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AÑO IV - WASHINGTON DC., ESTADOS UNIDOS -
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ARGENTINA, BUENOS AIRES: El
Dr. José Bonaparte*, paleontólogo
mundialmente famoso, se retiró dolido del Museo Argentino
de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia por la dilapidación
de su patrimonio museológico
Por Marcelo Mendieta |

Dr. José Bonaparte en su
laboratorio del MACN. noviembre de 2005 |
Los
motivos del Dr. Bonaparte
El prestigioso Museo Argentino
de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia (MACN) de Buenos
Aires, Argentina. ha sido noticia tres veces durante el
año actual, y no justamente por alguna actividad
museológica destacada. |
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En marzo último,
lo fue por haber producido once calcos en resina de dinosaurios
luego vendidos a museos europeos; en abril, por carecer de un
plan de seguridad contra incendios, después por la denuncia
de la venta antirreglamentaria de un excelente calco de Amargasaurus,
exhibido en la sala de dinosaurios desde 1993, y por la venta
de la mayor parte de los calcos que integraban la exposición
itinerante del museo. Esos sucesos, sostuvo públicamente
el doctor Bonaparte, determinaron su alejamiento. |
En la foto
se observan las dos réplicas de Amargasaurus que
se exhibían en la Sala de Paleontología del
MACN.
En la exhibición se representan:
Adelante hembra en oviposición
Atrás un macho (posteriormente desarmado y vendido) |
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La última
muestra de la colección de dinosaurios había sido
realizada en el museo de Leyden, Holanda, (2000/03). De los
más de 25 cajones que volvieron de la exhibición
en Holanda, sólo quedan unos pocos. Los demás
calcos han desaparecido y no se encuentran en el subsuelo del
museo, ni en el anexo del jardín, afirma el Dr. Bonaparte.
¿Puede el director del
museo vender discrecionalmente el patrimonio de esa institución?,
se preguntó. Un museo de ciencias naturales se va enriqueciendo
en la medida en que agrega nuevos materiales a sus colecciones
y exhibiciones permanentes.
Si se decide vender, sin otra
razón que la de obtener recursos financieros, parte de
ese material, las salas de exhibición son empobrecidas
y se merma un patrimonio cultural que, por tratarse de propiedad
del Estado, debería ser custodiado con celo por todo
el personal, comenzando por la dirección del museo, opina
el Dr. Bonaparte.
Si a eso se le suma la inauguración,
-añade-, de un denominado bar temático, instalado
a costa de la desaparición de la sala de los gigantes
del mar, la destrucción del calco de un feto de ballena
azul y el descarte del calamar gigante y de la merluza negra,
piezas únicas en la Argentina, por fuerza es menester
preguntarse qué está ocurriendo en el más
antiguo museo de ciencias argentino, de prestigio internacional.
¿Se están tomando
las medidas administrativas, técnicas y presupuestarias
adecuadas para la seguridad y correcta conservación de
las instalaciones y colecciones del MACN? ¿Es investigada
la venta de calcos de dinosaurios y si fueron fabricados especialmente
para venderlos, tal como lo estipula el reglamento de colecciones
del museo?
¿Guardan relación
estos hechos con la advertencia realizada por la Asociación
Amigos del Museo en el sentido que el actual director del MACN
ha solicitado de la Inspección General de Justicia que
le retire su personería jurídica? Estas son las
preguntas que se formula el famoso científico argentino
quien adquirió fama mundial al descubrir restos del Mussaurus
patagonicus, liderando un grupo científico de la
Universidad Nacional de Tucumán, con financiamiento de
la Nacional Geographic Society. Esta institución
realizó filmes y difundió el acontecimiento en
todos los idiomas del planeta. |
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Después
de 26 años de dedicación plena a la investigación
y tarea paleontológica en el museo, renunció
el Dr. José Bonaparte, investigador superior del
Conicet, ya retirado, quien denunció la venta del
Amargasaurus e "incontables fallas básicas
de la dirección del MACN que han afectado mi dignidad
y mi labor en esta institución". |
Trabajando en el el Laboratorio de
Paleontología del MACN durante los últimos
meses de permanencia en el museo, inquieto e incansable
como siempre. |
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El denunciante
hizo mención expresa del desmantelamiento de la exposición
de dinosaurios, la desarticulación de la exposición
itinerante "Dinosaurios de la Argentina", armada tras
muchos años de trabajo voluntario, y la prohibición,
emanada de la dirección, de que los científicos
y los técnicos del museo hagan declaraciones a los medios
de difusión, sin autorización previa.
Toda persona de bien –
sostiene el Dr. Bonaparte - debería aspirar a que el
Museo Argentino de Ciencias Naturales -al igual que cualquier
otro museo público del país-, tuviese una gestión
honesta, transparente, razonable y significativa para el desarrollo
científico y la protección de nuestro patrimonio
cultural. Gestión razonablemente ejercida mediante la
inexorable aplicación de criterios exentos de autoritarismos,
impropios de las labores científicas y, por otra parte,
incompatibles con las modalidades propias de la democracia”.
**************************************
*El
Dr. José F. Bonaparte nació en Santa
Fé, Rosario el 14 de junio de 1928. Luego de terminar
el secundario, realizó numerosos cursos libres de nivel
universitario:
Cursos libres en la Universidad Nancional de Tucumán
en Geología Histórica y Paleontología (Dr.
O.A. Reig); Anatomía Comparada (Dr. K.Gavrilov) en 1960-62.
Cursos libres en la Universidad de Harvard sobre Evolution (Dr.
E. Mayr), Vertebrados Inferiores (Dr. A.S. Romer), Mamíferos
Sudamericanos (Dr. B. Patterson), Faunas de Asia (Dr. Z. Kielan-Jaworowska).
En merito a sus estudios y trabajos, en 1974
recibió el título de Doctor Honoris Causa. Univ.
Nac. de Tucumán, (razón: estudios en Paleontología
Vertebrados). Se realizó consulta internacional de opiniones.
Expendiente Rectorado UNT. 872/974
Durante su carrera como investigador se desempeñó
tambien como Jefe sección Paleovertebrados de la Fundación
M. Lillo, Univ. Nac. de Tucumán, Profesor Titular Paleozoología
II, Univ. Nac. de Tucumán, Profesor Visitante y Jefe
de la Sección Paleontología del Museo Argentino
de Ciencias Naturales "Bernardino Rivadavia"
Recibió 19
subsidios de la National Geographic Society, además
de los varios subsidios del CONICET, SeCyT, Dinosaur Society,
Centro Studi Ricerche Ligabue,
Distinciones recibidas.
- Universidad de Harvard (USA), Associate in Vertebrate Paleontology
en 1968.
- Universidad Nac. de Tucumán. Delegado ante el II Symposium
Intern. de Gondwana, Africa del Sur, 1970.
- Univ. Nac. de Tucumán, Doctor Honoris Causa,1974
- National Geographic Society, 1989: Arnold Guyot Memorial Award.
- Forschungspreisträger (portador de galardón de
la investigación),de la Fun¬da¬ción Alexander
Von Humboldt de Alemania, 1992.
- De la Fundación Konex, 1993, Premio a investigadores
distinguidos.
- De la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas
y Naturales, el premio "Angel Cabrera", 1994.
- De la Asociación Geológica Argentina, "Miembro
Honorario", Octubre de 1995
- De la Asoc. Paleontológica Argentina, 1996, premio
al Mérito Paleontológico.
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La nueva ley que convierte
en implícita la voluntad de donar los propios órganos
para toda persona mayor de dieciocho años, constituye
un hecho que requiere reflexión jurídica. Las
razones fácticas que la motivan son claras e irrefutables:
hay gran necesidad de contar con órganos. Quien ha visto
de cerca la desesperación de los familiares de quien
precisa un transplante, no requiere más explicaciones.
De hecho, se trata de dar solución rápida a una
situación ya creada. Nadie niega las bondades de un transplante
de órganos, siempre que éstos sean expresamente
donados por su titular o herederos. No se trata de ocultar la
enorme necesidad de contar con dichos órganos ni de incentivar
la voluntad de su donación. En una palabra, este fin
generoso no debe ser en perjuicio del buen orden debido en Derecho:
el fin no justifica los medios, ni siquiera cuando es irreprochable.
La pregunta es qué estamos haciendo
con los derechos personalísimos de quienes no ejercen
a tiempo el derecho de rechazar ser “candidatos”
de donación de órganos y ya no pueden hacerlo.
¿No fue suficiente la campaña de donación
de órganos para satisfacer esta necesidad? Si la respuesta
es afirmativa, deberá entonces incentivarse la campaña
con argumentos inteligentes.
Me pregunto cuántas personas en desacuerdo
con lo dispuesto en esta ley, formularán la declaración
que los ponga al margen de este altruismo compulsivo. Las presiones
para que se acceda a donar, son evidentes desde hace tiempo.
Muchos recurrirán, para evitar discusiones, a realizarse
tatuajes que inhiben de ser dador de sangre o cualquier sustancia
orgánica. Otros, en cambio ya celebran que se elimine
el trámite simple de ofrecimiento de órganos.
El cuerpo humano y sus partes componentes
son cosas fuera del comercio, indisolublemente ligados a la
persona, al igual que su identidad, imagen o creencias. Esto
significa que cada persona ejerce sobre su cuerpo derechos personalísimos.
Nadie más que ella –o en estado de inconsciencia
o muerte, su familia– pueden disponer del todo o sus partes.
Por ley puede declararse presunto el consentimiento en determinados
casos, pero un consentimiento presunto en cuanto a lo que se
refiere al propio cuerpo, violenta el espíritu de nuestra
legislación sobre dichos derechos personalísimos.
No puede el Estado arrogarse estos derechos de sus ciudadanos
o sus familias. Lo contrario sería tan impropio como
la expropiación del cuerpo, su confiscación (para
transplantes en tiempo de guerra) o establecer un régimen
de compraventa de sangre, órganos o esqueleto. Un avance
en ese sentido es un atropello jurídico inadmisible y
daría lugar a reclamos de familiares de personas que
no hubiesen expresado, por sí, su oposición a
la donación de órganos. Por fin
llegaríamos a la declaración de inconstitucionalidad
de la norma. Dado que viola el Art. 5 inc. 1 del Pacto de San
José de Costa Rica [1] el cual no pone
como límite de duración de dicha protección,
la muerte.
La ley de donación presunta de órganos
invierte, además, la carga de prestar el consentimiento
respecto de un derecho personalísimo. Imaginemos el caso
de las personas decididas a convivir que omitiesen manifestar
expresamente su voluntad de no contraer matrimonio y por ello,
éste se considerara celebrado. El consentimiento es un
acto positivo que debe prestarse en forma explícita e
inequívoca, no puede ser reemplazado por una presunción
en casos como el que analizamos. Es el Estado el que ha prestado
el consentimiento, en lugar de sus ciudadanos mayores de edad.
La representatividad que éste reviste en calidad de mandatario
de los ciudadanos, lo es para administrar los recursos nacionales,
no los cuerpos de los ciudadanos, ni su voluntad en los actos
personales.
La ley que comentamos crea, por otra parte,
un precedente peligroso desde el punto de vista jurídico.
No puede adjudicarse el derecho de apropiación de bienes
cuyo propietario no haya expresado explícitamente que
no está dispuesto a dar o compartir. Esta iniciativa
abre la posibilidad de que, ante una eventual crisis habitacional
o de medios de transporte, aparezca una mente ingeniosa que,
citando este antecedente, presente un proyecto de ley legitimando
la apropiación de casas demasiado amplias para la cantidad
de ocupantes legítimos, de automóviles con un
solo pasajero, o cualquier otra alternativa que nuestros legisladores
y sus asesores, consideren propicia para paliar el problema.
Es un despropósito jurídico y lógico, obligar
a manifestar expresamente lo que NO se desea hacer. La consecuencia
de ello constituye un escándalo jurídico.
Si esta posición del Estado se mantiene
y avanza en otros órdenes, habrá que ir pensando
en contar con un escribano que reciba nuestras negativas a contraer
matrimonio, comprar inmuebles, reconocer hijos extramatrimoniales,
contratar personal, prestar alimentos a ancianos y menores desconocidos,
donar nuestros bienes, trabajar gratis, dejarnos robar o hurtar,
aceptar intrusos en nuestros propiedades (ocupadas o no), etc.
La donación es un acto jurídico
que requiere la voluntad expresa e inequívoca del donante.
No hay donaciones presuntas u obligatorias. La raíz de
la palabra donar es: “don”, cuyo significado es
dar, es decir, lo que se entrega como regalo, gracia o merced,
Este acto es totalmente diferente a abandonar o consentir que
otro se apodere de un bien propio. No hay aquí donación
en sentido propio, sino la presunción de renuncia a la
integridad de nuestro cuerpo aun después de muertos.
Vivimos desde hace años con modificaciones
legales abruptas que modifican nuestro presupuesto o la disponibilidad
sobre nuestros bienes, lo que nos ha llevado a asumir la situación
de que nuestros proyectos personales se limitan, en el mejor
de los casos, a un período de gobierno. Las decisiones
de la nación dependen de las veleidades de sus dirigentes
o de los grupos de presión. El futuro, por ende, se vuelve
incierto y las personas comienzan a vivir el presente como si
fuese el último día. Una sociedad sin metas trascendentes
comunes, avanza en forma errática y el progreso debe
ser postergado para tener en cuenta sólo la subsistencia.
El dislate ha tenido su corolario en los
últimos acontecimientos vinculados a las elecciones legislativas
recientes: un candidato electo que cambia de bancada, con posterioridad
a la obtención de votos, para escándalo de quienes
lo votaron confiando en su pertenencia al partido que lo lanzó
como candidato; otro legislador elegido que en un comienzo acepta
convertirse en subordinado de quien fue su segundo y abandonar
su banca antes de asumir, para luego volver a cambiar de opinión;
finalmente, el bochorno de una Cámara de Diputados que
impide jurar a un diputado electo en una sesión. La paradoja
es que sobre quienes actuaban como acusadores y defensores de
la moral pública, pesan iguales o peores cargos que el
inhibido de ejercer su derecho. ¿Quién entre nuestros
políticos, puede tirar la primera piedra? Aun los que
no hemos elegido a esos candidatos, nos sentimos burlados e
instrumento inerme de manipulaciones políticas espurias.
Las personas de alrededor de cincuenta años
están estigmatizadas como nunca: los impedimentos para
ascensos en fuerzas armadas, cesantías docentes universitarias
o discriminación de personas que, por su edad y capacidad,
desempeñaron funciones destacadas o estudiaron en determinados
lugares, en épocas en las que la guerrilla disputaba
el poder; todo es tacha en su currículum. Están
a salvo de esta caza de brujas los menores de 40 años
(que en aquellos momentos estaban en la infancia), los mediocres
y los cobardes, que buscaron asilo en otras tierras, cuando
la patria estaba en llamas. Lo que no se dice es que se está
marginando a los que, por su experiencia podrían aportar
valiosas contribuciones a nuestra crisis crónica. Los
nuevos funcionarios, que hoy se regodean en el poder de un pasado
violento, han sacralizado su antigua militancia y sólo
ven crímenes en quienes quisieron detenerlos cuando,
llevados por lo que ellos llaman ideales, sembraron caos y destrucción.
La frágil memoria argentina, sólo recuerda la
represión por las bombas puestas por la guerrilla o a
las “ejecuciones” realizadas contra sus adversarios,
pero no de lo que generó esa represión. Si las
operaciones extremistas hubiesen sido legítimas o aceptables
por la sociedad, hoy no hablaríamos de represión
sino de ataque.
Estamos en presencia de un despotismo vulgar
antítesis del ilustrado que generó violencia en
los tiempos de la revolución francesa. Entonces, los
eruditos generaron cambios profundos y definitivos a través
de la violencia. Hoy no sabemos hacia dónde marchan dirigentes
callejeros semianalfabetos que abusan de la prudencia y tolerancia
de sus conciudadanos, en un cuadro de un gobierno espectador,
y a veces instigador, de desmanes y atropellos para una revancha
indigna.
Es menester un acuerdo sobre los grandes
objetivos de la nación y que éstos sean perseguidos
con ahínco y continuidad, cualquiera sea la ideología
o sector que gobierne el país. La urgencia en elaborarlo
surge de la gravedad del momento institucional que se vive en
nuestra tierra. Este compromiso nacional parece existir en naciones
como Brasil y Chile (particularmente en lo que hace a su política
exterior). Su cumplimiento las ha convertido en naciones previsibles
y confiables a la hora de celebrar convenios internacionales.
Nuestro país, en cambio, se ha mostrado voluble en su
política exterior y en sus medidas de gobierno interno,
esto redundó en que fuese considerado inseguro a la hora
de elegirlo como lugar de inversiones importantes y se manifestó
en aportes internacionales de corto plazo o leoninos, éxodo
de fuentes de trabajo y cerebros, así como en el desaliento
por parte de los votantes a la hora de ejercer su derecho democrático
de voto. Podrá sostenerse que dicho consenso está
ya plasmado en la Constitución Nacional, pero allí
no se establecen objetivos en política internacional
e interna o los económicos, sanitarios, migratorios y
de educación. Solamente se crean las instituciones y
se reconocen derechos y garantías sobre las que debiera
funcionar el mecanismo de gobierno.
Las bases de dicho acuerdo pueden establecerse
a través de una encuesta que se envíe a las instituciones
académicas y cámaras de todo el país, con
un plazo determinado para expedirse. Una comisión integrada
por representantes de todas las entidades encuestadas puede
procesar las respuestas y plasmar en un documento las aspiraciones
de todos los sectores. No se precisan partidas presupuestarias
especiales dado que la participación de los encuestados
debe ser ad honorem. La seriedad y urgencia del momento aseguran
la responsabilidad en la emisión de la opinión
de quienes sean consultados. Sin campañas ni influencias,
la encuesta deberá comprometer al país para la
creación de un futuro más satisfactorio que el
que vislumbramos.
Es triste que la preocupación o la
protesta generalizada, se hayan dado solamente cuando el bolsillo
individual fue desgarrado por un corralito. No fue un reclamo
nacional sino la simultaneidad de reclamos personales, en los
que cada cual exigía se respetase su derecho particular.
La Argentina nos pertenece a todos los que hemos nacido en ella
y será recibida por nuestros hijos sin beneficio de inventario.
No podemos desentendernos de su destino, ni apartarnos de lo
que debe hacerse. Puesto que es obvio que la confianza en los
dirigentes ha desaparecido, sería saludable expresar
la opinión de una manera diferente. Las listas sábanas
o la necesaria participación en cuestiones internas de
partidos particulares, nos han dado a conocer posteriores verdaderos
golpes de estado civiles a la voluntad de la nación.
Nuestra Argentina, mi Argentina, sufre la enfermedad de nuestra
indiferencia, debemos preocuparnos y ocuparnos para que se recupere.
*********************************************
*María
de las Mercedes Esquivel
Abogada
Curriculum Vitae Sintetizado
Formación Académica
Abogada egresada de la Universidad Católica
Argentina (Buenos Aires, 1973).
Especialista en Derecho Aeronáutico y Espacial egresada
del Instituto Nacional de Derecho Aeronáutico y Espacial
(Buenos Aires, 1975).
Miembro de:
- International Academy of Astronautics
(París),
- International Institute of Space Law
(París),
- Instituto Iberoamericano de Derecho Aeronáutico
y Espacial y de la Aviación Comercial, Asociación
Latinoamericana de Derecho Aeronáutico (Madrid),
- ALADA,
- Miembro Correspondiente del Centro de
Difusión de Derecho Aeronáutico y Espacial (CIDA-E)
de Uruguay,
- Instituto de Derecho de la Navegación
de la Academia Nacional de Derecho (Buenos Aires)
- Instituto de Derecho Aeronáutico,
Espacial y de las Telecomunicaciones (Córdoba)
Profesora
- Titular de Derecho Aeronáutico
y Espacial (Universidad del Salvador, sedes Centro y Pilar),
- Adjunta en Derecho Aeronáutico
(Universidad Nacional de Buenos Aires),
Cursos de Post grado:
Ha brindado más de diez cursos de postgrado
en Derecho del Espacio en la Universidad de Buenos Aires.
Cursos, seminarios, congresos y coloquios:
Ha expuesto en más de 50 congresos nacionales
e internacionales. Invitada a participar en el Taller de Naciones
Unidas en Río de Janeiro sobre El Derecho Espacial y
las Naciones en vías de Desarrollo y el Caribe (2004).
Publicaciones:
Más de sesenta publicaciones, artículos
y contribuciones en ediciones nacionales e internacionales.
Otras actividades:
- Presidente de la rama argentina del
Servicio Social Internacional (hasta 1983),
- Becaria del Conicet (hasta 1985)
- A cargo de la Presidencia de la Fundación
Casa de la Cultura de Córdoba y de su Consejo de Estudios
Internacionales Avanzados (desde 2001).
- Directora del Instituto de Derecho Aeronáutico,
Espacial y de las Telecomunicaciones (Universidad del Salvador).
Idiomas
- Inglés
- Portugués
- Nociones de ruso, alemán e italiano.
Lavalle 1527, 10°, Of. 40
1048 Capital Federal – Argentina
Mail: mesquivel@2vias.com.ar
mesquivelmerciel@gmail.com
mesquivelmerciel@hotmail.com
mesquivelmerciel@yahoo.com
[1]
Artículo 5. Derecho a la Integridad Personal, inciso
1:.Toda persona tiene derecho a que se respete su integridad
física, psíquica y moral.
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ETICA DEL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO
PARA EL SIGLO XXI
Por Dr. Francisco Manuel Alvarinhas*
La ciencia no puede explicarnos lo que son las cosas del universo
observable, (los antiguos filósofos las llamaban De Rerum
Natura humildemente La naturaleza de las cosas) sólo
da información descriptiva del mismo y relaciones causales
entre lo observacional a lo cual llamamos :la realidad .El principal
objetivo de la ciencia es el logro de una explicación
lógica y sistematizada de los fenómenos observables,
empíricos o deducibles de otros de posible observación.
La búsqueda incesante
del conocimiento de esa realidad es la búsqueda de la
verdad científica a la que definimos como. . “La
que la ciencia detecta y acota como tal en su momento histórico
y a la luz de su estado cultural Lo que exige
y acota la definición es que cumpla con todas
las premisas formales del conocimiento científico ( Lo
comprobable según la metodología adoptada
y aceptada como científica.).
El criterio de racionalismo
lógico valora más la duda que las afirmaciones
no comprobables.Trasponer este umbral es caer en el territorio
de la metafísica, la teología o la charlatanería.
El científico,
busca la verdad a través de las comprobaciones demostrables,
repetibles y verificábles. La ciencia moderna ignora
toda inmanencia. El conocimiento científico es “autocorrectivo
“: es superable. Lo que lo diferencia esencialmente del
pensamiento no científico que pretende ser: insuperable
( verdad revelada) La objetividad, no es solo un rasgo
del método científico, es la existencia de lo
observado con existencia independiente del observador.
A partir del siglo XX,
vivimos los efectos de una verdadera revolución científica
basada en estos postulados. Se ha constituido en el principal
factor determinante de la evolución del pensamiento filosófico
de nuestra sociedad actual, globalizada pero multifacética
en su pluralidad.
La sociedad en general,
en sus aspectos prácticos o aplicaciones materiales de
las técnicas cambió las formas y los contenidos
sociales, en oportunidades no compatible con la estructura de
la mentalidad humana tradicional poco afecta a ver e interpretar
los fenómenos como procesos lógicos, definibles
y cuantificables. La revolución de la física teórica
en la primera mitad del siglo XX cambió la postura mental
de los científicos de todas las disciplinas del saber.
Y de ello, nuevos enfoques conceptuales nuevos paradigmas y
como corolario muevas y revolucionarias tecnologías de
aplicabilidad industrial, con las lógicas repercusiones
económicas y sociales. Igual evolución se presento
en las ciencias biológicas.
Superado el vitalismo
abstracto y teleológico y también superado el
mecanicismo determinista, la biología se ha vuelto a
complejisar en una lógica estructuralista, comprobable,
cuantificable y verificable por metodologías rigurosamente
científicas. Con la biología molecular se da una
apertura conceptual más lógica y acorde con los
conocimientos actualizados de las ciencias fisicoquímicas.
Procesos celulares que permanecían misteriosos y ocultos
en las sombras del vitalismo pasaron a ser transparentes mecanismos
de membrana, canales iónicos, transportadores, ligandos
y neurotransmisores.
La nueva química
biológica determinó una nueva farmacología
y de ello una nueva terapéutica se impone más
lógica y fundamentada en leyes de las ciencias físico-químicas,
que interpretan la fisiología sobre bases lógicas.
Las leyes de la herencia
pasaron a ser complejas asociaciones moleculares contenidas
en los genes, definibles, localizables y manipulables. La aplicación
casi rutinaria de las nuevas tecnologías de informática
ha cambiado los conceptos de factibilidad terapéutica.
Radioterapia y quimioterapia han modificado amplios sectores
de la patología. La terapéutica genética
ha conmovido las bases mismas de la concepción de la
vida y de la enfermedad.
Todo ello, a más
de la diálisis, los implante de tejidos, homólogos,
heterólogos y de producción por cultivo, y de
órganos protésicos no biológicos, los trasplantes
de órganos, los implante mecánicos y electromecánicos,
la fecundación asistida y la manipulación genética
han hecho irrupción en las bases fundacionales del concepto
de vida y de personalidad humana.
La informática
y los ordenadores en el diagnóstico por imágenes,
la anestesia asistida por ordenador y la cirugía video
asistida minimamente invasiva (intrauterina, intra-cavitarío
cardiovascular, neurológico, urológico, gastroenterológico
o neumonológico) ha cambiado metodología logros
posibles y hasta la misma personalidad de los profesionales
al adquirir mayor dominio tecnológico y operativo. Esta
revolución conceptual y tecnológica acaecida en
las últimas décadas del siglo XX en las ciencias
biológicas en general y en la medicina en
particular, ha producido efectos todavía no bien asimilados
en la mentalidad de los intelectuales de todas las demás
ramas del saber y en la sociedad en general.
Científicos respetables
en sus especialidades no inmersos en la problemática
de la biología moderna no participan en igual medida
de los nuevos conceptos que la tecnología de ella
derivada ha ocasionado en el campo de los valores éticos
de la sociedad ávida de beneficiarse con los nuevos enfoques
que pretenden solucionar viejos males que vienen afligiendo
a la Humanidad desde siempre.
Rápidamente nos
hemos habituado a utilizar los dones de la tecnología
de punta. Pero todavía no nos hemos acostumbrado a aceptar
los cambios éticos que ello conlleva. Gran parte de la
sociedad, científicos incluidos, no se ha
acostumbrado a convivir con la lógica que la ciencia
actual propone y que debería haber quedado ya impresa
en la mente del hombre actual. Se percibe una secreta y honda
resistencia a aceptar el concepto de verdad científica
y objetividad formal que las nuevas fronteras de la ciencia
han logrado en esta segunda mitad del siglo XX. De ello, el
conflicto persistente entre los logros de la ciencia y sus repercusiones
éticas en la sociedad.
La antigua concepción
sumeria de un universo regido por los dioses todavía
sobrevive, pasó a las religiones superiores, a la filosofía
pos aristotélica, a la filosofía cartesiana y
a las ciencias deterministas premodernas.
Un trasfondo conservador
y temeroso al cambio conceptual, aún en los niveles sociales
y culturales desarrollados, impide una flexibilización
que haga compatible la ciencia actual con las posturas
tradicionales creenciales que caracterizan a la gran mayoría
de la sociedad humana. Actitudes conductuales negativas de vastos
sectores de la sociedad se manifiestan periódicamente
y en las modalidades más diversas frente a los hechos
resultantes de los avances técnicos logrados, que
se deben a la nueva forma de pensar las ciencias, no ya
como compartimentos estancos, sino como una globalización
intelectual.
La sociedad actual,
proyectada sobre un nuevo horizonte tecnológico todavía
no completamente conocido y concienciado no atina a encontrar
el sentido de su vivir. Es que un horizonte es solo un límite
visual, nada nos dice que hay más allá de él.
HACIA UNA NUEVA ETICA
Jacques Monod desde
su posición de investigador en biología
molecular, deriva su pensamiento a una interpretación
filosófica que plantea, por una parte, la acumulación
de conocimientos científicos y por la otra, la necesidad
de compatibilizarlos con la mente humana, su necesidad de comprender.
En el eterno diálogo del hombre y la naturaleza, la”
antigua alianza se ha roto, el hombre sabe, por fin, que está
solo en la inmensidad indiferente del Universo, del que ha emergido
por azar.”
Ve al hombre “como un gitano que vaga por el Universo
en el cual debe vivir y que lo sabe sordo a su música,
indiferente a sus sufrimientos y sus crímenes”.
Pero también se pregunta: ¿Quién define
el bien y el mal?.
A la luz de la ciencia
actual se hace imperioso modificar el significante con que se
originó el término “ ética”
(de la raíz griega: éthos : costumbre ) así
como su acepción latina : “moral “ ( moris
: costumbre) . No nos es posible quedarnos con la escueta identificación
inicial, la llamada “moral natural “ en cuanto
impuesta por la naturaleza humana a las variadas formas y modos
de “estar integrado en la sociedad”.
La misma sociedad
que formó al hombre y la que a su vez, es modificada
por el hombre con su continuo accionar en la misma. Si no podemos
definir la ética sin caer en tautologías, si podemos
describir lo no ético como el actuar conductual que agrede
y violenta, a sí mismo o sus semejantes con intencionalidad.
Si no hay intencionalidad no hay anti- eticidad. Ello solo se
produce en el seno de la sociedad. Fuera de la sociedad no existe
el hombre.
Es el pre hombre biológico.
La ética, es el estudio de las normas en que se desarrollan
las ciencias de la vida. Abordarlo con responsabilidad requiere
del conocimiento pormenorizado de la evolución del pensamiento
axiológico de las distintas sociedades a lo largo
de la historia de las mismas. Y ha de abarcar tanto el conocimiento
de las ciencias de la vida en su amplitud epistemológica,
como el conocimiento de } la teoría de los valores en
sus diversas vertientes filosóficas.
Sin querer negar la
importancia de la evolución de la ciencia y del
pensamiento filosófico de las primeras culturas de la
sociedad humana, y el efecto fundacional de los criterios lógicos
que rigieron a su evolución desde sus tempranos comienzos,
creemos que es en estos tres últimos siglos y especialmente
en el siglo XX, que se dan los medios tecnológicos logrados
merced al brusco despegue de las ciencias fácticas de
los dos siglos precedentes, para intentar planteos lógicos
y conductas positivas tendientes a revertir la falta de una
eticidad universal que erradique definitivamente la violencia
y la agresión del hombre y su sociedad.
Dado que la cultura
de nuestro siglo es la resultante de la ciencia y la tecnología
que el hombre moderno ha creado sobre la base del aprendizaje
de milenios, y que ella con su accionar a modificado el vivir
dentro de la sociedad, deberá encontrar la valoración
de ese vivir dentro de la nueva sociedad.
¿Han cambiado
los valores, han sido suprimidos, han sido reemplazados o se
han agregado nuevos valores?. Las posibles respuestas a estas
preguntas constituyen la incógnita de la eticología
del siglo XXI, dado que al abandonar la “ antigua alianza”,
inexorablemente, nos obligamos a considerar la inserción
en la “ nueva alianza” nacida al conjuro de la ciencia
del conflictivo siglo XX.
Cómo estableceremos
ese diálogo en el tercer milenio es la incógnita
que se nos plantea, aquí y ahora, angustiados por
la problemática que genera en la sociedad lo desmesurado
de las posibilidades de la tecnología y lo exiguo
de la felicidad de los hombres en las diversas sociedades de
nuestro planeta. En ningún otro momento de la historia
de la humanidad, ha sido la ciencia y sus logros el motivo y
fuente de esperanza para la solución de la angustia
esencial del hombre en su sociedad.
El hombre de la sociedad
actual, que se creía seguro y protegido con la
garantía del estado de derecho que estipulan las leyes
que tan duramente consiguió instituir en la sociedad
de la Edad Moderna, tras milenios de vivir bajo el imperio de
la agresión y la violencia intrasocial e intersocial
institucionalizada, al no poder alcanzar una eticidad que de
el real sentido de la vida, aun en su sociedad de pertenencia,
está mucho más perplejo que los hombres
de las culturas pretéritas, que estaban asistidos sólo
por los báculos que le suministraban los mitos, las creencias
religiosas y las posturas filosóficas idealistas o pragmáticas
de su segmento de historia.
Estima injustas las
leyes tradicionales de la sociedad, que persiste y admite la
agresión y la violencia intrasocial. Presiente los fracasos
de las ciencias sociales de sus elaboradas interpretaciones
éticas en la sociedad real que le cabe vivir, y que al
no interpretarlo como individuo le hacen dudar de la autenticidad
de la justicia de la sociedad. Su inseguridad social le hace
sentir tangible la inseguridad individual frente a la realidad
conductual de las instituciones de su misma sociedad.
Ha aprendido que los
valores que rigen la conducta humana han estado y están
acotados por la sociedad de su “segmento de historia”
y no por una entidad ideal y genérica a la que
siempre se ha pretendido llamar “la sociedad humana”.
Intuye y no puede aceptar qué la sociedad no vea
la necesidad perentoria de una eticidad universal.
Cualquier posición
axiológica de la ética del conocimiento
científico en una sociedad y en un tiempo histórico
determinado, no podrá dejar de tomar en cuenta al conjunto
de parámetros culturales incorporados y fijados en la
estructura de dicha sociedad y los adquiridos e integrados a
la personalidad de sus componentes dependientes de sus experiencias
personales en dicha sociedad.
El hecho de pertenecer
a una sola y única sociedad humana, la de nuestra especie,
nos alienta y motiva para la tarea de encontrar una eticidad
universal para el Hombre: sobre el solo postulado “
que el fundamento esencial de la dignidad humana es que
todos los seres humanos son iguales y que cada uno tiene un
valor intrínseco”.
Es partiendo desde este
fondo llano, pleno de posibilidades, de donde hemos
de extraer los parámetros conceptuales esenciales
para la interpretación de la conducta social del
hombre actual.
Cuándo formulamos
criterios sobre ética aplicable a la sociedad actual
¿ podremos estar libre de prejuicios culturales inherentes
a nuestra sociedad de pertenencia y formular normas axiológicas
validas para la sociedad humana en general? ¿O debemos
renunciar a tal pretensión y conformarnos con un
relativismo temporo-espacial solamente aplicable a la sola sociedad
de pertenencia y en tiempo presente?
¿Podremos fundamentar
una ética absoluta y universal para el Hombre a partir
de este siglo XXI, el que pretende la vigencia plena de los
derechos humanos explicitada recién en el siglo
XX?
Claude Hurriet, miembro desde el año 2004 del Comité
Internacional de Bioética de la UNESCO, define la reflexión
bioética como “un cuestionamiento necesariamente
pluralista, una reflexión evolutiva que busca el equilibrio
más aceptable entre el progreso de las ciencias y el
lugar del hombre en su sociedad”.
Creemos que sólo
con una metodología crítica basada en el rigorismo
científico aplicada a la investigación sociológica,
y con una base epistemológica sólida se puede
evitar caer en la subordinación argumental de una axiología
relativista basada únicamente en las normas vigentes
en el momento histórico de cada sociedad.
Para lograr una mínima
aproximación a este ideal, deberemos intentar despojarnos
de todo sectarismo filosófico en nuestros juicios de
valor y no atribuir al producto de nuestro estudio observacional
valores que son propios de algunos sectores o parcialidades
de nuestra sociedad actual, cualquiera que sea su dimensión
poblacional y cultural.
Frente a la objeción
de: ¿ Es posible la objetividad total en axiología?
Asumimos una postura esperanzada. Podemos creer que sí,
es posible, siempre que utilicemos la metodología de
razonamiento lógico frente a un dominio de observacionales
factibles para el momento histórico de la sociedad.
No podríamos
concebir el pensamiento como un monólogo solitario fuera
del cual solo existe la nada. Según se expresara
J. Campbell, “La unidad de la raza humana, no solo en
su historia biológica, sino también en la espiritual,
que por doquier se ha desarrollado a la manera de una única
sinfonía de temas anunciados, desarrollados, ampliados
y retomados, deformados y reafirmados, que hoy día, en
un gran fortísimo con todas las secciones tocando al
unísono, avanza irresistiblemente hacia una especie de
poderoso climax, del cual ha de surgir el próximo gran
movimiento”.
Creemos que las palabras
de Poincare resumen esta postura esperanzada: ”Todo lo
que no es pensamiento es la nada, puesto que no podemos pensar
más que el pensamiento y todas las palabras de que disponemos
para hablar de las cosas no pueden expresar sino pensamientos.
Por tanto decir que existe algo además del pensamiento
es afirmación que carece de sentido. Y sin embargo, extraña
contradicción para los que creen en el tiempo, la historia
geológica nos demuestra que la vida es tan solo un corto
episodio entre dos eternidades de muerte. Y que ese episodio,
el pensamiento consciente no ha durado ni durará más
que un momento. El pensamiento no es más que un relámpago
en medio de una larga noche. Pero ese relámpago es todo.”¨
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*Dr.
Francisco Manuel Alvarinhas. Physician. Urology Surgeon
Specialist. Former Division Chief Hospital Fernandez, Buenos
Aires, Argentine. Fellow of some Scientific Argentines Societies.
Honorary Fellow of the Argentine Medical Association. He earned
awards for more than 92 scientific, medical, historic, poetry
and literary works (Fuente: Editorial de la Revista de
la Asociación Médica Argentina- AMA)
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