Antes, la distancia y la lentitud
de las comunicaciones amortiguaban ese impacto. Ahora, el avance
de la tecnología -- que no sólo ha creado la aldea
global sino que ha puesto al mundo en nuestras manos tanto en
la oficina como en casa a través de la televisión
e internet -- y el impulso de las migraciones, le dan al cambio
una fuerza y velocidad sin precedentes.
Para ilustrar esa fuerza permítanme mencionar
el caso de CNN, con un alcance estimado de más de 1.000
millones de televidentes, en más de 200 países
y territorios. En lo que a CNN en Español respecta, unos
28 millones de abonados tienen acceso a nuestro contenido, con
14 millones en América Latina, 3 millones y medio en
Estados Unidos y la difusión de programas y reportajes
selectos en Canadá, aquí en España por
CNN Plus y en Japón a través de CNN-J.
Una manera de apreciar el impacto del mundo
moderno en el cambio cultural es usar algunas de las mediciones
que utilizan las compañías transnacionales para
trazar sus estrategias.
2. La realidad
Los datos del Censo oficial y del Centro Pew indican
que de 285 millones de habitantes en Estados Unidos en 2004,
40 millones y medio eran hispanos… o latinos, número
que hoy en día llega a los 44 millones. La proyección
para el 2010 son unos 48 millones de hispanos en Estados Unidos,
cifra que crece a más de 60 millones para el 2020.
[2004 = 41,3 m (más del 14 % de población
total)
[2010 = 47,7 m proyectado
[2020 = 60,4 m proyectado
[55% (22,4 m) nacidos en EE.UU. (7,7% de población
total)
[45% (18,0 m) nacidos fuera de EE.UU. (6,2% de población
total)
[Más un estimado de 8,4 m de hispanos que inmigraron
ilegalmente].
Dentro de esto, un dato interesante es que más
de la mitad de las personas nacidas en otros países y
que viven en Estados Unidos en la actualidad son oriundas de
América Latina, unos 15 millones de inmigrantes de data
reciente.
Cuando buscan nuevos horizontes, los emigrantes
lo hacen en pos de una vida mejor a la que tenían en
su país natal, ya sea económicamente o con ansias
de libertad política o religiosa.
Y aunque llevan consigo el bagaje de su cultura,
tradiciones e idioma, es un hecho que el éxito de su
migración reside en su asimilación a la sociedad
que los acoge o en la que se insertan de alguna manera.
Este proceso de asimilación, más
rápido en algunos casos, más lento y más
conflictivo en otros, erosiona ese bagaje cultural e inevitablemente
tiene un impacto tanto en el idioma del inmigrante como en el
del país anfitrión. Hay quienes prefieren verlo
como el enriquecimiento natural de los idiomas. Otros se horrorizan
por lo que perciben como degradación idiomática.
Lo más probable es que ambas perspectivas tengan su parte
de razón.
De manera que la preservación o pérdida
gradual del idioma natal es un factor para los inmigrantes a
medida que se van asimilando a su nueva sociedad. En el caso
de Estados Unidos, una encuesta del 2005 de la consultora de
mercadeo Yankelovich, utilizada por CNN en Español, profundiza
este panorama, y ofrece un vistazo de actitudes que sin duda
influyen en el uso y desarrollo del idioma.
Por ejemplo, señala que incluso entre
los hispanos asimilados, el 30 por ciento prefiere hablar en
español, o prefiere alternar entre los dos idiomas por
igual, según la situación. Un dato correlativo
es que las dos terceras partes de esos hispanos asimilados dicen
que leen bien en español.
Siete de cada 10 hispanos dicen que el idioma español
es más importante para ellos de lo que era hace apenas
cinco años, un interesante índice de arraigo idiomático.
Casi las dos terceras partes dijeron que para
ellos el aspecto que más desean preservar de sus tradiciones
y cultura es el idioma español.
Y casi la mitad dijeron que se sienten más inclinados
a comprar marcas que publican sus avisos en español.
Las tendencias que ven los analistas en estas
cifras son que los hispanos se están asimilando, pero
que muchos de ellos retienen gran parte de su cultura hispana
y que la tendencia del futuro irá más hacia una
asimilación bicultural que a la asimilación integral.
Pero subyacente está clara la percepción
de que deben integrarse a la sociedad general para que ellos
-- y si no ellos, sus hijos o nietos --, tengan realmente éxito
en su seno. Y la clave para lograrlo es el idioma: 8 de cada
10 dicen que TODOS los inmigrantes deberían aprender
inglés si tienen intenciones de quedarse en el país.
Por el otro lado, la creciente presencia hispana
en Estados Unidos ha generado una tendencia en aumento de los
estadounidenses angloparlantes interesados en aprender español.
3. La práctica
Lo cual nos lleva al terreno de la interacción
entre los idiomas. Uno de nuestros editores de noticias suele
comentar que dentro de la burbuja idiomática de nuestras
operaciones en español el mayor enemigo que nos acecha
es el inglés. Esto es porque convivimos con el inglés
en el trabajo debido a que mucho del material original que recibimos
de distintas fuentes está en ese idioma…, y porque
es el que habla la sociedad en la que nos desenvolvemos diariamente
cuando estamos fuera de la oficina.
Esto crea la necesidad de estar constantemente
en guardia para impedir que el inglés se cuele inadvertidamente
en nuestra prosa, ya sea como anglicismo o como Spanglish, un
término todavía no aceptado por la Real Academia
ni comentado en el Diccionario Panhispánico de Dudas,
pero que se ve venir…
Es inevitable, y legítimo, que términos
nuevos en inglés dictados por el desarrollo tecnológico
explosivo en distintas disciplinas salten naturalmente al español.
Los llevan los mismos expertos que los usan primero en el campo
de su especialidad y de allí se filtran al uso general.
Vemos esto todos los días en el lenguaje usado sobre
computadoras, en medicina, en las ciencias. El mismo proceso
a la inversa ha enriquecido al inglés a través
de los tiempos.
Lo que no es aceptable, y esta es una de nuestras
reglas básicas en la redacción de CNN en Español,
es el uso de términos ingleses para los cuales tenemos
excelentes vocablos en español. Desde luego, esto es
más fácil decirlo que hacerlo. En la práctica,
la urgencia periodística a veces puede más que
la meticulosidad idiomática. Así como los académicos
pueden ponderar con tiempo y esmero los méritos de un
neologismo, el ritmo de una redacción obliga muchas veces
a tomar decisiones inmediatas.
Permítanme aquí explicar algo
de nuestros procedimientos en CNN en Español para ilustrar
mejor el punto. Los pilares principales de nuestra operación
incluyen la recolección de noticias, su redacción
y su presentación.
En la elaboración de las noticias, además
de los redactores -- y tarea en la que participan también
productores y presentadores -- contamos con un cuerpo de editores
de noticias, cuya tarea es velar por la integridad fáctica
de la información y por la corrección del estilo.
Para contribuir a esto, hemos elaborado un Manual
de Estilo y Referencia, con la colaboración de nuestros
editores de noticias y redactores, que incluye aclaraciones
idiomáticas y gramaticales, guía para traducciones,
y pautas para temas delicados, que tienen que ver sobre todo
con el uso preciso del idioma en las descripciones.
Un ejemplo es el uso de los términos
“hispano” o “latino”. La entrada correspondiente
en nuestro Manual en su última edición impresa,
en abril de 2002, dice: “Un ‘hispano’ es un
residente en Estados Unidos de origen hispano o hispanoamericano.
No usamos ‘latino’ como sinónimo de hispano.
Sólo utilizaremos ‘hispánico’ como
perteneciente o relativo a España”. Pero en años
recientes ardió, y todavía arde, un debate en
Estados Unidos sobre estos términos, tanto en español
como en inglés – Hispanic, Latino. La adjudicación
de una tonalidad política a “latino” para
regionalizarlo y distinguirlo de “hispano” y de
España, particularmente por parte de la comunidad de
origen mexicano en los estados del oeste, ha impulsado su puesta
en boga en una amplia región y ha sido adoptado por muchos
órganos de prensa, por lo que en nuestro estilo ahora
lo aceptamos como sinónimo cuando es necesario evitar
redundancias. En nuestras cadenas en inglés, debido a
su auge en la comunidad, el término predominante es Latino
sobre Hispanic.
Un fervor político similar se observa
en torno a la descripción de los inmigrantes que entran
ilegalmente a Estados Unidos, en cuyo caso sus defensores presionan
para que se los llame “indocumentados”. Nosotros
usamos el término “inmigrantes ilegales”
de manera descriptiva, sustituyéndolo donde es apropiado
por el de “trabajadores indocumentados”. También
hay una creciente y curiosa tendencia entre sus partidarios
a llamarlos solamente “migrantes”, para neutralizar
políticamente el valor descriptivo. Lo que se debate
en estos días en el Congreso de Estados Unidos es una
reforma de las leyes de inmigración, no de migración,
dado que las reglas se aplican a la entrada de personas al país,
no a su salida, a diferencia de la situación en los países
de los cuales parten las corrientes de emigrantes.
En ambos casos, procuramos atenernos a las descripciones más
fieles, al margen de preferencias políticas.
El Manual se mantiene permanentemente actualizado
en una versión electrónica a la que todos tienen
acceso a través de sus computadoras. Además, constantemente
se imparten instrucciones de estilo por correo electrónico
al personal de redacción, a medida que surgen cuestiones
lingüísticas o de traducción que requieren
aclaración.
El propósito de estos instrumentos es
ayudar a usar un español simple, preciso, que sea fácilmente
entendido en todas las latitudes donde se vean nuestros programas.
Necesitamos que el telespectador hispanohablante en Estados
Unidos, cualquiera sea su país de origen, pueda entender
claramente lo que decimos, al igual que los televidentes en
México, Colombia, Argentina o la República Dominicana.
Es decir, un español global, de comprensión universal.
Esto requiere en ocasiones una dosis módica
de arbitrariedad. Nuestro estilo simplemente refleja una manera
preferida, uniforme, de expresión. Eso no quiere decir
que consideremos incorrectas a otras formas, simplemente que
lo preferimos de un cierto modo porque se ajusta más
a esta necesidad de ubicuidad idiomática.
Cuando es apropiado, usamos la palabra vernácula
de algún lugar, añadiendo una cláusula
explicativa, como sería el caso de un informe desde Argentina
hablando de pochoclo, como se lo llama allí… o
palomitas de maíz como se lo conoce en otras latitudes;
desde México sobre papalotes… o cometas o barriletes.
Y aunque para nosotros el árbitro último
en general es la Real Academia Española, hay instancias
en que nos inclinamos por vocablos más tradicionales,
particularmente cuando los recién llegados y bendecidos
por la Academia son anglicismos o simplemente las palabras mismas
en inglés aunque nuestro buen y viejo español
tiene términos apropiados. Como look, por la imagen o
aspecto de personas o cosas, cuando tenemos apariencia; lobby,
por cabildeo o vestíbulo, según el caso; gay por
homosexual; mánager por gerente o administrador o representante;
show por espectáculo; jogging por correr; camping por
acampar; software por programa de computadora, hardware por
equipo de computadora, sponsor por patrocinador, y tantas otras.
Eso no quiere decir que estén proscriptas de nuestro
léxico; simplemente que preferimos los términos
hispanos, aunque ocasionalmente apelemos a los de nuevo cuño
para evitar redundancias.
O usamos vocablos nuevos, que adoptamos aún
antes de que se hayan incorporado al léxico de la Real
Academia, como en el caso de términos provenientes de
la cibernética u otros campos, tales como internet, chip,
o más recientemente, y todavía no aceptadas, como
blog, blogers, y muchos otros.
Más temprano aludí al hecho de
que la urgencia periodística suele atentar contra la
meticulosidad lingüística. En las redacciones tenemos
que tomar decisiones inmediatas, a veces felices, otras no tanto,
y a veces esas expresiones menos felices prenden y encuentran
un nicho en el habla popular.
El apuro por dar la noticia rápido, antes,
implica improvisar al aire, sin textos escritos, una premura
que ocasionalmente lleva a incurrir en errores. Cuando se trata
de errores de contenido son prontamente corregidos. Y cuando
se trata de errores de estilo se toman providencias para que
no se repitan y no se usen en los textos.
A veces los errores provienen de traducciones
defectuosas del inglés al español, al pensar que
las palabras que suenan parecido en uno y otro idioma tienen
el mismo o similar significado… como en el caso de aggressive
que algunos siempre traducen simplemente como “agresivo”
aunque con frecuencia la referencia en ese caso sea más
bien a una acción “enérgica”, no necesariamente
hostil.
Otros vienen del uso de términos que
se ponen en boga y se cuelan en las redacciones periodísticas,
aún antes de haber pasado por el tamiz de la Academia.
Por ejemplo, “zumear” en su forma verbal, derivado
de “zum”, que sí ha sido admitido ya como
castellanización de la palabra inglesa zoom para describir
al teleobjetivo que permite acercar o alejar la imagen.
La tarea de destilación idiomática
requiere atajar el uso de términos en Spanglish, que
no son difíciles de detectar, como en el ejemplo inevitable
de “vacunar la carpeta” (to vacuum the carpet) por
limpiar la alfombra con una aspiradora. O la “troca”
(truck) por camión. O la de ir a comprar “groserías”
(groceries) al supermercado. E incluso expresiones que son una
traducción literal como “te llamo para atrás”
(I´ll call you back) por devolver la llamada. Y mucho
me temo que las nuevas oleadas de inmigrantes estén generando
nuevas expresiones de Spanglish, como “paipa”, por
pipe o sea tubo o caño o cañería.
Esta función protectora del idioma no
es exclusiva de las redacciones periodísticas en Estados
Unidos. Es la labor esencial de las redacciones periodísticas
en toda la región hispanohablante, cada una de ellas
ante su propio asedio de modalidades incorrectas e infracciones.
Ni tampoco es exclusiva del periodismo, sino que se debe comenzar
en el hogar, seguir en la escuela y proyectarse en el quehacer
diario.
Una acotación sobre la universalidad
del idioma que utilizamos.
En CNN la creciente globalización de
nuestras operaciones va acompañada de un proceso paralelo
de regionalización. CNN en Español consta de tres
señales regionales que llegan a más de 20 países:
Pan regional para América Latina en general; México,
a la cual se incorpora programación específica
para ese país; y Estados Unidos, también con información
de más interés para esta nación. En la
selección del material prima el criterio periodístico
acerca de cuales son las noticias más importantes para
el área en particular, además de las noticias
generales de valor intrínseco para todas ellas. Y aunque
buscamos un idioma universal en las tres señales, en
la transmisión para México, dado su alcance específico,
se permite un alto grado de terminología propia de ese
país pero sobre todo impera la necesidad de claridad
y precisión.
4. El futuro
De manera que es aquí donde estamos. Es indudable
que la responsabilidad de los medios de comunicación
en la preservación y cuidado de una evolución
ordenada del idioma es enorme. El adelanto vertiginoso de la
tecnología y de las comunicaciones plantea un desafío
por la facilidad de difusión que les abre a quienes no
son muy cuidadosos del idioma. Pero al mismo tiempo nos ofrece
a las organizaciones periodísticas un vehículo
de cooperación poderoso para difundir la buena palabra
y corregir excesos. Ciertamente, un fruto apropiado y deseado
de este encuentro sería el logro de entendimientos para
esa cooperación.
No hace mucho, una colega me comentó que, en la
opinión de algunos, es en las redacciones periodísticas
de Estados Unidos donde se está forjando el español
del futuro. Frase lisonjera, sin duda…, pero a la luz
de lo que hemos discutido aquí creo que en este campo
el papel del periodismo, aunque importante, es más modesto.
Lo cual no quiere decir que no nos empeñemos con la misma
dedicación y entusiasmo en este quehacer cotidiano y
cambiante que nos lleva por senderos diversos, trillados algunos
y otros por abrir… porque al fin y al cabo, caminantes
somos…
|
Que los frutos de este seminario
sean un tributo a la iniciativa de la Fundación del Español
Urgente, la Fundación San Millán de la Cogolla,
la Asociación de Periodistas Hispanos NAHJ, la Real Academia
de la Lengua, la agencia EFE y todos los participantes, colegas
y académicos, y a la labor incansable del coordinador
general de Fundeu, don Alberto Gómez Font.
Me propongo dividir mi ponencia en dos grandes
temas: los problemas del presente y los desafíos del
futuro.
En cuanto a la situación presente, quiero
dividirla en dos aspectos: primero los problemas inherentes
al manejo del español en los medios de comunicación
y segundo los problemas derivados del hecho de que nuestra agencia
trasnacional de noticias, la Associated Press, tiene su Departamento
Latinoamericano dentro de una organización cuya lengua
principal es el inglés.
El coche, el carro y el misterio del subjuntivo
Pasamos al primero de los dos aspectos.
Nuestra agencia envía su servicio a los 19 países
latinoamericanos de habla española, además de
España, lo que suman 20 naciones, cada una con sus peculiaridades
lingüísticas (No incluyo otras comunidades como
Guinea Ecuatorial o la pequeña colonia hispanohablante
de las Filipinas porque no reciben nuestro servicio en español).
Además de las diferencias que van de un país a
otro, dentro de cada nación también hay variantes
de léxico, que diferencian el habla de una provincia
a otra, de una región a otra.
Por eso tenemos que extremarnos para emplear un español
que sea comprensible, inequívoco y no ofensivo, además
de preciso, económico, transparente y de ser posible
elegante.
Nuestra primera preocupación es hacernos entender.
Ese esfuerzo por emplear un lenguaje común para todos
_una koiné_ nos lleva a extremarnos por evitar los regionalismos.
Estando en Nueva York, recibí una vez un despacho de
nuestra oficina de Chile que hablaba de un "piño"
y les pregunté a los colegas qué significaba.
Era un término que no figuraba en el diccionario de la
Real Academia y no lo conocía nadie en la redacción,
en la que por otra parte no había ningún chileno.
Un colega de Chile me respondió que era un "rebaño"
y se extrañó de mi desconocimiento aduciendo que
el término estaba en el diccionario. Pronto me llamó
nuevamente para disculparse: "ah", me dijo, "dice
chilenismo".
Del mismo modo tratamos de evitar todos los términos
que sean exclusivos de un país o una región, y
si bien los argentinos nos bañamos en una "pileta
de natación" y los mexicanos en una "alberca",
en nuestro servicio usamos el término común de
"piscina".
En síntesis, nuestra primera preocupación es usar
un lenguaje que sea comprensible para todos.
La segunda, es que esa terminología sea inequívoca.
Recuerdo que una vez le tributaron un homenaje a un futbolista
argentino en Colombia. Y para trasladarlo al lugar de la ceremonia,
le preguntaron si quería ir en "coche" o en
"carro".
Resulta que en el Río de la Plata, "coche"
es sinónimo de "automóvil" y "carro"
es el vehículo a tracción animal. A la inversa,
en Colombia "carro" era sinómino de automóvil
y "coche" el carruaje jalado por caballos. Como el
futbolista quería ir en auto, dijo "coche",
y lo llevaron en "carro".
Hace poco se produjeron dificultades en la bolsa de valores
de Nueva York y la noticia inicial dijo que los ordenadores
de Wall Street se habían paralizado momentáneamente.
En nuestra mesa de redacción los dos primeros que vieron
la noticia se hicieron a la peregrina idea de que se trataba
de ciertos trabajadores que habían hecho un paro. Pero
al avanzar en la lectura, quedaba bien en claro que se trataba
de las computadoras.
Previsiblemente, el redactor era español y los demás
latinoamericanos.
Enfrentados cotidianamente con este tipo de problemas, nosotros
tratamos de evitar toda confusión entre "carro",
"coche" y automóvil y empleamos el término
"computadoras" que es el más familiar para
la gran mayoría de los lectores de nuestros suscriptores.
Además de usar un lenguaje comprensible e inequívoco,
tenemos que procurar que no sea ofensivo.
Ustedes saben que en el Río de la Plata nosotros "agarramos"
y no usamos otro verbo más castizo. En Chile se evita
absolutamente el término "pico", y si se emplea
para aludir a "la hora pico" como la hora de mayor
tránsito, se hace con intención maliciosa.
Aun algunas inocentadas conllevan peligro. Si en una tabla de
posiciones de un certamen deportivo abreviamos Costa Rica en
C.Rica, damos lugar a un término que puede resultar ofensivo
al menos en Puerto Rico.
Eson son apenas unos pocos problemas con que nos enfrentamos
cotidianamente en las mesas de redacción. Otros son encontrar
la palabra justa para realidades que tienen distintos nombres
en nuestros países. ¿Cómo se llama el pliegue
que remata la pierna del pantalón? ¿Ruedo, dobladillo,
botamanga, bocamanga? ¿O ese adminículo de oficina
que se da en llamar grapadora, engrampadora, presilladora, abrochadora,
cosedora?
A veces la dificultad responde a deficiencias en la formación
de los periodistas hispanos.
Entre los muchos ejemplos se cuenta lo que podría llamarse
"el misterio del subjuntivo". Es comprensible que
los anglos tengan problemas para lidiar con ese modo gramatical
porque en español está mucho más desarrollado.
Pero los que se ganan la vida escribiendo en español
deberían tener una idea de sus usos y matices.
Es frecuente encontrar el empleo del subjuntivo presente en
una oración subordinada dependiente de otra en indicativo
pasado: "me dijo que venga" en vez de utilizar el
correspondiente pasado del subjuntivo "viniera", o
"quiso que haga" en vez de "hiciera".
A la inversa, una costumbre generalizada es la de usar el subjuntivo
en vez del indicativo en lo que el Manual de Español
Urgente de EFE bien señaló como un resabio del
uso medieval resucitado por los románticos: "Gardel,
que tantas veces cantara..." cuando no hay duda de que
cantó, y por eso no corresponde el modo subjuntivo con
su matiz de duda e incertidumbre.
El participio también tiene sus bemoles, sobre todo en
la vacilación de muchos redactores con el uso de las
formas regular e irregular en los verbos que las admiten. Es
común leer "El presidente fue electo"cuando
esta forma irregular se usa como adjetivo y la forma regular
para las formas verbales. Quizás a los vacilantes les
quede más claro recordar que "el agua bendita fue
bendecida".
En cuanto al gerundio, tiene también una injusta mala
fama producto del desconocimiento general. Más de un
editor de la vieja escuela aconsejaba no usarlo nunca, cuando
lo que corresponde es usarlo cuando se debe.
Uno de los abusos del acosado gerundio responde al olvido de
su función predominantemente adverbial para usarlo en
función de adjetivo, como en "un barco llevando
libros" o "una ley disponiendo" tal o cual cosa.
Otro es el bendito gerundio de posterioridad _por desconocer
que básicamente se refiere a una acción simultánea
o anterior_, que produce despropósitos como "Los
ladrones huyeron, siendo apresados al día siguiente".
La acentuación también da trabajo a muchos periodistas
poco preparados, sobre todo en los monosílabos con más
de una función y en los pronombres.
El verbo auxiliar "haber" también se las trae,
ya que algunos olvidan que es un verbo impersonal que no necesita
concertar con el verbo por ser objeto directo y no sujeto, y
por eso se dice "Hubo fiestas".
En cuanto a la nomenclatura, conviene que los colegas estén
al tanto de las nuevas incorporaciones al diccionario ya que
en algunos casos el uso _y su aceptación_ los ha reivindicado.
Precisamente ahora se puede "reivindicar" un ataque,
calificar un arma de "sofisticada"y usar aunque con
prudencia lo que no se podía antes, que era modificar
un sustantivo con un adverbio _al menos con términos
abstractos_ como en el caso de la "no intervención".
Finalmente considero que conviene hacer hincapié en una
función básica del periodista, que es la de "traductor".
Bombardeados cotidianamente por las jergas o lenguas especiales
del gobierno ("governmentese"), los militares, los
médicos, los abogados, los publicistas, nuestra tarea
es traducir esa terminología especializada a un lenguaje
común que pueda comprender un estudiante promedio de
la secundaria.
Si los médicos nos hablan de "los inhibidores selectivos
de recaptación de serotonina" tenemos que tomarnos
el trabajo de explicar que la serotonina es un neurotransmisor
e indicar por qué el control de su flujo y reflujo es
importante para regular los estados de ánimo.
La actitud ideal es la de no sobrestimar los conocimientos del
lector ni subestimar su inteligencia.
¿Sponsorizar? ¿Qué es esto
para?
Ahora quisiera referirme al segundo aspecto
de esta primera parte de la ponencia: la influencia que ejerce
sobre el español el idioma inglés, dominante en
nuestra agencia. No solamente una de nuestras centrales está
en Nueva York, sino también tenemos corresponsales y
traductores en Estados Unidos que además de escribir
sus propios artículos, editan y traducen las informaciones
en inglés que con la excepción de Latinoamérica
provienen del resto del mundo.
En 1986 hice una encuesta entre profesores de español
y lingüistas sobre el fenómeno del "spanglish",
y en 1996 la amplié a una consulta a 30 profesores en
16 estados de todo el país, incluyendo todos los de mayor
concentración de hispanos.
Las conclusiones fueron muy interesantes.
Por empezar, la mayoría consideró el spanglish
como un dialecto o variación dialectal, fenómeno
fundamentalmente oral, producido por la interacción de
dos idiomas, que nace inevitablemente del contacto _y a veces
confusión_ de dos lenguas y dos culturas, muchas veces
por la necesidad de nombrar nuevas realidades o de suplir el
desconocimiento de términos en inglés.
Pero mientras la mayoría de los consultados del este
y norte de Estados Unidos lo censuraron como producto de la
ignorancia, la incultura o falta de educación, los del
sudoeste lo defendieron por considerarlo una bandera lingüística,
marcador étnico, emblema de liberación de una
lengua subordinada a la coerción de otra, un 'enfant-terrible'
de la cultura; mezcla de irreverencia, humor, afirmación
de independencia y arma de resistencia.
El doctor Odón Betanzos Palacios, presidente de la Academia
Norteamericana de la Lengua Española en Estados Unidos,
consideró el "spanglish" _o espanglish o espanglés_
como producto "del mal uso de ambas lenguas al imperar
la ignorancia o la falta de respeto por esas dos lenguas universales
en contacto".
En cambio en el sudoeste, en la zona que se conoce como "The
Borderlands" y que abarca el sur de Estados Unidos y el
norte de México, se le conoce como "tex-mex"
o "texano". Es interesante notar que algunos profesores
del este que censuraron el spanglish acudieron a la defensa
del "texano" como factor de resistencia e identificación
cultural.
La escritora y profesora Rima Gretchen Rima de Vallbona, profesora
de la University of St. Thomas en Houston, Texas, defendió
el texano y conjeturó que "el latín vulgar
en su proceso de evolución debía escandalizar
a los romanos como nos escandaliza a nosotros el espanglish".
En la encuesta, varios consultados aludieron al "cambio
de código" o "code switching", o sea,
el paso de un idioma al otro hasta en la misma frase, al modo
de quien "starts to speak in English y termina hablando
español"; el "language loss", o pérdida
del idioma de una generación a otra pasando por la transición
de la generación intermedia, y a la "diglosia",
que es la situación que se da cuando una de las dos lenguas
goza de prestigio o privilegios sociales o políticos
superiores.
Dos de los principales problemas del choque de idiomas son los
neologismos y los calcos.
Como bien lo dijo la profesora Milagros Sánchez en el
Congreso de la Lengua Española de 1992, son aceptables
los neologismos _productos de los "préstamos",
o mejor dicho las adquisiciones o importaciones lingüísticas
como dice Lázaro Carreter_ cuando existen "vacíos
léxicos", o sea, realidades todavía sin nombre.
En ese caso, claro está, se aceptan siempre que los sonidos
del término se adapten a la grafía y fonética
del español, como señala Gómez Font.
Pero muchas veces esos vacíos no existen y el neologismo
está de más, como en el caso de uno acuñado
por un medio deportivo sudamericano que se extendió como
reguero de pólvora: el sustantivo "sponsor"
y el insólito verbo "sponsorizar", ignorantes
a la vez de los términos castizos "patrocinador"
y "patrocinar" y el proceso de adaptación de
los vocablos extranjeros al español.
Los avances de la medicina, la ciencia y la tecnología
presentan constantemente realidades en busca de nombre, y los
periodistas _que al igual que los escritores, los traductores,
los académicos_ estamos en las trincheras del frente
de batalla del idioma, necesitamos nombrarlas.
¿Qué les ponemos a "hardware" y "software"?
Los españoles propusieron una traducción elegante
y simétrica con "soporte físico" y "soporte
lógico". Pero en el contexto de la noticia, estos
términos no siempre quedan en claro para los lectores.
En ese caso ¿no es mejor mantener el término en
inglés y entrecomillarlo?
O, a la inversa, ¿conviene traducir siempre los términos
en inglés? ¿Qué sucede si los distintos
medios imponen distintas traducciones para la misma realidad
y terminamos con varios nombres para lo mismo? Rafael Lapesa
prefiere un anglicismo común a una pluralidad de traducciones
que dañaría la unidad de la lengua.
Los calcos constituyen otro problema persistente, o sea, las
voces españolas que por su semejanza formal con otras
inglesas reciben de este idioma acepciones que no tenían
en nuestra lengua.
Esos parecidos de los términos que se dan en llamar "falsos
amigos" se cuelan insistentemente en el habla y muchas
veces en las traducciones y en el periodismo hispano. Es así
como las instalaciones se convierten en "facilidades",
se distribuyen "copias" y no ejemplares de libros,
uno "salva" y no almacena información en la
computadora o "aplica" para un trabajo en vez de solicitar
empleo.
Eso en cuanto a los calcos semánticos. Y en lo que respecta
a los calcos sintácticos, esa costumbre que suele responder
al desconocimiento, la pereza o la fatiga, reproducen el ordenamiento
de las frases del inglés con su abundancia de construcciones
en voz pasiva, la profusión de artículos innecesarios
dada la riqueza de nuestras desinencias verbales o la inclusión
de posesivos que no vienen al caso.
En su extremo, me recuerdan algunas de las ocurrencias de mi
hijito Sebastián cuando hilvanaba sus primeras frases
en español e inglés, y me preguntaba cosas como
"Papi, ¿qué es esto para?"
Ste reXtg c explik 5mentarios
Quisiera pasar ahora a la segunda parte de la
ponencia, los desafíos del futuro.
Y también la divido en dos: el fenómeno de la
comunicación entre la juventud con los nuevos medios
tecnológicos y la nueva herramienta del hipertexto.
¿Por qué esta incursión en la tecnología?
¿Y por qué en este seminario que trata específicamente
del idioma español en los medios hispanos en Estados
Unidos? Precisamente porque la revolución informática
está haciendo sentir su impacto en la manera de leer,
en la manera de escribir y _dicen algunos_ en la manera de pensar.
Y el periodismo en Estados Unidos, del que formamos parte, ya
está sintiendo desde hace tiempo los efectos de esta
ola que avanza incontenible en progresión geométrica.
Si bien los periodistas tenemos que velar por la corrección
del idioma atendiendo a la normativa _que va cambiando con los
tiempos tiranizada por lo que el uso impone_, también
tenemos que prestar atención a este alud innovador que
va abriendo caminos insospechados.
¿Cómo lee, escribe y se comunica nuestra próxima
generación de lectores? ¿Qué recursos tienen
de que nosotros carecíamos y que podría hacerles
reclamar o exigir nuevos rumbos al periodismo?
Interesado por ese fenómeno hice un estudio informal
del modo en que la juventud se comunica en las salas de contacto
social, salas de diálogo y correo electrónico
en Internet, y en los mensajes de texto por medio sus teléfonos
celulares.
Además conseguí el concurso de Dariela Sosa, coordinadora
de publicaciones y eventos de www.aldeae.net en Venezuela, que
a mi pedido hizo una encuesta entre alumnos varones y mujeres
de tres escuelas secundarias de Caracas entre los 13 y los 17
años, sobre las características de su forma de
comunicación.
¿Por qué esa edad? Porque ya no son tan chicos
como para estar bajo el dominio de sus padres _aunque muchos
preadolescentes no lo están en cuanto a sus comunicaciones_
ni tan grandes como para estar ya en el mundo de los adultos,
y además porque como la mayoría tiene los mismos
compañeros de clases durante cinco años se refuerzan
sus hábitos entre sí.
Las comunicaciones entre los adolescentes son vertiginosas.
Aparte de la limitación de espacio para escribir, en
las salas de diálogo establecen varias comunicaciones
simultáneas, lo que les impone también una limitación
de tiempo. Y en los mensajes de texto (SMS, short message system)
que envían por sus teléfonos celulares la limitación
de espacio (y el gasto) les exige apelar a una forma de comunicación
telegráfica.
Los jovencitos han creado toda una jerga que ejemplifica Abraham
Acosta Martínez cuando encabeza un artículo con
la siguiente aclaración: "Ste reXtag sta echo pa
los padres d ijos c/cel".
Así escriben los jóvenes y no solamente en español.
¿Cuál es la frase más famosa del Hamlet?
"2B? Nt2B? = ???" ¿Y cómo empieza el
Paraíso Perdido de Milton? "Devl kikd outa hevn
coz jelus of jesus & starts war".
En español, ¿qué haces? se convierte en
"k acs?", Me siento bien se representa "m 100to
bn", te quiero mucho es "tq mxo" o "tqm",
"n cerio?" es ¿en serio? y feliz cumpleaños,
":) qmple".
La observación de dichos mensajes juveniles en todos
esos espacios electrónicos y en la encuesta venezolana
lleva a la conclusión de que la jerga juvenil comparte
las características siguientes: usa abreviaturas, no
tiene mayúsculas ni minúsculas ni acentos, los
signos de interrogación y admiración los emplea
solamente al cierre.
Los signos de puntuación casi no los utiliza cuando debe
sino para representar emociones en los llamados "emoticones",
o representaciones pictográficas (que también
esos medios electrónicos proporcionan en forma de pequeños
íconos): :) u :-) representan alegría, :( y :-(
decepción, :-<) (con la apertura del paréntesis
quebrado o angulado) es una cara con bigotes, y &-) (con
el signo de y o ampersand) es una cara con lentes. ¿Un
poco de picardía? ()() son las nalgas, (.)(.) los senos
y o()o el miembro masculino. En las versiones de Word 97 y las
más modernas, al escribir varios de esos emoticones se
transforman automáticamente en "dingbats",
esos íconos utilizados tradicionalmente en tipografía.
La jerga juvenil también apela a la representación
fonética y al rebús, que se define como "pequeña
imagen con dibujos, letras y/o números que, de alguna
forma, representa una palabra o frase" como "5mentarios"
o "100pre". Y asimismo al caligrama, o sea, un escrito
en que la disposición tipográfica procura representar
el contenido del texto.
El vocabulario es limitado, las frases breves, la sinonimia
pobre, el recurso alfanumérico con la sustitución
de letras por números como en los casos de 5=S, 3=E o
por signos como % por doble o. Los números a veces ofrecen
frases sintéticas cuyo código hay que conocer,
como 143=I love you, por el número de letras que tiene
cada palabra. En chino mandarín es 520, aprovechando
que en ese idioma el sonido de las palabras que designan los
cardinales representa otras palabras.
La jerga juvenil emplea la fuga de vocales: "t djo"
equivale a "te dejo". Usa más la yuxtaposición
que la coordinación, y ésta más que la
subordinación.
Utiliza coloquialismos, busca expresividad y presenta un estilo
entrecortado. Se le ha calificado de lenguaje rebelde, trasgresor,
práctico, juguetón y a veces confuso.
Acepta préstamos, como las abreviaturas o frases sintéticas
del inglés (lol=lots of lough o loughing out loud, que
equivale a nuestro "me muero de risa" o "qué
gracioso"; xoxoxo=hugs and kisses, besos y abrazos).
A veces acude al recurso del ocultamiento, como cuando los jovencitos
advierten a sus interlocutores que no pueden hablar por estar
presentes sus padres o sus maestros. Los chicos en inglés
usan POTS=Parents over the shoulder, TOS=teachers over the shoulder,
P911=p por parents y 911 el número telefónico
de emergencia.
De 42 adolescentes que participaron en la encuesta venezolana,
37 dijeron que usaban abreviaturas, 20 frases cortas y 5 frases
en clave. De ellos, 18 dijeron que escribían igual vía
Internet que en los mensajes de texto con sus celulares, pero
20 indicaron que en estos últimos los mensajes eran más
sintéticos y las abreviaturas más extremas. Seis
de ellos dijeron que utilizaban el "diccionario" o
"intelligent typing" que les permitía ahorrar
tiempo y en un caso "escribir lindo".
Esta fue una de las menciones que indicaron que _al menos muchos
de los chicos_ están conscientes de los problemas que
tienen con la ortografía. Un muchachito observó
que el "diccionario" le permitía "escribir
sin errores" y una chica dijo que las abreviaturas disimulaban
las faltas de ortografía.
José Antonio Millán, creador del Centro Virtual
del Instituto Cervantes en Internet, dijo que "se trata
de un registro diferente de la lengua escrita que puede coexistir
sin conflicto con la norma correcta... Pero eso sólo
sucederá si los chicos mantienen, paralelamente al hábito
del SMS, el contacto con libros y revistas. De lo contrario
el riesgo es que desarrollen una escritura deforme".
Pedro Luis Barcia, presidente de la Academia Argentina de Letras,
alzó la voz de alarma por lo que considera una "jibarización
del idioma".
Comentó que la jerga juvenil puede "reducir la capacidad
de expresión de los adolescentes y hasta amenazar el
desarrollo de su pensamiento crítico".
"Si a esta caída en la riqueza del lenguaje se le
suma una reducción morfológica de las palabras
se va a potenciar el empobrecimiento del idioma de los jóvenes,
que está directamente asociado con el conocimiento",
agregó.
Asimismo, ante la invasión de lo visual sobre lo textual,
Barcia acotó que "el uso de los emoticones deteriora
el lenguaje", a lo que el experto Jay David Bolter replica
diciendo que "el mismo nombre de emoticón sugiere
que para los escritores y lectores electrónicos, el texto
verbal carece de los recursos para la expresión emocional".
Al hablar de "las jergas que hablan camadas juveniles",
Lázaro Carreter observó que "ninguna generación
ha dejado de tener su propio léxico como una suerte de
contraseña".
"Pero existía, en otros tiempos, cierto respeto
tácito por el modelo referencial de los adultos",
agregó. "Hoy la situación se ha invertido
y son los adultos quienes imitan a los adolescentes y usan sus
deformaciones, neologismos y contenidos significativos alterados".
¿Nos importa a los periodistas cómo se comunica
nuestra próxima camada de lectores? ¿O no vale
la pena prestar atención a un fenómeno de códigos
compartidos por una generación tal como se ha venido
haciendo desde tiempo inmemorial?
Lo que ocurre es que los avances tecnológicos y los nuevos
medios de comunicación han provocado toda una revolución.
Según el Diccionario de la Asociación de Usuarios
de Internet, en España, esta jerga juvenil es "una
forma de comunicarse utilizada diariamente por millones de jóvenes,
una realidad que va a influir en la evolución de la lengua
y de la gramática".
Y entre una generación que trae un nuevo modo de leer
y escribir y los nuevos medios a disposición del público,
los periodistas no podemos ser ajenos a ese fenómeno
si esperamos que nos lean en un futuro próximo.
El texto de senderos que se bifurcan
Y paso al último punto de mi exposición,
el fenómeno del hipertexto, que no es sino ese recurso
que nos ha legado la nueva tecnología de las computadoras,
un texto conectado mediante enlaces que como tentáculos
apuntan a todas las dimensiones del éter para ligarse
a una red textual interminable. Estos enlaces son los "links"
o "hyperlinks" que aparecen en la pantalla cuando
leemos un texto y que nos remiten a otras páginas, permitiéndonos
elegir nuestro curso de lectura.
La gente de prensa los usa en el llamado ciberperiodismo, o
periodismo digital, y aun en los servicios informativos regulares,
cuando al término de las noticias ofrece a los lectores
direcciones de la red en las que pueden ampliar la lectura.
¿Cómo se escribe en hipertexto?
Theodor Nelson, uno de los expertos en la materia, dice que
es "una escritura no secuencial, un texto que se bifurca,
que permite que el lector elija y que se lea mejor en una pantalla
interactiva. Es una serie de bloques de texto conectados entre
sí por nexos, que forman diferentes itinerarios para
el usuario".
El hipertexto aumenta la presencia del lector, que va creando
activamente su curso de lectura, y disminuye la presencia del
autor, que se ahoga en medio de la inmensa red de textos del
que no es más que una voz en medio de un coro. Se difuminan
los límites de la obra y se ponen en evidencia sus conexiones
con otras obras en lo que se ha dado en llamar intertextualidad.
La escritura en el hipertexto ha sido caracterizada como "no
lineal", o más bien "multilineal", para
distinguirla de la lectura secuencial en los libros.
La idea del hipertexto, avizorada ya en 1945 por Vannevar Bush
que lo llamó "Memex", fue anticipada por la
corriente del llamado "posmodernismo" que tuvo gran
influencia en la crítica literaria. El hipertexto no
hizo sino explicitar y dejar en claro lo que esos teóricos
venían diciendo desde hacía décadas.
¿Y qué decían esos teóricos mucho
antes del advenimiento del hipertexto?
Julia Kristeva, que acuñó el término "intertextualidad",
en Problemas de la estructuración del texto, de 1968,
elabora una teoría del texto como un centro sistemático
de signos situados con relación a otros sistemas de significación
de una cultura donde la interacción de los códigos
diferentes, discursos o voces atraviesan el texto".
Roland Barthes, en su S/Z de 1970, escribía que en un
"texto ideal, las redes son muchas e interactúan,
sin que ninguna de ellas sea capaz de sobrepasar al resto; este
texto es una galaxia de significantes y no una estructura de
significados; no tiene comienzo; es reversible; tenemos acceso
a él por muchas entradas, ninguna de las cuales puede
afirmarse que es la principal".
Michel Foucault, en la Arqueología del Saber, de 1976,
decía que "la fronteras de un libro nunca están
claramente definidas... atrapado en un sistema de referencia
a otros libros, otros textos, otras frases: es un nodo dentro
de una red de referencias".
Y Jacques Derrida, en De la gramatología, de ese mismo
año, afirma que "el fin de la escritura lineal es
en realidad el fin del libro... Esta muerte del libro anuncia
una muerte del discurso (de un supuesto discurso completo) así
como una nueva mutación en la historia de la escritura".
Eso decían esos influyentes teóricos antes del
hipertexto. Y ahora que la tecnología ha llevado a la
práctica sus conjeturas, muchas voces creen que los nuevos
medios modificarán el modo de leer y de escribir.
Beatriz Sarlo, en el XI Congreso Nacional de El Diario en la
Escuela, en Argentina, consideró que "esta cualidad
de fluidez temporal, junto a la aceleración..., están
definiendo nuevos protocolos de lectura y nuevas estrategias
de escritura".
"Es difícil concebir que la tecnología no
tendrá un efecto profundo sobre la lectura y escritura
de las futuras generaciones", escribió Robert Kendall.
George Landow, junto con Bolter el teórico más
prominente del hipertexto, anticipa que "promete cambiar
el modo en que leemos y escribimos".
¿Qué consecuencias traerá para el periodismo
y para el modo de presentar las noticias?
El mismo Bolter conjetura que el hipertexto "sugiere una
nueva especie de asalto nietzscheano a la ley del tercero excluido.
En hipertexto, una declaración puede ser y no ser verdadera
a la vez, porque cada afirmación está sujeta a
revisión, a ser modificada o contradicha".
Tal como ocurre con las comunicaciones juveniles, "el efecto
dominante de las tecnologías de computadora será
suministrar foros de representación que tengan más
en común con el cine y la televisión que con la
comunicación escrita".
"La representación perceptual se usa para desplazar
o reemplazar el texto verbal", agrega. "El video y
la animación dominan la pantalla y la atención
del usuario, mientras que el texto verbal es marginado".
Y prosigue: "en general la imagen reafirma y domina el
texto verbal. Las palabras ya no parecen transmitir convicción
sin la reaparición de la imaginería latente. La
misma prosa se esfuerza por tornarse icónica".
"El periódico se está convirtiendo en un
libro de imágenes", agrega. "USA Today y otros
diarios estadounidenses están siguiendo la tendencia
de la televisión de reemplazar palabras con imágenes...
El periódico empieza a parecerse a una pantalla de computadora.
La página se diagrama con numerosos rectángulos
que semejan las ventanas de una pantalla multimedios".
"Ningún texto escrito puede aspirar a competir con
el cine o la televisión para suministrar una imaginería
visual vívida, ni tampoco ninguna película o video
logra visualmente los mismos efectos que un texto escrito mediante
la referencia lingüística", agrega. Y llega
a la conclusión de que la computadora será el
campo de batalla entre lo textual y lo visual, "donde se
decidirá la tensión entre estos dos modos de representación".
Anticipa que el próximo paso de la revolución
tecnológica, la realidad virtual, podría asestar
un golpe mortal al texto "porque en un mundo virtual no
hay nada que conocer aparte de los sentidos".
Bolter conjetura que los textos "tenderán probablemente
a una expresión breve y concentrada, ya que cada unidad
(de lectura) será abordada desde una perspectiva diferente
con cada lectura" y cree que la escritura electrónica
será "más bien aforística".
"Un texto de voces múltiples suficientemente amplio
como para contener y admitir sus propias contradicciones podría
ser la única forma convincente de escribir en el medio
electrónico", agrega.
¿Cuáles son las características del ciberperiodismo?
Al periodista le ofrece la hipertextualidad, la intertextualidad
explícita, los multimedios, la difusión en "tiempo
real" y la libertad de la tiranía del espacio. Pero
también lo pone frente a un lector que ha dejado de ser
espectador pasivo ya que dispone de medios instantáneos
para ampliar, cotejar, confirmar o refutar lo que le propone
el texto periodístico.
Y ese lector se potencia aun más con la nueva corriente
que se ha dado en llamar "periodismo ciudadano" facilitada
por los "blogs", las cámaras digitales y los
teléfonos celulares-cámara que crean la impresión
de que todos pueden ser periodistas o, al menos, recopiladores
de datos e imágenes.
En síntesis, si queremos mantenernos a la vanguardia
o al menos no dejarnos sobrepasar por los acontecimientos _tanto
lingüísticos como tecnológicos_, los periodistas
hispanos en Estados Unidos debemos mantener nuestra lucha por
preservar la unidad y uniformidad de un idioma español
moldeado por las nuevas tecnologías y a la vez avizorar
el modelo del mensaje periodístico del futuro.
*******************************************
*JORGE
IGNACIO COVARRUBIAS, periodista, escritor, traductor,
disertante y licenciado en letras. Es editor desde hace 35 años
en el Departamento Latinoamericano de la Associated Press en
Nueva York, para la cual ha tenido 32 asignaciones a 27 países.
Ha dictado más de 35 conferencias sobre
periodismo en Argentina, Colombia, Venezuela, Puerto Rico, El
Salvador, Honduras, Nicaragua, Panamá, Estados Unidos,
España y la República Checa.
Es autor del Manual de Técnicas de
Redacción Periodística de la Associated Press,
el libro Convergencias editado en Santiago de Chile y Cuentos
Insólitos, selección de cuentos en audiolibros
editado en Nueva York. Escribió para Corel Communications
un libreto de 10 horas de duración para audiolibros sobre
el modernismo literario hispanoamericano. Además contribuyó
al libro Hecho(s) en Nueva York de autores premiados.
Ha sido jefe de redacción de Canales,
copyeditor de la revista La Familia de Hoy, colaborador de publicaciones
en Estados Unidos, México y Argentina, profesor de español
y traductor de más de 20 organizaciones, entre ellas
el New York Times.
Obtuvo la licenciatura (Masters in Hispanic
Language and Literature) en la Universidad del Estado de Nueva
York en Stony Brook.
Ha dado conferencias sobre literatura en la
Universidad de Columbia y la Universidad St. John's en Nueva
York y ha impartido un seminario de traducción para la
New York University, copatrocinado por la universidad y el New
York Circle of Translators.
Presentó su Manual de Técnicas
de Redacción en el Instituto Cervantes de Nueva York.
Participó en el I Congreso Internacional de la Lengua
Española en Zacatecas, México, con un informe
sobre el periodismo hispano en EEUU: "Más salsa
que ketchup", y en el seminario internacional El español
en los medios de comunicación de los Estados Unidos en
San Millán de la Cogolla, España, con una ponencia
sobre el presente y futuro del español.
Ofreció tres disertaciones sobre literatura
y periodismo en la Universidad Carolina de Praga y la Universidad
del Sur de Bohemia, Ceske Budejovice, en la República
Checa.
Ganó cuatro premios de ensayo, tres de cuento y tres
de poesía, incluyendo cuatro primeros premios, además
de dos de periodismo y la medalla de plata como homme de lettres
de la Academia Artes-Ciencias-Letras de París.
********************************************
*ENRIQUE
DURAND es el jefe de redacción de CNN en Español,
una
división de la cadena estadounidense de noticias CNN.
En esas
funciones, supervisa la redacción y revisión de
informes y noticieros
y asesora a productores y presentadores sobre contenido, redacción
y
manejo periodístico de las noticias que difunde la cadena,
que llega
a 17 millones de hogares en Estados Unidos y América
Latina.
Programas selectos de CNN en Español se transmiten también
en Canadá,
España y Japón.
Desde que se incorporó a CNN en Español
como editor de noticias en
marzo de 1997, Durand se desempeñó también
como coordinador de
redacción hasta su promoción a jefe de redacción
en junio de 2001.
Sus tareas incluyen además la compilación y actualización
del Manual
de Estilo de CNN en Español. Participó en la cobertura
de
importantes eventos durante ese período, que incluyeron
los ataques
terroristas del 11 de septiembre de 2001 y las guerras en Afganistán
en 2001 e Iraq en 2003.
Antes de incorporarse a CNN, Durand trabajó
en la Voz de América en
Washington, entre 1988 y 1997, desempeñándose
como jefe del servicio
en español tras cumplir diferentes funciones que incluyeron
la
jefatura de la sección internacional de Radio Martí.
Durante este
período participó en la cobertura de la guerra
en el golfo Pérsico en
1991 y él y su equipo recibieron el premio anual de excelencia
de
programación de la VOA en 1995 por la cobertura de la
cumbre de las
Américas en Miami el año previo.
Entre 1985 y 1988 fue director de la revista
"Américas", la
publicación cultural de la Organización de los
Estados Americanos.
Durand desarrolló una gran parte de
su carrera profesional en la
agencia de noticias United Press International, a la que se
incorporó
en 1962 en Buenos Aires y en la que desempeñó
tareas de reportero,
redactor, editor de noticias, jefe del servicio latinoamericano
en
Nueva York y corresponsal en Washington hasta 1985.
Previamente, trabajó como reportero
y editor de noticias en el diario
Correo de la Tarde en Buenos Aires (1960-1962), período
en el que
también fue redactor de las revistas Análisis
y Leoplán, tras haberse
iniciado en el periodismo en el diario Pregón, de Jujuy,
Argentina, en 1956.
Durand ha participado en jurados de concursos
de periodismo de la
Asociación Nacional de Periodistas Hispanos (NAHJ por
sus siglas en
inglés) y de la Voz de América.
|