A los adoradores de Baco, con humor, celebrando
mis 33 años
(crísticos)
de encuentro con la Palabra, con todos mis amigos en la
Palabra...
(Ahora reflexiono sobre la muerte
de Tito).
1 – San Tito
Tito ha muerto. Ha sido mi compañero del
alma siguiendo al converso de Saulo, ahora Pablo, por la gracia
de Dios. Reconfortados por sus palabras, cartas y ejemplo,
crecimos juntos en la verdadera fe, y compartimos las confidencias
de sus viajes como predicador.
Yo, Timoteo, hijo de padre pagano
y madre judía, nacido en Listra de Licaonia, en Asia
Menor, me hice discípulo de Cristo en la flor de mi juventud.
Trabajé por su Evangelio en mi propia ciudad y, desde
la primavera del 50, acompañé a Pablo por Efeso
y Jerusalén, por Frigia y Galacia, por Salónica
y Corintio, por Troya y Macedonia, por Peloponeso y Roma. Pablo
reconoce de mí: “No tengo a nadie que comparta
mejor mis sentimientos... Me ha ayudado, en la predicación
del Evangelio, como un hijo ayuda a su padre”. Y era verdad.
Pero mi hermano Tito también
fue su preferido. Él soportó las penurias y los
gozos que el Señor concede a sus discípulos cuando,
a mi modo, acompañó también a Pablo
en sus correrías apostólicas por Corinto, Nicópolis
del Epiro y Creta, la isla de su trabajo. Si no, Pablo no le
habría coronado ya en la tierra como Apóstol de
Jesús con esta hermosa frase: “Tito, hijo verdadero
según la fe, apóstol y gloria de Cristo”.
Ahora sé que ha muerto.
Y todos sus amigos en la fe se disponen a velarlo, como él
lo merece. Como él lo ha querido.
Menos yo.
Como María de Betania, de
pié sobre la arena de las playas del mar de Galilea donde
esparcía sus dones el Señor de Vientos y Tempestades,
he elegido la mejor parte: ver abrirse los cielos en aquella
mañana luminosa por un nuevo nacimiento a la Vida Plena.
Es Tito, Emperador de la Palabra, quien en su carroza de gaviotas
ecuestres irrumpe glorioso de la mano del Señor de Bondad
y Misericordia, al seno del Padre Celestial...
Su cuerpo ha muerto. Sin embargo,
una lágrima de gozo y extrañeza moja mis pupilas
y quedo en silencio, contemplándolo mientras asciende...
2 – Flavio Tito
Tito ha muerto. Estoy sentado a la vera del río
y las voces del pueblo sacuden aún mis oídos.
El Emperador ha muerto. Tito ha muerto. El valiente defensor
ha muerto. Tito ha muerto, dicen y corren. Expanden la novedad
como una tromba del desierto hasta los confines del Imperio.
Y todos sus amigos se disponen a velarlo, como él lo
merece. Como él lo ha querido.
Menos yo.
Tito ha muerto. Y la tristeza es
una gangrena para el corazón atribulado.
Le he visto llorar a todos porque
Tito ha muerto. Pero yo no he podido correr detrás de
ellos, como hubiera deseado.
Los pensamientos me detienen en
su gloria y mil batallas. Y mi espada de centurión agradecido
por su amistad sin límite se acobarda en el suelo, y
arde bajo el sol de enero...
Las aves que vuelan sobre el verde
Nilo donde reposa mi mente tras la noticia, se llevan junto
a la melancolía y en cortejo, el alma de un Grande: Flavio
Tito, hijo mayor y sucesor de Vespasiano. Su cuerpo ha muerto,
y, con él, su certeza y honradez para el gobierno del
Imperio han muerto también...
¿Qué queda para un
soldado retirado de las huestes que tanta fama y poder han dado
a Roma, sino el recuerdo?
Le he servido cuando fuera tribuno
en Germania y Britania, y compartí su fama de soldado
valiente y codicioso. A pesar de mi edad, consintió por
mi lealtad en hacerme testigo del asedio y toma de Jerusalén
en los 70 y del multitudinario festejo con que Roma celebró
su victoria sobre los judíos rebeldes al pie del Capitolio.
Fui fiel a él y a su padre cuando sofocaron a las legiones
de Julio Civil aliadas a galos, treverios y germanos. Sufrí
los costos durísimos de tales batallas y ayudé
a restablecer la disciplina militar cuando mis propios colegas,
los soldados, se creyeron dueños de la situación.
Saludé con júbilo su genio y decisión al
ordenar construir el Coliseo como monumento a la grandeza y
al coraje romano; también al registrar y dejar constancia
en los relieves del arco que construyera en el Foro o Templo
de la Paz, el uso que hiciera de los tesoros de Judea para devolver
equilibrio a las arcas vacías por las luchas del poder.
Acompañé su breve gozo cuando, después
de la muerte de su padre, aquel lluvioso verano del 79, se ganó
el clamor y las gracias del pueblo que vivió su serenidad
y enjundia de Emperador sensible, al combatir los efectos de
la erupción del Vesubio de ese mismo año y uno
de los incendios más implacables de la ciudad de mármol
Augustiana...
Tito ha muerto. El Emperador ha
muerto. Ahora le sucederá Domiciano. Quizás él
también siga sus huellas... Nunca entenderé cuestiones
de República o de Imperio, ni estaré en discusiones
que los estoicos y cínicos se encargaron de debatir hasta
el exilio. Soy un soldado. Sólo eso, y hoy me toca llorar
la muerte de otro. El inmenso Tito Flavio Vespasiano: que los
Dioses lo arrebaten del vuelo de pájaros para su Olimpo
de Gloria y Eternidad...
(Quién sabe en quién
o quiénes reencarnarán ellos, más allá
del tiempo, sus dotes de cristiano, el uno, y de general
romano, el otro, nacidos ambos a poco de la muerte de un tal
Jesús, a quien anduvo sirviendo, el uno, hasta su muerte
mártir; o de quien anduvo averiguando blasfemias y prodigios,
el otro, hasta su muerte emperatriz...
Sé de alguien, no obstante. Y me lo comento
en susurros montando guardia hoy a la orilla del río
viéndolo volar, ajeno ya a los incidentes de su sentido
velatorio...).
3 – Don Tito
Sí, Don (¿Dom?) Tito ha muerto. Sentado
a la vera de un delegado brazo del río Paraná,
mastico mi angustia por ese tío abuelo que ha muerto.
Don Tito “Alegre”, le apodaban, porque había
heredado dones mágicos para el buen humor y la bondad
como las del Tito Cristiano. Don Tito, “Emperador de Baco”,
le bautizaban, para rociarlo en alcohol con la fama de otros
no tan santos, epicúreos diríamos, como las del
conocido Tito Flavio Vespasiano, glorioso Emperador Romano...
Sí, las voces del barrio que lo amaba sacuden
aún mis oídos. El Emperador ha muerto. Don Tito
ha muerto, decían. El Alegre Tito ha muerto, decían
y corrían, expandiendo a toda la comarca pueblerina la
noticia de su partida sin retorno hasta los confines del Universo.
Y todos sus amigos se disponen a velarlo, como
él lo merece. Como él lo ha querido. En el sitio
que él ha dejado dispuesto por prepotencia testamentaria...
Menos yo.
Que me he quedado aquí, como María
de Betania, eligiendo la mejor parte: escucharlo en soledad
de amigo, riéndose a carcajadas insonoras pero amplificadas
por el viento ahora que vuela alto, alto, como lo hacía
allá, hasta hace poco nomás, en su bar costumbrista
de pobreza y humildad, en trastienda con su laboreo de frutas
y verduras. Sí, viéndolo cómo se aleja
con su carro hortifrutícola de gladiador romano por las
fronteras azules de un cielo entreabierto para él...
La mejor parte: la nostalgia de consejos sabios y bromas de
niño grande, adicto al jugo de uvas como ninguno...
¿Acaso saben qué
decía desatando euforia en épocas donde la alegría
sólo podía comprarse en una reunión de
amigos, allá por la década de los ochenta, después
que un tal Alfonsín, Presidente de su pueblo argentino,
le quebrara el negocio de ramos generales transformándolo
en buscavidas de Sorrouille, su pícaro Ministro de Economía
Nacional?
Les cuento –y me recuento- algo de lo que
él me contaba, o enseñaba, sorbo por medio, del
bueno o del barato, da igual, para mejor decir: “No quiero
hablar para ´no quemar la yerba´, ja”, tras
explicar con gesto absurdo su significado de “cebar mate
con agua hirviendo” o “no quiero anticipar opinión
o ser inoportuno, para evitar equivocarme”...
Sí, me embromaba,, sorbo por medio, dije,
del bueno o del barato, porque daba igual, chanceando: “Quizá
sea Emperador, como me llaman algunos. Entonces quiero que me
coronen, che... Pero no con olivos: eso déjenselo a la
mayonesa rusa, ja. Tampoco con laureles: eso déjenselo
a un chancho adobado, ja. A mí, cuando me muera,
me coronan pero con hojas de parra, ja”, y doblaba el
codo con el estilo inigualable con que ingería otra vuelta
de Merloc... “Valiosa como el cristal, siempre supe que
debía cuidar a mi esposa como a una copa de vino, ja”,
rugía.
Y cosas por el estilo. Cosas
“estudiadas” en una adolescencia callejera transitada
aquí y en Buenos Aires. Cosas como cuando al compás
de una guitarra destemplada, paseara en bote por el Parque del
Sur santafesino cantando a dúo con Goyeneche y
Angel Díaz; “que hasta entonó algo con Troilo
en alguna madrugada de esas”, decía...
Siempre jovial e irreverente, jugueteaba
con sus secuaces de la noche preparándolos para las canas
y el paso del tiempo: “Para llegar a los 75,¡ ¿sabés
cuántos litros me faltan?!, ja”, y estiraba
su vozarrón tremendo ahuyentando coléricas a las
moscas del barcito dominguero... “Miren –sorprendía
expresando a sus compadres de vicio-: ¡besé un
corcho y se puso borracho!, ja”.
Y cosas por el estilo. Cosas
“memorizadas” en la universidad de la calle donde
había criado sus años mozos... Susurro: (“Había
una mujer tan buena, pero tan buena en el barrio, que le decían
´chorizo fresco´.¿ Por qué? Porque
era de hoy y no le podían sacar el cuero..., ja”.
“¿Saben?, cuando nací, apenas me salieron
los dientes, en vez de mordaza, me dieron tapitas de cerveza
para ejercitarlos, ja”)...
Humor de entrecasa, chanzas de metegol
que urgaban el alma de “su” cuadra vecinal, un perplejo
suburbio de barriada en el sur de la ciudad... Confesión:
(“Estaba el ´veterano´ leyendo un libro, y
pasa su nieto por al lado, y le dice: Abuelo, ¿qué
estás leyendo? Y Abuelo contesta: un libro de Historia.
Necesito averiguar sobre mis antecesores ´viti-mológicos´,¿entendés?.
El nieto se fija en el libro y, con estupor, exclama: pero,
¡Abuelo!, ¡eso es un libro que habla sólo
de sexo! Entonces Abuelo, con dulce mirada, responde: Y que
creés hijo; ¿acaso lo ´mío´
ya no es historia?, ja”)...
Dulce tío, tipo sencillo
y locuaz que alardeaba: “¡Soy famoso, soy famoso!.
¿Por qué, Tío Tito? Porque toda palabra
puede terminar con Tito: vientito, prontito, crocantito, vinito...,
ja. Pero tío, vinito no termina en tito. Ya sé,
che; sólo quería saber si estabas atento, ja”,
y vuelta a la risa de la simpleza de niño grande conque
volaba, a los tumbos, montado en un pequeño carro -vacío
ahora de frutas y verduras-, hacia la gloria del Olimpo de Baco...
(“Era tan grande la hamburguesa que me hizo Rebeca, que
tuve un ataque de mandíbulas, ja”) (“Cuando
me voy, mi perro me hace más saludos que cometa sin cola”,
ja. Es bueno éste, ¿eh?, es bueno, che...) Y se
iba a dormir en trance después de despacharse dos partidos
de fútbol por tevé y tres botellas de tinto cabernet
sauvignon, trago a trago, y despacito -"porque hace bien
al corazón"- , como buen probador y tomador de esencias
alcoholizadas...
Sí, Don Tito ha muerto.
Y la tristeza es una gangrena para el corazón estremecido.
Sí, le he visto llorar a todos porque El
Don Tito“Alegre” ha muerto. El “Emperador
de Baco” ha desolado su bodega térmica e hidrométrica
de crianza, como un viñatero empobrecido... Cubas, vasijas
y barricas de roble francés y madera nueva, abandonadas...
Suelo, Encepado, Vendimia, Trasiego y Clarificación,
sólo en la memoria ahora despojada de verdes hectáreas,
campos jugosos y enrulados en un tiempo sin medida como ahora
su espíritu bordolés difuminado...
Pero yo no he podido correr tras ellos, como hubiera
querido, y los pensamientos se me pierden en chanzas sin vuelta
y en aquella gloria trasnochada de bebedor empedernido. (“Pisó
un corcho y se emborrachó, ja”; “Va un tipo
no muy conocedor del oficio al bar y le dice temblando al ´bolichero´:
Por favor, ¿me da un vino?. ¿Blanco o Tinto?,
le preguntan. Eh, en ese orden; ja”). Porque, agradecido
por una amistad sin peros (obsequió casa y comida cuando
la fortuna me fuera esquiva) se acobarda mi ego entonces sobre
el suelo, ardiendo de pena bajo el sol de enero...
(Se va, digo. ¿Ya se
fue?, interrogo. Y una lágrima como de gozo y extrañeza
moja mis pupilas, mientras quedo en silencio, contemplándolo,
cuando él, Don Tito, el Alegre Emperador de Cubas y Botellas,
asciende enhiesto con un Dom Perignon Rosé cosecha ‘86
en mano -cual bastón de mando-, como nuevo dios en el
Olimpo de Baco...).
No hay más lugar. Van a
tener que hacer cola para entrar. Él lo sabía
y así lo dejó escrito en el papel que mostró
su mujer al vecindario. El lugar es chico y no cabe más
nadie por ahora... Aunque con el olor que hay aquí, excepto
por algunos varones, ¡no hay mujer que aguante! Y no es
por el muerto precisamente... Pero a quién se le ocurre
ser velado en una Vinoteca, y de lujo sibarita como ésta.
¡Madre mía! ¡Lo que costó aflojar
al dueño de este local céntrico para que permitiera
semejante sepelio aquí! Entre los finos malbecs, chardonay,
borgoñas, riesling, cabernet sauvignon, tocay, syrah,
friulano, merlot, sauvignon, pinot noir, merlot rose, y los
común y reserva, sin nombrar a la champaña sec,
demisec, brut y extrabut que decora el ambiente, están
todos los gustos aquí... y ¡con el corcho destapado!
(“¡Fuera gaseosas! ¡Retro jugos artificiales!,
puro veneno, che; ja”, juraron que gritó a sus
fieles seguidores desde el cajón cerrado por el perfume
amargo de un hígado añejo bañado en cirrosis,
perforado...) Qué pena para el paladar. Y que ingrato
el hombre. Seguro que a él, como a nosotros –al
muy desgraciado-, la boca se le hace “vino”. Flor
de chiste nos hizo el enólogo Emperador hasta (en) el
final... Flor de chiste, che...; ja.
(Por lo demás, nadie
puede asegurar que, con un guiño cómplice de los
dioses celestes, Tito de Pablo, Tito Vespasiano y Tito El Alegre
Emperador de Cubas y Botellas, juntos a otros tantos Tito que
la historia humana hubiera derramado por ahí, no se hayan
reunido en un día eternidad a discutir blasones, enfoques
y hasta coincidencias astrológicas que les permitieran
descifrar, entre tan disímiles experiencias de vida,
el enigma de haber sido nombrados de la misma manera -por
el misterio de la vida- pero en cabeza de los más dispersos
prototipos antropológicos de última generación
que deparara la genética sin límites del homos
erectus sapiencial).-
[1] Santa Fe (Argentina),
18-07-03. Texto ajustado: 15-07-05. Del libro inédito
“VISIONES EXTRAÑAS–Doctor de Mundos II”
– La Botica del Autor, Santa Fe 2004-2005.
Seleccionado en Género Narrativa para Antología
Literaria Editorial “Los Cuatro Vientos” (Buenos
Aires). Diciembre 2003.
Publicado el 10-09-05 en el Magazín Virtual
LA LUPE.COM – LITERATURAS VANGUARDISTAS (Círculo
Internacional de Literatura Vanguardista y postmoderna).
Primer Premio CERTAMEN
NACIONAL DE CUENTO BREVE “Gastón GORI 2005 (SOCIEDAD
ARGENTINA DE ESCRITORES – FILIAL SANTA FE-ARGENTINA, setiembre
de 2005). Jurado (Lidia Lobaliza de Rivera, Dr. Ricardo Ríos
Ortiz y Eno. Alfredo Di Bernardo – Coordinación:
Dr. Francisco Millán).
Primer Premio 2º Concurso Nacional Año
2005 “COLECCIÓN DE LA ABADIA” –
Asociación Cultural Teatro de la Abadía (Santa
Fe). Santa Fe, setiembre 2005.-
Publicado el 16-10-05 en el magazín
virtual MUNDO CULTURAL HISPANO (Círculo literario de
Alicante – España –Director: Denis Roland-España).
Seleccionado como RELATO
DEL MES: ENERO 2006 - EL ESCRIBIDOR (Foro Literario Archipiélago
- Director: Luis E. Prieto – España). Portal (http://www.escribidor.com).-
*************************************************************
*ADRIAN
N. ESCUDERO. Breviario curricular:
Nació el 12 de enero de 1951 en Santa Fe (Argentina).
Es Contador Público Nacional (1975) y Magister en Dirección
de Empresas (CT - 1998). Domicilio (La Botica del Autor): Obispo
Gelabert 3073 – Te.: (0342) 455-4811 –
E-mails: adrianesc@hotmail.com
y anescudero@gigared.com
.-
Autor de los libros de cuentos
éditos: DOCTOR DE MUNDOS (El Sillón de
los Sueños) (Ed. Vinciguerra. Bs. As., enero
de 2000 - Su versión original de 1980, obtuvo en 1982
el Premio Bienal 1980/1981 de la Asociación Santafesina
de Escritores - ASDE); BREVE SINFONÍA Y OTROS
CUENTOS (Ed. Colmegna. Sta. Fe, 1990), galardonado
con el Premio Bienal 1986/87 de la ASDE (Actualmente con texto
ajustado marzo 2006); y LOS ULTIMOS DIAS (Ed.
Colmegna. Sta. Fe, 1977), ganador en 1978 del Premio Bienal
1976/77 de la ASDE y del IIº Premio Provincial Concurso
“Alcides Greca”(Subsecretaría de Cultura
Provincia de Santa Fe), y, en 1979, del Primer Premio de la
Fundación “ARCIEN – Santa Fe”
(Actualmente con texto ajustado a febrero de 2006).
Asimismo, autor de los libros
de cuentos inéditos: VISIONES EXTRAÑAS
(Doctor de Mundos II) (Depósito en custodia
en la Dirección Nacional de Derecho de Autor: DNDA –
Ministerio de Justicia y Culto de la Nación Argentina:
MJyCNA – Expte. Nº 290681 – F. Nº 71429
–17/11/03. Santa Fe, 2003/2005) y NOSTALGIAS DEL
FUTURO-Antología Fantástica. (Depósito
en custodia en la DNDA - MJyCNA – Expte. Nº 345649
- F. Nº 84271 – 23/08/04. Santa Fe, 2004/2005).
En desarrollo: LOS ESPACIALES
(Doctor de Mundos III); “MUNDOS
PARALELOS y Otros Cuentos para un Semáforo” –
Colección de Realismo Mágico (2005);
EL EMPERADOR HA MUERTO y otros relatos – Colección
de Realismo Mágico; y “DESDE EL UMBRAL –
Terrores Cotidianos y de los otros” – Colección
del Horror: Todo sobre relatos inscriptos bajo registro
en la Dirección Nacional del Derecho de Autor (Ministerio
de Justicia y Culto de la Nación. Además, el Cuento
de cuentos (en desarrollo), LA TORRE DE LOS SUEÑOS
(O los Sueños de la Torre) – Colección Onírica
(Ejercicio escritural presentado oficialmente en su versión
original bajo el título de “La Torre de los Sueños
III”, en la Feria del Libro de Santa Fe – Argentina-,
16-09-05, y como parte de la presentación del Libro “La
Plomada de Don Vitto”, de Trudy Pocoví , sobre
cuyos relatos fuera elaborado).
Galardonado en múltiples
certámenes locales, regionales, nacionales e
internacionales (cfr.: referencias literarias libros
citados), es autor de prólogos y presentaciones
de libros, así como de artículos
de reflexión cultural. Su obra integra numerosos
volúmenes y suplementos literarios de diarios y revistas
culturales impresas: Diarios “El Litoral”
y “La Provincia”, de Santa Fe, y “La
Opinión”, de Rafaela (Provincia de Santa
Fe) y “El Litoral”, de Corrientes;
Revistas TIERRAS PLANAS de Ceres (Provincia
de Santa Fe); MILENIUM (Buenos Aires), y BANCO
CLUB, ROTARY CLUB SANTA FE, PLEAMAR, GACETA LITERARIA, VOCES
y TRAZAS (UNIVERSIDAD CATOLICA DE SANTA FE), de Santa
Fe (Argentina); y ACALAN (UNIVERSIDAD DEL CARMEN
- Estado de Campeche. México)). Es además, Autor-Colaborador
de los Magazíns Virtuales “LA REPUBLICA
DE LAS LETRAS” (Ceres-Santa Fe, Argentina), MUNDO
CULTURAL HISPANO (Alicante, España), EL
MURO CULTURAL DE BUENOS AIRES (Buenos Aires, Argentina);
INVENTIVA SOCIAL: Plaza virtual de escritura
(Buenos Aires – Argentina) y LALUPE.COM
(Buenos Aires. Argentina).
Su producción literaria
participa asimismo de antologías como
NUEVA NARRATIVA – AUTORES ARGENTINOS (Ed. Pegaso
– Rosario, Provincia de Santa Fe, 1987), MESA
DE CUENTISTAS SANTAFESINOS (ASDE y Subsecretaría
de Cultura de la Provincia de Santa Fe, Santa Fe 1996), y CUENTISTAS
ARGENTINOS DE FIN DE SIGLO (Tomo III – Ed. Vinciguerra,
Buenos Aires 1999), entre otras.
Jurado de concursos literarios,
su labor creativa se destaca biográficamente
en la NUEVA ENCICLOPEDIA DE LA PROVINCIA DE SANTA FE
(Tomo I. Ed. Sudamérica. Sta. Fe, 1992), así como
en el BREVE DICCIONARIO DE AUTORES ARGENTINOS
(Ed. Atril. Bs. As., 1999); y en las Selecciones Biográficas
NARRADORES SANTAFESINOS (Ed. Tauro. Sta. Fe, 1994)
y UN SIGLO DE LITERATURA SANTAFESINA (Ed. Culturales
Santafesinas, 1999); también, en la COLECCIÓN
DIARIO “EL LITORAL” (Santa Fe): “Los que hicieron
Santa Fe”, cap. 34 – La Creación
Literaria (2005).
Miembro de la ASOCIACION
SANTAFESINA DE ESCRITORES (A.S.D.E.) desde 1978; de
la ASOCIACION CULTURAL “El Puente” (Santa
Fe) desde febrero del 2004; y, de la SOCIEDAD
ARGENTINA DE ESCRITORES (Filial Santa Fe), desde octubre
de 2004.
SANTA
FE (Argentina) – Marzo de 2006.-
a.e.
|
Héctor Germán Oesterheld
nació el 23 de julio de 1919 y desapareció el
27 de abril de 1977. También desaparecieron sus cuatro
hijas. La página 339 del libro Nunca más desgraciadamente
puede considerarse parte de su obra: “Entonces Héctor
dijo que por ser el más viejo de todos los presos, quería
saludar uno por uno a todos los presos que estábamos
allí. Nunca olvidaré aquel último
apretón de manos [...] Su estado físico era muy,
muy penoso. Ignoro cuál pudo haber sido su suerte [...].
Nunca más supe de él”.
Para Francisco Solano López: “Fue
un gran escritor de aventuras, con sus raíces en Conrad,
Melville y Jack London. Las circunstancias lo llevaron a escribir
historietas en las décadas del cincuenta y el sesenta.
Era el espacio que la Argentina le ofrecía. No había
otro para su rica imaginación y calidad humana de narrador”.
Prácticamente no existe territorio de la aventura que
no haya abordado: en sus historietas encontramos cowboys, detectives,
pilotos de prueba, indios, gauchos, boxeadores, médicos,
corresponsales de guerra, relatos de ultratumba y de ciencia
ficción, e interrumpimos esta enumeración porque
resultaría interminable.
¿Pero qué entendía él por aventura?
Según palabras de Solano López, para ambos “estaba
a la vuelta de la esquina”.
La narrativa aventurera nace con el romanticismo,
con su repudio a las exigencias sociales que coartaban la libertad
del individuo, con su exaltación de la antigüedad
y de las zonas remotas, el culto al heroísmo, la admiración
de las inmensidades oceánicas y la fascinación
experimentada por los ámbitos exóticos. Este enfoque
se vuelve problemático si tratamos su perfil en nuestro
país. Hay pocos escritores del género en la Argentina:
no sólo existen razones de mercado y de tradición
cultural, sino también el hecho de que este tipo de relatos
es propio de los países cuyo desarrollo económico
y tecnológico les permite asumir actitudes de poder internacional.
En un sólido análisis publicado
en el Libro de Fierro N° 1, Juan Sasturain sostiene que
en Oesterheld la aventura rompía con la rutina. En efecto,
no encontramos en su amplio espectro de ficción oficinistas
aburridos ni algo que se le parezca. Por el contrario, sus historietas
nos deparan el sortilegio de la vida plena de acción
y de acontecimientos prodigiosos. Joe Zonda (1958) es un buen
ejemplo de ese vivir a todo vapor que deviene de jugarse la
vida. “En alguna parte se habían tirado los dados,
y su nombre había elegido”, expone uno de los textos,
como si la aventura fuera aceptar el azar y acceder –explica
también el cuadrito– al “torbellino del peligro”.
El autor valoriza el azar a lo largo de su obra. En un episodio
de Bull Rockett (1952) se recurre a los dados para decidir quién
realizará una misión peligrosa, y lo mismo sucede
en El Eternauta 1 (1957). En El Indio Suárez (1955) se
juega con frecuencia dinero y pueden rastrearse distintos tipos
de apuesta en El Sargento Kirk (1953) y Watami (1962),
Asimismo, el elogio del saber práctico
de estos relatos constituye una especie de iniciación
en el aprendizaje de la vida, y su canto a la naturaleza –como
en Ticonderoga Flint (1957), Tipp Kenya (1957), Nahuel Barros
(1957) y Patria Vieja (1957)– facilita el difícil
diálogo que mantiene el hombre con aquella.
Oesterheld otorgó a la historieta de
aventuras ese valor artístico que contenían las
narraciones de Salgari, Verne, Melville, Conrad y Stevenson,
escritores a los que admiraba. Después de sortear las
pruebas y lograr el éxito, el héroe retorna enriquecido,
como si hubiese experimentado un renacimiento que aporta a la
comunidad. Joseph Campbell enuncia en El héroe de las
mil caras, que la aventura “es la expansión de
la conciencia y por ende del ser”. Pero quien más
se nutre es el lector. Por eso Fernando Savater señala
en La infancia recuperada que el afán documental de las
novelas de Verne pretende “proporcionar al lector datos
fidedignos sobre las circunstancias de una aventura que le concierne
más a él que a los personajes que supuestamente
la viven”. La aventura es un estado espiritual que nos
conecta con los mitos que sirvieron a los hombres ya sea para
relacionarse con la naturaleza o para intentar un desciframiento
del mundo y de la vida. Esos peligros que amenazan al héroe,
esos viajes riesgosos por mares bravíos y selvas impenetrables,
ese hender con astronaves los espacios maravillosos del cosmos,
no son otra cosa que la proyección de nuestros sueños
y anhelos. Como afirmó Hugo Pratt: la aventura “forma
parte del patrimonio humano. Es hija de la imaginación
y deriva de advenire: lo que ha de venir, la búsqueda
de algo diferente”.
Oesterheld escribió novelas, como las
nueve del ciclo de Bull Rockett. Eran narraciones de entretenimiento
cuya prosa fue gestada a los apurones y sin corregir, urgida
por la entrega y concebida con el afán comercial de obtener
una venta masiva. Se adecuaba a los cánones de la literatura
de género impuesta por europeos y norteamericanos: tal
vez sea el único escritor de la Argentina y de América
latina que responda a esas pautas. La historieta El Sargento
Kirk, que dibujó Hugo Pratt, fue novelada también
en nueve volúmenes, que irradian un potente aliento épico
al registrar la lucha en el desierto, donde se gana y se pierde,
y donde mueren amigos y compañeros. El autor tiene imágenes
muy nítidas de aquel paisaje, logra volcarlas en la escritura
y demuestra ingenio para describir acontecimientos de acción
física, como ser tiroteos, cabalgatas y luchas cuerpo
a cuerpo. Kirk trae una visión distinta del Oeste norteamericano:
es un sargento del Séptimo de Caballería que cuestiona
la lucha contra los indios, deserta y se une a una tribu tchatoga.
Además, es un personaje torturado e introvertido, al
que acosa su sentimiento de culpa por haber participado en una
matanza de indígenas. Hay talento en el empleo de la
introspección para describir los estados de ánimo
y los conflictos del héroe. Kirk es de alguna manera
un marginado que no encuentra su lugar entre los hombres. Como
Ojo de Halcón, el protagonista de El último de
los mohicanos, aunque ama a los pieles rojas, jamás será
uno de ellos. Ante las semejanzas con el laureado filme Danza
con los lobos (1990), de Kevin Costner, una pregunta se torna
insoslayable: sus responsables ¿habrán leído
El sargento Kirk?
Además escribió cuentos infantiles
y notables relatos para adultos, entre los que se destacan “Sondas”,
“Pequeño Maquiavelo Reforzado”, “El
árbol de la Buena Muerte”, “Los cuentos del
Tipi” y “El diario de un soldado”.
En marzo y abril de 1957, la flamante editorial
Frontera, fundada por él y su hermano Jorge, lanzó
al mercado las revistas mensuales “Frontera” y “Hora
Cero”, a las que se agregaron “Hora Cero Extra”,
“Frontera Extra” y “Hora Cero Semanal”.
La definitiva clausura de este ciclo ocurrió en mayo
de 1963, con el Nº 77 de “Hora Cero Extra”.
Sin embargo, el ocaso había comenzado en 1959. A partir
de esa esplendorosa época de “Hora “Cero”
y de “Frontera”, en todas partes se habla de la
escuela historietística argentina. Sus innovaciones plásticas
marcan un camino que va desde el cinematografismo de Caniff
del que Pratt se independiza, pasa por el vigor realista de
Solano López y desemboca en el expresionismo exacerbado
de Breccia.
¿Qué sucedió para que en esos años
la historieta nacional viviera años tan brillantes?
Es que sus personajes desbordaban carnadura humana y los dibujos
asombraban por su calidad gráfica.
La aventura pone en peligro la vida, pero este
riesgo implica que sea más rica e intensa, que la sangre
corra por las venas, una manera de minimizar su ineluctable
finitud. En cambio, en historietas como Ernie Pike (1957), El
Eternauta (1957) y Mort Cinder (1962), la omnipresencia de la
muerte se tiñe de un tono más sombrío y
pesimista.
En Ernie Pike, este corresponsal relata historias
de la Segunda Guerra Mundial plenas de dramatismo. Impresionan
por su verosimilitud, por la ausencia de tropas que defienden
causas justas, correctas y morales, por la falta de héroes
estereotipados que conducen hacia la victoria legítima.
Sus protagonistas pueden ser tanto aliados como alemanes, su
fin siempre es frustrante porque son víctimas de esa
escalada irracional que es la guerra. Precisamente, dos de sus
historias más estremecedoras están protagonizadas
por alemanes. En “Otra vez en su mundo de antes”,
el soldado Hans Müller cae herido y decide escribir una
carta a su casa, pero muere sin concretarlo. En un alarde de
economía de recursos, sólo cinco páginas
son suficientes para plasmar esta conmovedora anécdota.
En “Maquis”, el soldado Herlmuth Gruber se entera
de la muerte de su familia en un bombardeo, y no duda en ser
fusilado para salvar a una niña francesa que le recuerda
a su hijita. Pero “Desencuentro” es la crónica
que mejor refleja el espíritu antibélico de esta
historieta, en la que la muerte, ese “hedor dulzón,
agobiante de la carne en descomposición”, es consecuencia
del sinsentido de la guerra. El teniente Long proclama: “Justamente
en la guerra es cuando más hay que recordar cuales son
los verdaderos valores del ser humano”, y al frente de
un tanque resuelve desobedecer una orden para acudir en ayuda
de su amigo Holden. Pero Long es herido y enloquece creyendo
que Holden lo abandonó, a pesar de los esfuerzos de éste
para hacerle notar su presencia. El episodio se sumerge en un
patetismo desgarrador cuando Holden muere de un tiro y Long
sobrevive: con tristeza Ernie Pike comenta: “Tiene que
haber un lugar donde estas tragedias hechas de coraje y desencuentros
se anoten a favor de la especie humana”. El personaje
se inspira en un corresponsal de la vida real, Ernie Pyle, que
conmovió a los lectores con sus crónicas desbordantes
de humanidad. Aquí también estuvo Hugo Pratt,
que estaba cambiando el rumbo de la gráfica. Su figuración
se alejaba de cualquier sumisión a la ilustración
o al cine, y se erigía en una estética autónoma,
incanjeable, que se nutría de esplendentes aguadas, manchas
aplicadas con pincel, onomatopeyas, líneas cinéticas
y una sabia distribución de blancos y negros. Hugo Pratt
hizo evolucionar la influencia señera de Milton Caniff,
y gravitó en todos los dibujantes de esa época.
Su imagen no fue tributaria del cine, sino autónoma.
No necesitó de ningún paternalismo, por sí
misma pudo demostrar que la historieta era un arte con un lenguaje
propio, sin complejos. Las manchas tuvieron en Ticonderoga Flint
un sentido estético más amplio y rico que
en Caniff. Se erigió en algunos cuadritos como expresión
pura. Pincel seco, árboles y personajes siluetados en
negro conformaron un desfile apabullante de bellas viñetas.
Pratt, como apuntó Oscar Masotta, “termina por
forjarse –a raíz de Caniff, con Caniff, contra
Caniff y sin Caniff– un verdadero y original estilo de
narrar”.
El esplendor visual planteado por la editorial
Frontera fue tal que se dio el lujo de contar con un artista
de la talla de Arturo del Castillo, cuyo manejo de la pluma
en Randall, the killer no tiene nada que envidiarle al gran
Alex Raymond. Es un orfebre de la ilustración y posee
un oficio de primera que se manifiesta en las tramas y en las
sombras planas. Sus viñetas son prodigios de composición,
auténticos frescos dignos de un Harold Foster.
El dibujo de Carlos Roume en Patria Vieja y
en Nahuel Barros es personal, totalmente alejado de los estereotipos
norteamericanos. Su estilo rústico se adapta a la temática
nacional y logra representar con mínimos recursos fortines
y escenarios naturales. Juan Arancio continuó Patria
Vieja y reveló ser dueño de un lápiz superdotado
para plasmar cuadros de acción y paisajes del país.
Hay en sus trabajos síntesis gráfica unida a alardes
visuales.
Mort Cinder es un proyecto ambicioso de Oesterheld
y de Alberto Breccia. (Ya en Sherlock Time de 1958, el dúo
había registrado un clima sombrío y tortuoso de
Buenos Aires y sus alrededores). El anticuario Ezra Winston
convoca a Mort Cinder, un muerto que protagoniza sucesos funestos
encarnando a distintos protagonistas. Es un nuevo ejercicio
sobre el espacio-tiempo que le permite a los creadores recorrer
varias épocas de la historia (la batalla de las Termópilas,
la torre de Babel, una penitenciaría en Oklahoma en 1925,
etcétera). Un aliento trágico campea por sus episodios,
dando a entender la inutilidad de las aspiraciones humanas:
el destino inexorable se encargará de frustrarlas (“La
muerte llegará como un desesperado cansancio”,
sostiene uno de los personajes). La labor que despliega Breccia
es colosal, una hazaña del grafismo: el claroscuro adquiere
potencialidades expresivas desconocidas hasta entonces en la
historieta. El artista se asume como un incansable investigador
de nuevas sendas, experimentando con collages y técnicas
renovadoras que crean secuencias de inusual belleza. “El
dibujo de Breccia tiene una cuarta dimensión de sugestión
que lo aparta de los demás dibujos que conozco”,
ha dicho Oesterheld. La calidad plástica y la perfección
del guión sitúan a Mort Cinder entre las mejores
historietas de todos los tiempos.
Este profundo escepticismo sólo asoma
en otra obra maestra también ilustrada por Alberto Breccia:
Richard Long (1966), un policial duro en el que no se cree en
el amor y que hubiesen podido rubricar escritores como el Horace
Mc Coy de ¿Acaso no matan a los caballos? o el David
Goodis de Viernes 13. Una mujer es amada por Richard Long, pero
éste permite que la asesinen a cambio de dinero. “Siento
lo de Marie. Pero no hablemos de ella. Ninguna mujer vale tanto”,
le dice quien le paga. En Lobo Conrad (1958), un criminal que
abandonó a su familia decide reparar su vida haciéndose
matar por su hijo –que ya no lo reconoce–, para
que a éste lo asciendan como policía montado.
En Watami el guión ensalza los códigos
y las leyes de los indios desde adentro, pues ellos son protagonistas
de la historieta tanto como la violencia y el arrojo. Está
el dibujo de Julio Moliterni, que obtuvo uno de los picos de
su brillante carrera mediante un registro vívido del
paisaje. (Moliterni ya había demostrado sus dotes en
un episodio mudo de Leonero Brent (1958), otro western guionado
por Oesterheld.)
El Eternauta, que comenzó a salir por
entregas el 4 de septiembre de 1957 en la revista “Hora
Cero Semanal”, representa la cumbre de la historieta argentina.
Por su trascendencia y repercusión se la considera iniciadora
de la ciencia ficción en nuestro país. Su novedad
consiste en que la clásica invasión extraterrestre
se desarrolla en Buenos Aires; así sus principales
secuencias de acción ocurren en la cancha de River, en
la avenida General Paz y en la Plaza del Congreso. Cuatro amigos
están jugando una partida de truco en Vicente López
y, de golpe, se ven enfrentados a una invasión alienígena.
En cierta forma retoma el esquema de Rolo, el marciano adoptivo
(1957), donde un maestro de escuela y los miembros de un consejo
directivo de una sociedad de fomento barrial se complican en
un suceso cósmico.
Pero lo que en Rolo era alegría, humor
y brisa refrescante, en El Eternauta se torna opresión
y angustia con ribetes de balada mortuoria: Juan Salvo –el
protagonista– dice: “Las calles cubiertas por la
nevada aparecían envueltas en un sudario pavorosamente
bello”.
Es asimismo una ficción especulativa
sobre el tiempo y su ruptura cronológica, tan cara a
la ciencia ficción. Juan Salvo, El Eternauta, define
su particularidad de “navegante del tiempo, de viajero
de la eternidad, mi triste y desolada condición de peregrino
de los siglos”.
La muerte, que en Ernie Pike era una tragedia
colectiva, adquiere en El Eternauta el carácter de destino
ineluctable, de cul-de-sac apocalíptico: “todos
los caminos llevaban a la muerte”, explica un texto. El
lector devora con ansiedad la historieta sabiendo que los personajes
no se salvarán. Este clima irrespirable y persecutorio
que tiene lugar en conocidas calles de Buenos Aires, y donde
intervienen monstruos extraterrestres como los “cascarudos”
y “gurbos” –meras herramientas de los “ellos”,
los verdaderos engendros con vocación imperialista–,
recuerda los pasajes más brillantes de un clásico
de la literatura de anticipación: El día de los
trífidos (1951) de John Wyndham.
El Eternauta también reitera un leitmotiv
que contenían Ernie Pike y Mort Cinder: empleando una
terminología propia del realizador Ingmar Bergman podríamos
hablar del silencio divino. Es como si Dios hubiese abandonado
a las criaturas humanas a su desgracia o, con más propiedad,
como si definitivamente no existiera: “La vida traza una
parábola cruel y voluptuosa desde el nacimiento hasta
la muerte, es [...] hermosa y espantosa, sin compasión
ni sentido” (El demonio nos gobierna, 1948).
El guionista despliega en El Eternauta una
pasión imaginativa deslumbrante, y tanto su astucia como
su dinamismo narrativos para exponer el terror tecnológico
evocan al H.G. Wells de La guerra de los mundos (1898). Prueba
ser un grande, y obliga al joven Francisco Solano López
a estar a la altura del maestro y convertirse en un grande a
través de un enfoque que optimiza la acción y
que entronca la historieta con el gran realismo de todos los
tiempos. Sus conceptos gráficos imponen un nuevo derrotero
al dibujo volviéndolo más independiente, con un
relato fluido, propio del arte de los globos y cuadritos. Su
trazo vigoroso, su calidez en el diseño de los personajes,
su destreza en las manchas negras, así como una ágil
planificación, estaban revolucionando el noveno arte.
Al preguntársele por su estética, responde que
“Consiste en preocuparme lo menos posible con la estética
y lo máximo con la narración gráfica y
la credibilidad de los protagonistas”. Según el
guionista Ricardo Barreiro, Solano López es “uno
de los mejores narradores gráficos de la Argentina”.
Y, aunque no tuvo participación en el texto de Oesterheld,
le había comentado previamente que quería dibujar
“una historia de ciencia ficción diferente en el
sentido de que sus personajes debían ser reales, convincentes
y cotidianos. Que el lector pudiera reconocer en ellos gente
común de su entorno”.
En 1969 este argumento con ciertas variantes
fue ilustrado por Alberto Breccia. Apareció en la revista
“Gente” y la decisión del director de suspender
su publicación obligó a Oesterheld a acortar abruptamente
el guión. Esta circunstancia le quitaba fuerza y ritmo
a la historieta, la que impresionaba más como una sinopsis
que como una narración. Pero el dibujo de vanguardia
de Breccia viraba el sentido a la trama: su experimentación
expresionista acentuaba los rasgos atormentados y angustiosos.
El grafismo era el verdadero protagonista de
esta versión, por cuanto Breccia no ocultaba su afán
de realizar una obra adulta de alto nivel artístico.
También hay un notorio giro ideológico en la historia:
las grandes potencias para salvarse negociaban con el invasor
extraterrestre y le entregaban Latinoamérica. Favalli,
uno de los personajes sentenciaba: “¿De qué
te extrañás, Juan? Si en verdad los grandes países
nos tuvieron siempre atados de pies y manos... El invasor era
antes los países explotadores, los grandes consorcios...
sus nevadas mortales eran... la miseria, el atraso... Teníamos
que habernos defendido antes, Juan. Cuando todavía era
tiempo. Antes debimos odiar lo que nos debilitaba”. Este
tema reaparece en Guerra de los Antartes (1970), con dibujos
de León Napoo, de la que hubo una remake inconclusa en
1973 con arte de Gustavo Trigo.
El mismo Alberto Breccia confesó que
se trató de una obra no lograda, que faltó tiempo
porque su publicación fue cortada caprichosamente por
el editor: no pudo madurar la experimentación que había
comenzado y todo quedó a medio camino. No obstante, en
Italia tuvo un éxito enorme y le abrió al dibujante
las puertas de Europa: fue la primera historieta latinoamericana
que se publicó en la revista “Linus”, y se
la consideró una obra maestra.
Oscar Tafetán, en el diario “La
Razón”, señaló con relación
a la posterior serie televisiva V: invasión extraterreste
(1984-85) –en la cual el poder central de la Tierra también
acordaba con los invasores– que de alguna manera sus guionistas
habían leído la historieta.
Este sesgo político se acentúa
en la segunda parte de El Eternauta (1976), también con
arte de Solano López. Aquí auténticas guerrillas
luchan contra el invasor y Juan Salvo se asume como un héroe
iluminado que capta ondas mentales y vislumbra el futuro. A
su vez, el clima de angustia cede lugar a conjeturas sobre el
espacio-tiempo. Sin embargo, narrativamente esta parte es mucho
menos convincente que la primera. Las especulaciones temporales
son seudocientíficas, y resulta poco convincente el artefacto
denominado “cronomaster” o “manipulador del
tiempo”. El guionista no está inspirado y apela
a golpes de efecto. Los personajes se aterran ante algo insólito
y lo señalan, pero este recurso es tan reiterativo que
termina por dejar indiferente al lector. Consciente de tal carencia,
el guionista rememora escenas antológicas de la primera
parte, como si así pudiera insuflar idéntico destello
a esta continuación. El mismo Solano López reconoció
que “La intención ideológica de Héctor
y mi desacuerdo con ella, resultó en que ninguno de los
dos hombres hubiera quedado satisfecho con el trabajo. Yo porque
no logré despojarlo totalmente de ese contenido y Héctor,
imagino, porque no logró cumplirlo íntegramente”.
Siempre persistió en el ámbito
historietístico la intención de continuar la peripecia
de El Eternauta. Así, en 1981 apareció esa apócrifa
y cuestionada tercera parte llamada “Traición alienígena”,
cuyo guión se atribuye al italiano Alberto Ongaro, una
obra a la que Solano López siempre le tuvo bronca.
Hubo también historias alternativas,
como las treinta y dos páginas guionadas por Segio Kern
a mediados de los ochenta y que se tituló “El perro
llamador”, en el cual El Eternauta se corporiza en un
planeta habitado por niños que viven en cavernas. Solano
López sólo dibujó el primero de los cuatro
capítulos que integran la historia, y espera que alguna
vez salgan a la luz en su totalidad.También a principios
de los noventa Juan Sasturain propuso “La Vencida”,
una historia que no prosperó porque –según
Solano López– giraba hacia el género policial
más que al de ciencia ficción.Otra historia paralela
es “El mundo arrepentido”, de 1997 y con guión
de Pol (Pablo Maiztegui), que gustó mucho a Solano López
a pesar de su audacia (hay vacas y toros en Marte).
Dos guiones escritos por Gabriel, el hijo de
Solano, no fueron dibujados.
“El Eternauta–Odio Cósmico”, con dibujos
de Walter Taborda y Gabriel Rearte, que comenzó a guionar
Ricardo Barreiro y luego continuó Pablo Muñoz,
es una continuación de la tercera parte e intenta desentrañar
el origen de los “ellos”, historia de la que se
publicaron tres entregas. Precisamente Muñoz opina que
Oesterheld se inspiró en dos novelas de Robert A. Heinlein
para gestar su epopeya: Amo de títeres, en la que los
invasores extraterrestes operan como parásitos en el
cerebro de los humanos, y Tropas del espacio, según la
cual unos insectos gigantes invaden Buenos Aires.
Y está “El Regreso”, que
continúa la primera parte de El Eternauta. El guión
es de Pol, quien revela tener un gran coraje al animarse con
una creación de Oesterheld. Si bien las historietas se
hacen en equipo y muchas veces es difícil identificar
al creador de un personaje, y éste va evolucionando de
acuerdo a los dibujantes y guionistas que lo trabajan, el caso
de El Eternauta es un hecho singular porque se trata de la cumbre
del género en la Argentina. Según aclaró
el dibujante en el libro Solano López en primera persona,
“se produce un triángulo, un tironeo entre Martita,
Juan y el Mano que, de alguna manera, representa la situación
de muchos hijos de desaparecidos”. Y aclara que no se
trata de un panfleto como en la versión de 1976, sino
de una mirada sobre la actualidad a través de una metáfora
del futuro que privilegia la aventura.
“El Regreso” ocurre en el año
2003, cuarenta años después del primer contacto
ocurrido el 8 de mayo de 1963. Es sumamente imaginativo el guión
de Maiztegui –basado en una historia original de Solano
López–, que ha desarrollado un argumento complejo,
de frecuentes raccontos, con constantes giros y ramificaciones
de la trama. Está toda la inventiva de una tecnología
sofisticada que menciona pilas de antimateria, campos de fuerza,
cámaras criogénicas y el acceso al continuum.
Los diálogos de Pol son concisos y funcionales,
hacen que la narración avance mediante las imágenes.
La historia se abre en varias situaciones paralelas, dando lugar
a un montaje impecable de escenas de acción con un excepcional
y vigoroso planteo gráfico por parte de Solano López:
en cada viñeta hay un constante movimiento que se transmite
a toda la página.
“El Regreso” privilegia el sesgo
aventurero caracterizado por persecuciones, fugas y huidas,
en donde un grupo liderado por Juan Salvo y Favalli lucha contra
los invasores. Hay en los dos primeros libros –“Martita”
y “Ushuaia”–suspenso y misterio, especialmente
en las secuencias que tienen lugar en los abandonados túneles
de los subtes. El Libro Tres, “Vicente López”,
completa la saga.
Aunque no se puede desconocer que el público
está volcado masivamente al cine y al video y gusta de
películas como la serie Matrix (una audaz combinación
de artes marciales, de animación por computadoras, de
video juegos, de la vertiente cyberpunk de la ciencia ficción
y de una indagación filosófica que Jorge Aulicino,
de “Clarín”, ha bautizado como “la
épica religiosa en un mundo post-industrial”),
hay proyectos de filmar El Eternauta, así como de escribir
novelas y de seguir produciendo historietas que lo tengan como
protagonista. Es que el convincente impulso imaginativo de su
desgarradora historia presenta personajes ricos y contundentes
como para justificar su abordaje en este complejísimo
siglo XXI..
Sin embargo, hay varios críticos que
cuestionan la ciencia ficción porque ha proyectado hipótesis
que al final no se cumplieron. Pero, lamentablemente, un vaticinio
del género se está consumando: el de anunciar
un siglo XXI sumido en la antiutopía. Así, Juan
José Dimitta en la revista “Lea” refiere
la afirmación de un personaje de las célebres
Crónicas Marcianas (1950), de Ray Bradbury: “Por
mucho que nos acerquemos a Marte, jamás lo alcanzaremos
y nos pondremos furiosos ¿y sabe usted qué haremos
entonces? Lo destrozaremos, le arrancaremos la piel y lo transformaremos
a nuestra imagen y semejanza”[...]. Luego vendrán
los grandes intereses, los representantes de minas y el turismo”.
Cualquier parecido con la reciente invasión a Irak por
parte de los Estados Unidos es mera coincidencia.
Entendemos que la ciencia ficción –más
allá de la maravilla de los efectos especiales que brinda
el cine– es un género irreemplazable para realizar,
a través de la fantasía, un vuelo poético
propio y, asimismo, explorar el presente de la humanidad desde
un presunto futuro.
Por ello continuar El Eternauta por cualquier
medio expresivo es altamente auspicioso. Como opinó Alberto
Breccia sobre la obra del guionista: “En su conjunto es
insuperable. [...] Oesterheld fue un hombre que marcó
la historieta, y ésta es antes y después de él
porque la revolucionó a nivel mundial”.
Guía cronológica
1951
Alan y Crazy, narra las aventura de dos agentes ingleses. La
dibujó Eugenio Zoppi.
Lord Comando, de guerra, con arte de Paul Campani.
Ray Kitt, policial, con gráfica de Hugo Pratt.
1952
Bull Rockett (algo así como Toro Cohete) (1.2.52), un
piloto de pruebas. Dibujada por Paul Campani hasta 1955; fue
reemplazado por Francisco Solano López, al que sucedió
Julio Schiaffino.
1953
El sargento Kirk (9.1.53), un sargento de caballería
que deserta del ejército norteamericano. Tuvo como dibujante
a Hugo Pratt. A partir de 1959 la comenzó a graficar
Jorge Moliterni. Luego vinieron Porreca y Gisela Dester. En
1972, nuevas aventuras fueron dibujadas por Gustavo Trigo para
la revista “Billiken”.
1954
Tarpón, de ámbito marino, arte de Daniel Haupt.
Doc Carson, médico cowboy, con gráfica de Carlos
Vogt.
El mescalero, sobre indios norteamericanos, dibujada por Ivo
Pavone.
1955
Dragón Blanco (1.6.55), aventuras en el desierto, con
arte de Enrique Cristóbal.
El Indio Suárez (13.6.55), un boxeador, con imágenes
de Carlos Freixas, que luego fue reemplazado por Carlos Cruz.
Uma Uma (13.6.55), de ciencia ficción, con dibujos
de Francisco Solano López.
Lon Sutter (10.8.55), del Oeste. Su dibujante fue Guillermo
Letteri.
El zarpa, un western que dibujó Ivo Pavone.
1956
Deportito, para chicos, arte de Sagrera.
Aparecen quincenalmente versiones noveladas de Bull Rockett
y de El sargento Kirk, un total de nueve libros por cada personaje.
En 1962 la Editorial Índice en su colección VistAventuras
reeditó estos textos. A las series Rockett y Kirk, la
editorial agrega otras dos obras de Oesterheld: Los cuentos
del Tipi y El diario de un soldado. Ediciones La Isla en 1974-1975
publica de la serie Kirk: Muerte en el desierto (que refunde
Muerte en el desierto y Hermano de sangre) y Los espectros de
Fort Vance (que también refunde Oro tchatoga y Los espectros
de Fort Vance). En 1988 Puntosur Editores reedita en un volumen
Muerte en el desierto/Hermano de sangre.
1957
Ticonderoga Flint (abril de 1957), episodios de la guerra entre
franceses e ingleses en la zona de los bosques y lagos norteamericanos.
La graficó Hugo Pratt; durante 1960 la continuó
Gisela Dester.
Enie Pike (abril de 1957), relatos bélicos de un corresponsal
de guerra. La graficó Hugo Pratt. La continuaron muchos
artistas, entre ellos Francisco Solano López, Alberto
Breccia, José Muñoz, Bertolini, Jorge Moliterni,
Balbi, Leopoldo Durañona, Rubén Sosa, Juan Zanotto,
Ernesto García Seijas, Néstor Olivera. En 1970
y en la revista “Top”, Ernie Pike se ocupó
de la guerra de Vietnam.
Tipp Kenya (abril de 1957), aventuras de un cazador en África,
con arte a cargo de Carlos Roume.
Patria Vieja (mayo de 1957), de hechos heroicos argentinos,
con imágenes de Carlos Roume. La continuó en 1960
Juan Arancio.
Rolo, el marciano adoptivo (mayo de 1957), de ciencia ficción,
con dibujos de Francisco Solano López. En el período
1959-1960 la guionó Jorge Oesterheld.
Randall, the killer (4.9.57), del Oeste, con arte de Arturo
del Castillo (la continuó C. Muñoz en 1960).
El Eternauta (4.9.57), de ciencia ficción, con escenarios
porteños. La dibujó Francisco Solano López.
Nahuel Barros (setiembre de 1957), ámbito de fortines
pampeanos, que graficó Carlos Roume.
Hueso Clavado (setiembre de 1957), western humorístico.
El dibujante fue Ivo Pavone.
Scout River, expediciones en el Oeste, con gráfica de
Luis Domínguez.
Ray Kent, científico aventurero, con imágenes
de Eugenio Zoppi.
Verdugo Ranch, del Oeste, con arte de Ivo Pavone.
Lucky Piedras, de ambiente marino en el sur argentino. La graficó
Carlos Cruz.
1958
Cayena (mayo de 1958), policial duro, dibujos de Daniel Haupt.
Burt Zane, policial, dibujada por Ivo Pavone.
Star Kenton, de ciencia ficción, arte de Walter Casadei.
Lobo Conrad, de policía montada, con imágenes
de Hugo Pratt.
Leonero Brent, un western dibujado por Jorge Moliterni.
Rul de la Luna, de ciencia ficción para chicos, con dibujos
de Francisco Solano López. La continuó Horianski.
Capitán Lázaro, de espionaje, arte de Enrique
Cristóbal.
Pichi, aventuras de un perrito. La dibujó Carlos Roume.
Algunos episodios los guionó Jorge Oesterheld.
Sherlock Time, ciencia ficción policial, con gráfica
de Alberto Breccia.
Tim de la Pradera, del Oeste, con dibujos de Ernesto García
Seijas.
Lord Crack, de guerra, con dibujos de Hugo Pratt. Luego la continuaron
Mario Bertolini, Jorge Moliterni y Flores.
Amapola Negra, narra las peripecias de un bombardero inglés,
con arte de Francisco Solano López.
Joe Zonda, aventuras con mucho humor de un copiloto que aprendió
por correspondencia. La graficó Francisco Solano López
y la continuó Julio Schiaffino.
1959
Doctor Morgue (junio de 1959), un médico forense. Su
dibujante fue Alberto Breccia.
Buster Pike (setiembre de 1959), periodista hermano de Ernie,
con arte de Julio Shiaffino.
Capitán Caribe, de piratas, con imágenes de Dino
Battaglia.
1960
Bolo Peck (abril de 1960), policial, arte de Julio Schiaffino.
Jeep Popski (junio de 1960), de cowboys, con imágenes
de Carlos Voigt.
Pereyra, taxista, historias cotidianas de un taxista. La graficó
Leopoldo Durañona.
Mortimer, un western, con dibujos de Rubén Sosa.
1961
Sea Ud. Detective (mayo de 1961), planteo de casos, dibujos
de Leopoldo Durañona. (La comenzó a guionar Jorge
Oesterheld en marzo de 1961).
Paúl Neutrón (22.6.61), de ciencia ficción,
con gráfica de Julio Schiaffino.
Cachas de Oro, de cowboys, con dibujos de Carlos Voigt.
Santos Bravo, de ambiente argentino. El dibujante fue Juan Arancio.
(Había iniciado los guiones Jorge Oesterheld.)
Historias de la ciudad grande, ambientada en Buenos Aires. La
graficaron Leandro Sesarego, Ángel “Lito”
Fernández y Ernesto García Seijas.
Cuentos del Tipi, del Oeste, dibujos de Lobo.
Comienza a publicarse una versión novelada de El Eternauta
en la revista homónima. Queda inconclusa luego de aparecer
durante quince números.
1962
Mort Cinder (20.7.62), un anticuario convoca a Mort Cinder (Muerte
y Ceniza) para que narre dramáticos sucesos. La dibujó
Alberto Breccia.
Los marcianeros (agosto de 1962), de ciencia ficción,
con dibujos de Francisco Solano
López, al que sucedió Julio Schiaffino.
Santos Palma (agosto de 1962), de automovilismo, arte de Carlos
Cruz.
Recuerdo, con arte de Néstor Olivera.
Watami, un indio cheyene, con dibujos de Julio Moliterni.
Comandante Prado (11.11.62), crónicas de guerra contra
los malones, con dibujos de César Spadari.
1963
León Loco, con personajes adolescentes. El arte es de
Ernesto García Seijas.
Lord Pampa, piloto de guerra, con dibujos de Ernesto García
Seijas.
Yemsbón, dibujada por Pérez D`Elías.
Charlena, con arte de Eugenio Zoppi.
Herida mortal, dos hombres que intentaron vender whisky falsificado
a los indios tienen una muerte espantosa. Dibujos de Leopoldo
Durañona.
1966
Tapapuse, parodia policial para chicos, con dibujos de Leopoldo
Durañona.
Richard Long, policial duro que graficó Alberto Breccia.
1968
Vida de El Che, dibujos de Alberto Breccia en dúo con
su hijo Enrique.
1969
Argón el justiciero, ubicado en la época de Alejandro
Magno. El arte es de Gómez Sierra.
El Eternauta, en versión de Alberto Breccia.
1970
Guerra de los Antartes, de ciencia ficción, con dibujos
de León Napoo, seudónimo de Napoleón (Monghiello
Ricci).
Artemio, taxista, con arte de Néstor Olivera. La prosiguió
Pablo Zahlut.
Russ Congo, aventuras en África, con dibujos de Carlos
Clemen, al que sucedió Kato.
1971
Marvo Luna, de ciencia ficción, con arte de Francisco
Solano López, luego Vitacca.
1973
La guerra de los Antartes, nueva versión inconclusa a
cargo de Gustavo Trigo.
Veinte mil leguas de viaje submarino, adaptación de la
novela de Julio Verne, con dibujos de Regalado.
Sherlock Holmes, adaptación de las narraciones de Arthur
Conan Doyle. La graficó Gustavo Trigo.
1975
Nekrodamus, de terror, imágenes de Horacio Lalia. La
continuó guionando W. Slavich.
1976
El Eternauta, segunda parte con dibujos a cargo de Francisco
Solano López.
Loco Sexton, de cowboys, su dibujante fue Arturo del Castillo.
Otros guionistas: Guillermo Saccomanno, Carlos Albiac, Ray
Collins.
Shunka, imágenes de Garibaldi.
Wakantanka, de indios, con arte de Juan Zanotto. La continuó
guionando Carlos Albiac.
1978
Galac-Master, de ciencia ficción, imágenes de
Oswal.
Bibliografía
Albertoni, Carlos W.: Santas Historietas. Enciclopedia
de los cómics, Buenos Aires, Catálogos Editora,
2004.
Cáceres, Germán: Charlando con Superman, Buenos
Aires, Editorial Fraterna, 1988.
Cáceres, Germán: El dibujo de aventuras, Buenos
Aires, Editorial Almagesto, 1996.
Cáceres, Germán: Oesterheld, Buenos Aires, Ediciones
del Dock, 1992.
Crocci, Daniel: “El Eternauta, la novela que no pude ser”,
en “Fierro” Nº 10.
Ferreiro, Andrés y Rodríguez Van Rousselt: “Kiosco,
Esquema Enciclopédico de la Historieta Argentina”,
en “Fierro” Nºs 36 y 37.
Gociol, Judith y Rosemberg, Diego: La historieta argentina.
Una historia, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 2000.
Legaristi, Francisco: “Trix” Nºs 7 y 8.
Masotta, Oscar: La historieta en el mundo moderno, Buenos Aires,
Paidos, 1970.
Sasturain, Juan: El domicilio de la aventura, Buenos Aires,
Ediciones Colihue, 1995.
Sasturain, Juan: “El sargento Kirk cabalga de nuevo”
(en H.G. Oesterheld: Sargento Kirk- Muerte en el desierto/Hermano
de sangre, Buenos Aires, Puntosur Editores, 1988).
Sasturain, Juan; Ferreiro, Andrés; Spataro, Juan Carlos;
Laruccia, Esteban: Informe y artículos en El Libro de
Fierro Nº 2, Buenos Aires, Ediciones de La Urraca, 1985.
Trillo, Carlos: “Héctor G. Oesterheld, un escritor
de aventuras” (en la Historia de los Comics, dirigida
por Javier Coma, Tomo II, Barcelona, Toutain Editor, 1982-1983).
Trillo, Carlos y Saccomanno, GUILLERMO: Historia de la historieta
argentina, Buenos Aires, Ediciones Record, 1980.
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*GERMÁN
CÁCERES colabora en varios medios, entre ellos
las revistas Lea, El Grillo, Proa, Ser en la Cultura y en las
publicaciones virtuales Imaginaria, A hierro muere y WittyWorld
(de EE.UU.). Es columnista del sitio El Muro: www.elmurocultural.com.
Es autor de los ensayos sobre historietas Charlando con Superman
(1988), Oesterheld (1992), Así se lee la historieta (1994)
y El dibujo de aventuras (1996). Integró el equipo que
confeccionó el Diccionario de uso de la historieta española
(1997). Por esta especialidad fue invitado a los festivales
internacionales de Budapest (1990), Skopje (1991) y St. Just
le Martel (1992).
Además, escribió El checo, la giganta y el enano
(cuentos, 1974), Frankenstina (cuentos, 1977), Cuentos para
mocosos y purretes (literatura infantil, 1980), Los silencios
prohibidos (novela policial, 1982), Los pintores mueren del
corazón (cuentos policiales, 1985), Matar una vez (novela
policial, 1992), y las novelas para adolescentes Soñar
el paraíso (1996) y Traficantes de la selva (1999) (ambas
publicadas por la editorial Alfaguara). En 1993 realizó
una compilación de cuentos policiales argentinos con
el título Thrillers al Sur, que fue editada en diskette
y reeditada en 2002 por la editorial virtual Ibucs: http:/ibucs.tripod.com,
que ese mismo año colocó en la red su antología
de cuentos argentinos de ciencia ficción Otras rutas
al futuro.
Colabora con la Fundación Ciudad de Arena dedicada a
la difusión del género fantástico y participó
de su “Encuentro de Creadores 2004” y del “Viaje
al Centro de los Confines”(Buenos Aires-Viedma-Bariloche-Buenos
Aires: realizado en 09-04)
En 1997 fue incluido en la antología Cuentistas Argentinos
de Fin de Siglo, de Editorial Vinciguerra.
A partir de 1997 incursiona en el teatro. Cursó dramaturgia
con Ricardo Monti. En 1998 salió su drama en un acto
Vamos a Manhattan, de Ediciones del valle. La misma editorial
publicó en 1999 Suicidios en la cuarta dimensión,
obra en dos actos, y en junio de 2001 El postre, en un acto
y en 2003 Viajeros, en un acto. En octubre de 2005 se estrenóá
su obra Knock out, fuera de combate.
En 1986 recibió Mención de Honor Premio Municipal
en Cuento por Los pintores mueren del corazón. En 1992
obtuvo dos "Fajas de Honor” de la Sociedad Argentina
de Escritores (SADE): una en novela (por Matar una vez) y otra
en ensayo (por Oesterheld). En 1996 mereció Mención
de Honor en el Concurso Internacional de Ficción sobre
Gardel (Montevideo-Uruguay) por el cuento “Rapsodia del
Río de la Plata”. En 1999 la Socidad Argentina
de Escritores le otorgó la “Faja de Honor”en
teatro por Vamos a Manhattan, y la Secretaría de Cultura
del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el 1er. Premio Especial
“Eduardo Mallea” por su ensayo La aventura en América,
que la Editorial La palabra mágica publicó en
diciembre de 1999. En junio de 2000, recibió la “Faja
de Honor” de la SADE en literatura juvenil por Traficantes
de la selva.
En octubre de 2002 fue premiado en el concurso de cuentos “Atanas
Mandadjiev”, celebrado en Sofía, Bulgaria, y se
le otorgó el título de Gran Maestro del Relato
Policial.
El 5 de agosto de 2003 fue nombrado socio honorario de SADE.
En abril de 2004 apareció su libro Entre dibujos, marionetas
y pixeles (Notas sobre cine de animación), publicado
por Editorial La Crujía.
Ediciones BP publicó tres cuadernos de su autoría
en su colección “Informes del Sur”: Orígenes
de la historieta argentina (2004), El género fantástico
en la historieta argentina (2005) y Oesterheld: La aventura
sin fin (2005).
En junio de 2005 obtuvo el ler. y el segundo premios por Los
Invisibles y Lluvia de cadáveres, respectivamente, en
el Concurso Internacional de “Literatura Infantil y Juvenil”
(novela) organizado por HMRSystems, que fueron editadas en audiolibro
en febrero de 2006.
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