con desgano. A lo lejos, la amiga la saludó y le sonrió de medio lado.

Antes de que empezara la función se acercó el Director de la obra.

— Señorita le deseo suerte y le agradezco que participe — le dijo.

— Lo hago porque me gusta actuar y para ayudarlos. Faltaba alguien que representara a uno de los enanitos, al feliz — comentó Malena.

— Bueno, no te olvides de sonreír y ...disfrutalo.

— Mirá, ensayé poco y estoy nerviosa — le confesó Malena—. Revisé el guión con los chicos y me dijeron que siguiera a los otros enanos.

— Bien, pero respirá profundo y concéntrate. Suerte —le dijo el Director y le dio una palmada en el hombro.

— Gracias.
Trató de tranquilizarse y suspiró. Antes de subir a cambiarse se dio cuenta de que tenía la cartera en el hombro. Pensó donde la podía dejar, pero como estaba apurada la soltó y la apoyó contra la pared al lado de su padre. Lo miró y entre el bullicio que reinaba en la sala le pidió, casi a gritos, que se la cuidara. El tipo, barbudo y un poco sordo asintió con la cabeza quizás diciendo que sí pero sin entender demasiado.

Al terminar la función la aplaudieron y felicitaron por la buena improvisación. Había logrado distraerse detrás un personaje. Luego pasó por al lado de Mariel, que la volvió a mirar y le dijo algo al oído a Sandy.

Malena siguió por su camino en busca de la cartera, pero cuando llegó a donde la había dejado no estaba. Tampoco el papá. Corrió al patio, se encontró con él, no la tenia. Le preguntó dónde la había dejado y no le respondió, simplemente meneó los rulos como desentendiéndose del asunto.

La cartera era de color negro, común, con una tira y un solo cierre en la parte de arriba. Apenas estaba forrada y le faltaban bolsillos. Llevaba el diario íntimo, un lápiz de labios, pañuelos, papeles, una birome, la billetera con los documentos, nada de plata y algún chicle. Cartera, bolsa, bag, sac, borsetta da donna, o como fuere, pero al fin y al cabo un objeto al que le gustaba pasear, estar tirada en el suelo, en la cama, en la mesa, hasta en el baño. Y no podía estar vacía porque era necesario llevar algo, un protector para el período, una aspirina para un mediodía de resaca, una birome para anotar el teléfono de algún chico y el diario, documentador de anécdotas, fantasías, miedos y reflexiones.
Malena fue hasta la entrada.
¾¿Sabes si alguien trajo una cartera perdida? ¾le preguntó a la secretaria amable.
¾ Si recibí una, ¿me podes acompañar hasta el armario así te la muestro? ¿Qué es lo más importante que llevas, hay algo que se pueda perder? ¾le preguntó a Malena.
?PERDIDO?. Esa palabra le latió en la mente como si le hubiera agarrado migraña. ?Sí, pensó, lo perdí porque quise?... y se paralizó. El castigo era una carga. ¿Qué dirían sus amistades o sus familiares si se enteraban? Lo sabían pocas personas por miedo a que la juzgasen peor que ella misma.
La voz de la secretaria la trajo a la realidad. La cartera no estaba. Salió de la oficina mirando el piso. El padre se había ido, una vez más, sin saludarla.

Por detrás, escuchó una voz familiar. Se dio vuelta y vio a su amiga con la cartera en la mano. En ese mismo instante recordó que Mariel le había hablado a Sandy cuando ella bajó del escenario.

— Hola Mariel ¿cómo estás tanto tiempo?

— Te felicito por la actuación¾ comentó Mariel.

— Gracias. Estaba nerviosa pero fue divertido. A propósito ¿donde la encontraste? — le preguntó.

— Se la diste a tu papá pero se ve que se olvidó. Salió apurado y la dejó debajo de una butaca, cuando me di cuenta le conté a Sandy y me dijo que te la diéramos. Así que la agarré y te la traje.

— Bueno, gracias otra vez, amiga.

— De nada —dijo Mariel—, ¿Por qué no me contás cómo estás?
Se pusieron a charlar y la amiga le contó que se iba con el novio a Puerto Rico en el verano. Recordaron el viaje que ellas lo habían hecho y cuanto se habían divertido.
( Hacía mucho que no nos veíamos, lo último que supe fue que estabas en este sanatorio. Me enteré por tu hermana cuando llamé a tu casa (le confió Mariel.
( Estoy un poco deprimida, se me juntaron temas irresueltos que me trastornaron. Perdóname por no haberte llamado.
( No es momento para preocuparte. Lo que importa es que te recuperes.
Malena la abrazó durante unos segundos. Cuando se separaron vieron a Sandy sentado en uno de los bancos.
( Anda un rato con él, vino por vos.
( Sí ya lo se...
Se despidieron y Malena fue a hablar con Sandy. Él le dijo que se iba a un recital que había organizado. Le agradeció la visita, le prometió llamarlo, le deseó suerte y lo besó cariñosamente en los labios. Cuando Sandy se fue, ella sacó el diario íntimo junto con la birome y comenzó a anotar lo que había vivido durante ese día. Luego se levantó del banco y caminó hasta la mitad del parque. Sonrió, sintiéndose liberada y sin importarle nada revoleó la cartera por los aires hasta verla desaparecer en el jardín vecino. Reflexionó sobre la amistad, en el hecho de contar con una amiga, de sentirse feliz al verla sonreír o de tener ganas de llorar si le pasaba algo doloroso. La tranquilidad de saber que si la necesitaba iba a estar y el consuelo de que podía darle un buen consejo. Con respecto al amor, recordó a Sandy, su mirada llena de paz y tranquilidad, sus manos para dar calor y ese amor envolvente y libre de ataduras. Puso en la balanza los valores afectivos y los comparó con los materiales. Se dio cuenta que la cartera era un simple objeto que no satisfacía ninguna necesidad y que solo servía para ser usada y desechada. Una enfermera se acercó.
“Malena, es hora de que vayas a tu cuarto,dijo. Tenés que tomar los remedios”. Miró a la enfermera y comprendió porqué estaba allí. Quiso escribir la última línea de su diario, pero recordó que lo había despedido dentro de la cartera. Y entonces la siguió hacia su habitación.

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*Stella Maris Roque, tiene 25 años, es soltera y de nacionalidad argentina. Se ha graduado como Técnica Universitaria en Periodismo en la Universidad Católica Argentina (UCA). Realizó un curso de edición cinematográfica en esa casa de estudios, especializandose en técnicas de computación y participó de talleres de escritura creativa y de cuento. Fue redactora en el diario vespertino La Razón de Buenos Aires, Argentina, y en la revista Tiempo de Aventura. Actualmente escribe cuentos y relatos que reunirá en un libro de próxima edición.

E-mail: stellma80@hotmail.com


Gladys Ovadilla

TE DEJO PARANÁ

Por Gladys Ovadilla

 

Sol de junio somnoliento, comienza el invierno, aquí estoy, llevando mis sueños en una maleta, detengo las agujas del reloj: cruzaré en lancha a Santa Fé.

Por última vez me detengo un instante, no quiero despedirme, cierro mis ojos y vienen los recuerdos: escucho mis risas de niña jugando en el parque Urquiza que me vio nacer, disfrazada de collares lilas de flor de paraíso, muñecas y pies, esa soy..

El parque fue mi niñez y adolescencia, paisajes, maravilla natural de Entre Ríos. Majestuosas cascadas se mezclan con el río, frondosos árboles cubren las laderas, por caminitos y escaleras, el sol sonríe a los visitantes y sobre el aceitunado césped, la flor del ceibo plena de rojo hace que el árbol se sienta firmamento, observado por todos.

Mi niñez atrapada ¡mira! ¡faroles! -No, son bichitos de luz- cantan los grillos al vaivén de la brisa, te acercas: silencio. Mariposas de colores vuelan, mi rama queda vacía, no pude acariciarte.

El paisaje se erige altivo, orgulloso, sobre la escarpada barranca, bendecida por el río, la mejor creación: el parque Urquiza. El verde, rojo, celeste, amarillo, estarán en mis pupilas siempre. Recuerdo a "Rubio", mi valiente caballo con el que recorría las playas aferrada a sus crines y que soportaba mis piruetas y me acompañaba en mi sueños de volar al arco iris.

¿Cómo despedirme del río? él me acunó en su vientre, me recibió en sus aguas y con su espuma blanca me revolcó en la arena. Flotaba en su lomo, me acariciaba, tenía respeto por él. En las noches, la luna sufría doliente cuando se reflejaba en sus cristales, no podía mojarse, era un carrusel.

Fue difícil dejarte, Paraná querido, con tu costanera, tus chamarritas, los pájaros sin sombra alguna, cantando libres.Fuí protagonista en medio del parque y el río que me contuvieron con amor. Las nubes me despidieron, dejaron caer sobre mi cuerpo cuatro lágrimas de lluvia gruesa, latigazos para mi eterno recuerdo.

 
 
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