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“... La patria de un alma elevada es el universo”. Demócrito 
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Adrian N. Escudero

EL EMPERADOR HA MUERTO[1]

 

Por Adrian N. Escudero*

                                            A los adoradores de Baco, con humor, celebrando mis 33 años
                                           (crísticos) de encuentro con la Palabra, con todos mis amigos en la                       
                                            Palabra...

 (Ahora reflexiono sobre la muerte de Tito).

1 – San Tito
   Tito ha muerto. Ha sido mi compañero del alma siguiendo al converso de Saulo, ahora Pablo, por la gracia de Dios. Reconfortados por sus  palabras, cartas y ejemplo, crecimos juntos en la verdadera fe, y compartimos las confidencias de sus viajes como predicador.

   Yo, Timoteo, hijo de padre pagano y madre judía, nacido en Listra de Licaonia, en Asia Menor, me hice discípulo de Cristo en la flor de mi juventud. Trabajé por su Evangelio en mi propia ciudad y, desde la primavera del 50, acompañé a Pablo por Efeso y Jerusalén, por Frigia y Galacia, por Salónica y Corintio, por Troya y Macedonia, por Peloponeso y Roma. Pablo reconoce de mí: “No tengo a nadie que comparta mejor mis sentimientos... Me ha ayudado, en la predicación del Evangelio, como un hijo ayuda a su padre”. Y era verdad.

   Pero mi hermano Tito también fue su preferido. Él soportó las penurias y los gozos que el Señor concede a sus discípulos cuando,  a mi modo,  acompañó también a Pablo en sus correrías apostólicas por Corinto, Nicópolis del Epiro y Creta, la isla de su trabajo. Si no, Pablo no le habría coronado ya en la tierra como Apóstol de Jesús con esta hermosa frase: “Tito, hijo verdadero según la fe, apóstol y gloria de Cristo”.

   Ahora sé que ha muerto. Y todos sus amigos en la fe se disponen a velarlo, como él lo merece. Como él lo ha querido.

   Menos yo.

   Como María de Betania, de pié sobre la arena de las playas del mar de Galilea donde esparcía sus dones el Señor de Vientos y Tempestades, he elegido la mejor parte: ver abrirse los cielos en aquella mañana luminosa por un nuevo nacimiento a la Vida Plena. Es Tito, Emperador de la Palabra, quien en su carroza de gaviotas ecuestres irrumpe glorioso de la mano del Señor de Bondad y Misericordia, al seno del Padre Celestial...

   Su cuerpo ha muerto. Sin embargo, una lágrima de gozo y extrañeza moja mis pupilas y quedo en silencio, contemplándolo mientras asciende...

2 – Flavio Tito
   Tito ha muerto. Estoy sentado a la vera del río y las voces del pueblo sacuden aún mis oídos. El Emperador ha muerto. Tito ha muerto. El valiente defensor ha muerto. Tito ha muerto, dicen y corren. Expanden la novedad como una tromba del desierto hasta los confines del Imperio. Y todos sus amigos se disponen a velarlo, como él lo merece. Como él lo ha querido.

   Menos yo.

   Tito ha muerto. Y la tristeza es una gangrena para el corazón atribulado.

   Le he visto llorar a todos porque Tito ha muerto. Pero yo no he podido correr detrás de ellos, como hubiera deseado.

   Los pensamientos me detienen en su gloria y mil batallas. Y mi espada de centurión agradecido por su amistad sin límite se acobarda en el suelo, y arde bajo el sol de enero...

   Las aves que vuelan sobre el verde Nilo donde reposa mi mente tras la noticia, se llevan junto a la melancolía y en cortejo, el alma de un Grande: Flavio Tito, hijo mayor y sucesor de Vespasiano. Su cuerpo ha muerto, y, con él, su certeza y honradez para el gobierno del Imperio han muerto también...

   ¿Qué queda para un soldado retirado de las huestes que tanta fama y poder han dado a Roma, sino el recuerdo?

   Le he servido cuando fuera tribuno en Germania y Britania,  y compartí su fama de soldado valiente y codicioso. A pesar de mi edad, consintió por mi lealtad en hacerme testigo del asedio y toma de Jerusalén en los 70 y del multitudinario festejo con que Roma celebró su victoria sobre los judíos rebeldes al pie del Capitolio. Fui fiel a él y a su padre cuando sofocaron a las legiones de Julio Civil aliadas a galos, treverios y germanos. Sufrí los costos durísimos de tales batallas y ayudé a restablecer la disciplina militar cuando mis propios colegas, los soldados, se creyeron dueños de la situación. Saludé con júbilo su genio y decisión al ordenar construir el Coliseo como monumento a la grandeza y al coraje romano; también al registrar y dejar constancia en los relieves del arco que construyera en el Foro o Templo de la Paz, el uso que hiciera de los tesoros de Judea para devolver equilibrio a las arcas vacías por las luchas del poder. Acompañé su breve gozo cuando, después de la muerte de su padre, aquel lluvioso verano del 79, se ganó el clamor y las gracias del pueblo que vivió su serenidad y enjundia de Emperador sensible, al combatir los efectos de la erupción del Vesubio de ese mismo año y uno de los incendios más implacables de la ciudad de mármol Augustiana...

   Tito ha muerto. El Emperador ha muerto. Ahora le sucederá Domiciano. Quizás él también siga sus huellas... Nunca entenderé cuestiones de República o de Imperio, ni estaré en discusiones que los estoicos y cínicos se encargaron de debatir hasta el exilio. Soy un soldado. Sólo eso, y hoy me toca llorar la muerte de otro. El inmenso Tito Flavio Vespasiano: que los Dioses lo arrebaten del vuelo de pájaros para su Olimpo de Gloria y Eternidad...

   (Quién sabe en quién o quiénes reencarnarán ellos, más allá del tiempo, sus dotes de cristiano, el uno, y de  general romano, el otro, nacidos ambos a poco de la muerte de un tal Jesús, a quien anduvo sirviendo, el uno, hasta su muerte mártir; o de quien anduvo averiguando blasfemias y prodigios, el otro, hasta su muerte emperatriz...
   Sé de alguien, no obstante. Y me lo comento en susurros montando guardia hoy a la orilla del río viéndolo volar, ajeno ya a los incidentes de su sentido velatorio...).

3 – Don Tito
   Sí, Don (¿Dom?) Tito ha muerto. Sentado a la vera de un delegado brazo del río Paraná, mastico mi angustia por ese tío abuelo que ha muerto. Don Tito “Alegre”, le apodaban, porque había heredado dones mágicos para el buen humor y la bondad como las del Tito Cristiano. Don Tito, “Emperador de Baco”, le bautizaban, para rociarlo en alcohol con la fama de otros no tan santos, epicúreos diríamos, como las del conocido Tito Flavio Vespasiano, glorioso Emperador Romano...
   Sí, las voces del barrio que lo amaba sacuden aún mis oídos. El Emperador ha muerto. Don Tito ha muerto, decían. El Alegre Tito ha muerto, decían y corrían, expandiendo a toda la comarca pueblerina la noticia de su partida sin retorno hasta los confines del Universo.
   Y todos sus amigos se disponen a velarlo, como él lo merece. Como él lo ha querido. En el sitio que él ha dejado dispuesto por prepotencia testamentaria...
   Menos yo.
   Que me he quedado aquí, como María de Betania, eligiendo la mejor parte: escucharlo en soledad de amigo, riéndose a carcajadas insonoras pero amplificadas por el viento ahora que vuela alto, alto, como lo hacía allá, hasta hace poco nomás, en su bar costumbrista de pobreza y humildad, en trastienda con su laboreo de frutas y verduras. Sí, viéndolo cómo se aleja con su carro hortifrutícola de gladiador romano por las fronteras azules de un cielo entreabierto para él... La mejor parte: la nostalgia de consejos sabios y bromas de niño grande, adicto al jugo de uvas como ninguno...

   ¿Acaso saben qué decía desatando euforia en épocas donde la alegría sólo podía comprarse en una reunión de amigos, allá por la década de los ochenta, después que un tal Alfonsín, Presidente de su pueblo argentino, le quebrara el negocio de ramos generales transformándolo en buscavidas de Sorrouille, su pícaro Ministro de Economía Nacional?
   Les cuento –y me recuento- algo de lo que él me contaba, o enseñaba, sorbo por medio, del bueno o del barato, da igual, para mejor decir: “No quiero hablar para ´no quemar la yerba´, ja”, tras explicar con gesto absurdo su significado de “cebar mate con agua hirviendo” o “no quiero anticipar opinión o ser inoportuno, para evitar equivocarme”... 
   Sí, me embromaba,, sorbo por medio, dije, del bueno o del barato, porque daba igual, chanceando: “Quizá sea Emperador, como me llaman algunos. Entonces quiero que me coronen, che... Pero no con olivos: eso déjenselo a la mayonesa rusa, ja. Tampoco con laureles: eso déjenselo a  un chancho adobado, ja. A mí, cuando me muera,  me coronan pero con hojas de parra, ja”, y doblaba el codo con el estilo inigualable con que ingería otra vuelta de Merloc... “Valiosa como el cristal, siempre supe que debía cuidar a mi esposa como a una copa de vino, ja”, rugía.

   Y cosas por el estilo. Cosas “estudiadas” en una adolescencia callejera transitada aquí y en Buenos Aires. Cosas como cuando al compás de una guitarra destemplada, paseara en bote por el Parque del Sur santafesino cantando a dúo con Goyeneche  y Angel Díaz; “que hasta entonó algo con Troilo en alguna madrugada de esas”, decía...
   Siempre jovial e irreverente, jugueteaba con sus secuaces de la noche preparándolos para las canas y el paso del tiempo: “Para llegar a los 75,¡ ¿sabés cuántos litros me faltan?!, ja”,  y estiraba su vozarrón tremendo ahuyentando coléricas a las moscas del barcito dominguero... “Miren –sorprendía expresando a sus compadres de vicio-: ¡besé un corcho y se puso borracho!, ja”.

   Y cosas por el estilo. Cosas “memorizadas” en la universidad de la calle donde había criado sus años mozos... Susurro: (“Había una mujer tan buena, pero tan buena en el barrio, que le decían ´chorizo fresco´.¿ Por qué? Porque era de hoy y no le podían sacar el cuero..., ja”. “¿Saben?, cuando nací, apenas  me salieron los dientes, en vez de mordaza, me dieron tapitas de cerveza para ejercitarlos, ja”)... 
   Humor de entrecasa, chanzas de metegol que urgaban el alma de “su” cuadra vecinal, un perplejo suburbio de barriada en el sur de la ciudad... Confesión: (“Estaba el ´veterano´ leyendo un libro, y pasa su nieto por al lado, y le dice: Abuelo, ¿qué estás leyendo? Y Abuelo contesta: un libro de Historia. Necesito averiguar sobre mis antecesores ´viti-mológicos´,¿entendés?. El nieto se fija en el libro y, con estupor, exclama: pero, ¡Abuelo!, ¡eso es un libro que habla sólo de sexo! Entonces Abuelo, con dulce mirada, responde: Y que creés hijo; ¿acaso lo ´mío´ ya no es historia?, ja”)...
     Dulce tío, tipo sencillo y locuaz que alardeaba: “¡Soy famoso, soy famoso!. ¿Por qué, Tío Tito? Porque toda palabra puede terminar con Tito: vientito, prontito, crocantito, vinito..., ja. Pero tío, vinito no termina en tito. Ya sé, che; sólo quería saber si estabas atento, ja”, y vuelta a la risa de la simpleza de niño grande conque volaba, a los tumbos, montado en un pequeño carro -vacío ahora de frutas y verduras-, hacia la gloria del Olimpo de Baco... (“Era tan grande la hamburguesa que me hizo Rebeca, que tuve un ataque de mandíbulas, ja”) (“Cuando me voy, mi perro me hace más saludos que cometa sin cola”, ja. Es bueno éste, ¿eh?, es bueno, che...) Y se iba a dormir en trance después de despacharse dos partidos de fútbol por tevé y tres botellas de tinto cabernet sauvignon, trago a trago, y despacito -"porque hace bien al corazón"- , como buen probador y tomador de esencias alcoholizadas...

   Sí, Don Tito ha muerto. Y la tristeza es una gangrena para el corazón estremecido.
   Sí, le he visto llorar a todos porque El Don Tito“Alegre” ha muerto. El “Emperador de Baco” ha desolado su bodega térmica e hidrométrica de crianza, como un viñatero empobrecido... Cubas, vasijas y barricas de roble francés y madera nueva, abandonadas... Suelo, Encepado, Vendimia, Trasiego y Clarificación, sólo en la memoria ahora despojada de verdes hectáreas, campos jugosos y enrulados en un tiempo sin medida como ahora su espíritu bordolés difuminado...
   Pero yo no he podido correr tras ellos, como hubiera querido, y los pensamientos se me pierden en chanzas sin vuelta y en aquella gloria trasnochada de bebedor empedernido. (“Pisó un corcho y se emborrachó, ja”; “Va un tipo no muy conocedor del oficio al bar y le dice temblando al ´bolichero´: Por favor, ¿me da un vino?. ¿Blanco o Tinto?, le preguntan. Eh, en ese orden; ja”). Porque, agradecido por una amistad sin peros (obsequió casa y comida cuando la fortuna me fuera esquiva) se acobarda mi ego entonces sobre el suelo,  ardiendo de pena bajo el sol de enero...

   (Se va, digo. ¿Ya se fue?, interrogo. Y una lágrima como de gozo y extrañeza moja mis pupilas, mientras quedo en silencio, contemplándolo, cuando él, Don Tito, el Alegre Emperador de Cubas y Botellas, asciende enhiesto con un Dom Perignon Rosé cosecha ‘86 en mano -cual bastón de mando-, como nuevo dios en el Olimpo de Baco...).

   No hay más lugar. Van a tener que hacer cola para entrar. Él lo sabía y así lo dejó escrito en el papel que mostró su mujer al vecindario. El lugar es chico y no cabe más nadie por ahora... Aunque con el olor que hay aquí, excepto por algunos varones, ¡no hay mujer que aguante! Y no es por el muerto precisamente... Pero a quién se le ocurre ser velado en una Vinoteca, y de lujo sibarita como ésta. ¡Madre mía! ¡Lo que costó aflojar al dueño de este local céntrico para que permitiera semejante sepelio aquí! Entre los finos malbecs, chardonay, borgoñas, riesling, cabernet sauvignon, tocay, syrah, friulano, merlot, sauvignon, pinot noir, merlot rose, y los común y reserva, sin nombrar a la champaña sec, demisec, brut y extrabut que decora el ambiente, están todos los gustos aquí... y ¡con el corcho destapado! (“¡Fuera gaseosas! ¡Retro jugos artificiales!, puro veneno, che; ja”, juraron que gritó a sus fieles seguidores desde el cajón cerrado por el perfume amargo de un hígado añejo bañado en cirrosis, perforado...) Qué pena para el paladar. Y que ingrato el hombre. Seguro que a él, como a nosotros –al muy desgraciado-, la boca se le hace “vino”. Flor de chiste nos hizo el enólogo Emperador hasta (en) el final... Flor de chiste, che...; ja.

   (Por lo demás, nadie puede asegurar que, con un guiño cómplice de los dioses celestes, Tito de Pablo, Tito Vespasiano y Tito El Alegre Emperador de Cubas y Botellas, juntos a otros tantos Tito que la historia humana hubiera derramado por ahí, no se hayan reunido en un día eternidad a discutir blasones, enfoques y hasta coincidencias astrológicas que les permitieran descifrar, entre tan disímiles experiencias de vida, el  enigma de haber sido nombrados de la misma manera -por el misterio de la vida- pero en cabeza de los más dispersos prototipos antropológicos de última generación que deparara la genética sin límites del homos erectus sapiencial).-


[1] Santa Fe (Argentina), 18-07-03. Texto ajustado: 15-07-05. Del libro inédito “VISIONES EXTRAÑAS–Doctor de Mundos II” –  La Botica del Autor, Santa Fe 2004-2005.
   Seleccionado en Género Narrativa para Antología Literaria Editorial “Los Cuatro Vientos” (Buenos Aires). Diciembre 2003.
   Publicado el 10-09-05 en el Magazín Virtual LA LUPE.COM – LITERATURAS VANGUARDISTAS (Círculo Internacional de Literatura Vanguardista y postmoderna).

   Primer Premio CERTAMEN NACIONAL DE CUENTO BREVE “Gastón GORI 2005 (SOCIEDAD ARGENTINA DE ESCRITORES – FILIAL SANTA FE-ARGENTINA, setiembre de 2005). Jurado (Lidia Lobaliza de Rivera, Dr. Ricardo Ríos Ortiz y Eno. Alfredo Di Bernardo – Coordinación: Dr. Francisco Millán).
   Primer Premio  2º Concurso Nacional Año 2005  “COLECCIÓN DE LA ABADIA” – Asociación Cultural Teatro de la Abadía (Santa Fe). Santa Fe,  setiembre 2005.-

  Publicado el 16-10-05 en el magazín virtual MUNDO CULTURAL HISPANO (Círculo literario de Alicante – España –Director: Denis Roland-España).

    Seleccionado como RELATO DEL MES: ENERO 2006  - EL ESCRIBIDOR (Foro Literario Archipiélago - Director: Luis E. Prieto – España). Portal (http://www.escribidor.com).-

*************************************************************

*ADRIAN N. ESCUDERO. Breviario curricular: Nació el 12 de enero de 1951 en Santa Fe (Argentina). Es Contador Público Nacional (1975) y Magister en Dirección de Empresas (CT - 1998). Domicilio (La Botica del Autor): Obispo Gelabert 3073 – Te.: (0342) 455-4811 –
E-mails: adrianesc@hotmail.com  y anescudero@gigared.com .-

Autor de los libros de cuentos éditos: DOCTOR DE MUNDOS (El Sillón de los Sueños) (Ed. Vinciguerra. Bs. As., enero de 2000 - Su versión original de 1980, obtuvo en 1982 el Premio Bienal 1980/1981 de la Asociación Santafesina de Escritores - ASDE); BREVE SINFONÍA Y OTROS CUENTOS (Ed. Colmegna. Sta. Fe, 1990), galardonado con el Premio Bienal 1986/87 de la ASDE (Actualmente con texto ajustado marzo 2006); y LOS ULTIMOS DIAS (Ed. Colmegna. Sta. Fe, 1977), ganador en 1978 del Premio Bienal 1976/77 de la ASDE y del IIº Premio Provincial Concurso “Alcides Greca”(Subsecretaría de Cultura Provincia de Santa Fe), y, en 1979, del Primer Premio de la Fundación “ARCIEN – Santa Fe”  (Actualmente con texto ajustado a febrero de 2006).

Asimismo, autor de los libros de cuentos inéditos: VISIONES EXTRAÑAS (Doctor de Mundos II) (Depósito en custodia en la Dirección Nacional de Derecho de Autor: DNDA – Ministerio de Justicia y Culto de la Nación Argentina: MJyCNA – Expte. Nº 290681 – F. Nº 71429 –17/11/03. Santa Fe, 2003/2005) y NOSTALGIAS DEL FUTURO-Antología Fantástica. (Depósito en custodia en la DNDA - MJyCNA – Expte. Nº 345649 - F. Nº 84271 – 23/08/04. Santa Fe, 2004/2005).

En desarrollo: LOS ESPACIALES (Doctor de Mundos III);  “MUNDOS PARALELOS y Otros Cuentos para un Semáforo” – Colección de Realismo Mágico (2005); EL EMPERADOR HA MUERTO y otros relatos – Colección de Realismo Mágico;  y “DESDE EL UMBRAL – Terrores Cotidianos y de los otros” – Colección del Horror: Todo sobre relatos inscriptos bajo registro en la Dirección Nacional del Derecho de Autor (Ministerio de Justicia y Culto de la Nación. Además, el Cuento de cuentos (en desarrollo), LA TORRE DE LOS SUEÑOS (O los Sueños de la Torre) – Colección Onírica (Ejercicio escritural presentado oficialmente en su versión original bajo el título de “La Torre de los Sueños III”, en la Feria del Libro de Santa Fe – Argentina-, 16-09-05, y como parte de la presentación del Libro “La Plomada de Don Vitto”, de Trudy Pocoví , sobre cuyos relatos fuera elaborado).

Galardonado en múltiples certámenes locales, regionales, nacionales e internacionales (cfr.: referencias literarias libros citados), es autor de prólogos y presentaciones de libros, así como de artículos de reflexión cultural. Su obra integra numerosos volúmenes y suplementos literarios de diarios y revistas culturales impresas: Diarios “El Litoral” y “La Provincia”, de Santa Fe, y “La Opinión”, de Rafaela (Provincia de Santa Fe) y “El Litoral”, de Corrientes; Revistas TIERRAS PLANAS de Ceres (Provincia de Santa Fe); MILENIUM (Buenos Aires), y BANCO CLUB, ROTARY CLUB SANTA FE, PLEAMAR, GACETA LITERARIA, VOCES y TRAZAS (UNIVERSIDAD CATOLICA DE SANTA FE), de Santa Fe (Argentina); y ACALAN (UNIVERSIDAD DEL CARMEN - Estado de Campeche. México)). Es además, Autor-Colaborador de los Magazíns Virtuales “LA REPUBLICA DE LAS LETRAS” (Ceres-Santa Fe, Argentina), MUNDO CULTURAL HISPANO (Alicante, España), EL MURO CULTURAL DE BUENOS AIRES (Buenos Aires, Argentina); INVENTIVA SOCIAL: Plaza virtual de escritura (Buenos Aires – Argentina)  y LALUPE.COM (Buenos Aires. Argentina).

Su producción literaria participa asimismo de antologías como NUEVA NARRATIVA – AUTORES ARGENTINOS (Ed. Pegaso – Rosario, Provincia de Santa Fe, 1987), MESA DE CUENTISTAS SANTAFESINOS (ASDE y Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Santa Fe, Santa Fe 1996), y CUENTISTAS ARGENTINOS DE FIN DE SIGLO (Tomo III – Ed. Vinciguerra, Buenos Aires 1999), entre otras.

Jurado de concursos literarios, su labor creativa se destaca biográficamente en la NUEVA ENCICLOPEDIA DE LA PROVINCIA DE SANTA FE (Tomo I. Ed. Sudamérica. Sta. Fe, 1992), así como en el BREVE DICCIONARIO DE AUTORES ARGENTINOS (Ed. Atril. Bs. As., 1999); y en las Selecciones Biográficas NARRADORES SANTAFESINOS (Ed. Tauro. Sta. Fe, 1994) y UN SIGLO DE LITERATURA SANTAFESINA (Ed. Culturales Santafesinas, 1999); también, en la COLECCIÓN DIARIO “EL LITORAL” (Santa Fe): “Los que hicieron Santa Fe”, cap. 34 – La Creación Literaria (2005).

Miembro de la ASOCIACION SANTAFESINA DE ESCRITORES (A.S.D.E.) desde 1978; de la ASOCIACION CULTURAL “El Puente” (Santa Fe) desde febrero del 2004; y, de la SOCIEDAD ARGENTINA DE ESCRITORES (Filial Santa Fe), desde octubre de 2004.

SANTA FE (Argentina) – Marzo de 2006.-
a.e.


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Miriam Mireles

De Frutos Plutónicos

 

 

Por Miriam Mireles

Día tras día un fruto plutónico
a ras de la luna
se acostaba a la orilla del mar,
sus manos enterradas en la arena
recogían los secretos
de aquellas mujeres
                de pieles a tornasol
                de   sabor ocre,
cuyos pubis con esencias de mastranto
navegaban en las cavernas marinas.

Hace unas horas,
setenta y siete horas con siete segundos
otros frutos plutónicos han alcanzado el limbo de arena
han poblado cada rendija de la alfombra salada,
que se ha rebelado en un  mutismo gris
de ese vulgar hartazgo  en sus laberintos.

                                                Ella
 deshilachada
                                                intenta el devenir con ligeras sacudidas de color brillante,                 
pero en el último segundo que nunca se aleja
una pátina ha bordeado sus pudendos laterales
donde los frutos plutónicos han puesto a fuego cada hueso.

Ellos
erguidos
impolutos
sotierran sus manos en búsqueda del cielo,
que sin mediar palabras, aparece como un embeleso
y cobija los misterios
de aquellas mujeres almagres
                                                a tornasol
cuyos vientres marinos navegan sin rumbo fijo
ahora fuera de las cavernas del mar.

2006© Miriam Mireles

***********************************************

*Miriam Mireles es Profesora de Matemática y de Postgrados en Matemática e Informática Educativa. Se autodefine como Metapoeta y Artista Digital
Su dirección postal: Apdo. Postal 643 ZP 2101
                                  Maracay. Venezuela
mmireles@ipmar.upel.edu.ve

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Ernesto Aguirre UN POEMA DE ERNESTO AGUIRRE*

Los oidos de Beethoven

El oído se divide en tres secciones:
la exterior se encarga de tomar ondas sonoras
y llevarlas a la cabeza.
El oído medio convierte las ondas sonoras
en movimientos físicos,
(con el tambor y tres huesillos:el martillo, el yunque y el estribo)

Finalmente,
en el oído interno los movimientos crean impulsos
de presión que viajan por la cóclea
(una cámara en espiral llena de líquido).

El órgano de Corti, que detecta los sonidos,
está en la cóclea.
Los impulsos de presión hacen que vibren
y envíe señales al cerebro.

El tono y el volumen de un sonido
determinan la parte del órgano de Corti que vibra.

Ahora,
cuando todo este delicado mecanismo no funciona,
entonces, usted
(como ya sucedió con el alemán que nos convoca)
estaría en condiciones de ingresar a ese silencio
para escucharse los 3 movimientos
(completos)
de su 9na sinfonía
(La Coral)

***************************************************

*ERNESTO AGUIRRE (Jujuy, 1953). Poeta. Libros publicados: "Historietas" (1978); "Espejo astillado"" (en colaboración, 1980);"Café de la luz" (1984); "Crónicas del buen amor" (1986); "Sofía,in memoriam" (1995) Datos tomados de LETRAS JUJEÑAS - antología de poesía y cuento - auspiciada por Banco Credicoop Cooperativo Ltado- Jujuy para "Libros del Arco Iris" (año 1998)
Aguirre ha obtenido varias distinciones. Publica regularmente en diarios y cuenta con volúmenes de poesía, inéditos

arriba
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Gilda Goldental Stoecker

Library

 

 

By Gilda Goldental Stoecker*

You walk
Your steps are as if your feet
Belonged to a giant
So still the silence hums
Books back to back
The ink smell flowing
In the air
Like how a river flows
Or an ocean breeze
No life has ever touched
This Zone
It is a Zone
Like no other
Sort of,
Like a butterfly
That has never flapped its wings
Your soft voice vibrates
Your life here
Is like an empty page
As if you had never
Been born
Or fallen of a bike
Or stopped to think
Where am I

**************************************************

*Gilda Goldental Stoecker, tiene 10 años de edad y es hija de Graciela Goldental-Stoecker y de John Thayer Stoecker. Este poema fue publicado en el journal de Project Excel, de Huntington, NY, el 5 de junio de 2006.

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German Caceres

EL ETERNAUTA
o
LA AVENTURA SIN FIN

Por Germán Cáceres*

Héctor Germán Oesterheld nació el 23 de julio de 1919 y desapareció el 27 de abril de 1977. También desaparecieron sus cuatro hijas. La página 339 del libro Nunca más desgraciadamente puede considerarse parte de su obra: “Entonces Héctor dijo que por ser el más viejo de todos los presos, quería saludar uno por uno a todos los presos que estábamos allí. Nunca olvidaré aquel  último apretón de manos [...] Su estado físico era muy, muy penoso. Ignoro cuál pudo haber sido su suerte [...]. Nunca más supe de él”.

Para Francisco Solano López: “Fue un gran escritor de aventuras, con sus raíces en Conrad, Melville y Jack London. Las circunstancias lo llevaron a escribir historietas en las décadas del cincuenta y el sesenta. Era el espacio que la Argentina le ofrecía. No había otro para su rica imaginación y calidad humana de narrador”.
Prácticamente no existe territorio de la aventura que no haya abordado: en sus historietas encontramos cowboys, detectives, pilotos de prueba, indios, gauchos, boxeadores, médicos, corresponsales de guerra, relatos de ultratumba y de ciencia ficción, e interrumpimos esta enumeración porque resultaría interminable.
¿Pero qué entendía él por aventura? Según palabras de Solano López, para ambos “estaba a la vuelta de la esquina”.

La narrativa aventurera nace con el romanticismo, con su repudio a las exigencias sociales que coartaban la libertad del individuo, con su exaltación de la antigüedad y de las zonas remotas, el culto al heroísmo, la admiración de las inmensidades oceánicas y la fascinación experimentada por los ámbitos exóticos. Este enfoque se vuelve problemático si tratamos su perfil en nuestro país. Hay pocos escritores del género en la Argentina: no sólo existen razones de mercado y de tradición cultural, sino también el hecho de que este tipo de relatos es propio de los países cuyo desarrollo económico y tecnológico les permite asumir actitudes de poder internacional.

En un sólido análisis publicado en el Libro de Fierro N° 1, Juan Sasturain sostiene que en Oesterheld la aventura rompía con la rutina. En efecto, no encontramos en su amplio espectro de ficción oficinistas aburridos ni algo que se le parezca. Por el contrario, sus historietas nos deparan el sortilegio de la vida plena de acción y de acontecimientos prodigiosos. Joe Zonda (1958) es un buen ejemplo de ese vivir a todo vapor que deviene de jugarse la vida. “En alguna parte se habían tirado los dados, y su nombre había elegido”, expone uno de los textos, como si la aventura fuera aceptar el azar y acceder –explica también el cuadrito– al “torbellino del peligro”. El autor valoriza el azar a lo largo de su obra. En un episodio de Bull Rockett (1952) se recurre a los dados para decidir quién realizará una misión peligrosa, y lo mismo sucede en El Eternauta 1 (1957). En El Indio Suárez (1955) se juega con frecuencia dinero y pueden rastrearse distintos tipos de apuesta en El Sargento Kirk (1953) y Watami (1962),

Asimismo, el elogio del saber práctico de estos relatos constituye una especie de iniciación en el aprendizaje de la vida, y su canto a la naturaleza –como en Ticonderoga Flint (1957), Tipp Kenya (1957), Nahuel Barros (1957) y Patria Vieja (1957)– facilita el difícil diálogo que mantiene el hombre con aquella.

Oesterheld otorgó a la historieta de aventuras ese valor artístico que contenían las narraciones de Salgari, Verne, Melville, Conrad y Stevenson, escritores a los que admiraba. Después de sortear las pruebas y lograr el éxito, el héroe retorna enriquecido, como si hubiese experimentado un renacimiento que aporta a la comunidad. Joseph Campbell enuncia en El héroe de las mil caras, que la aventura “es la expansión de la conciencia y por ende del ser”. Pero quien más se nutre es el lector. Por eso Fernando Savater señala en La infancia recuperada que el afán documental de las novelas de Verne pretende “proporcionar al lector datos fidedignos sobre las circunstancias de una aventura que le concierne más a él que a los personajes que supuestamente la viven”. La aventura es un estado espiritual que nos conecta con los mitos que sirvieron a los hombres ya sea para relacionarse con la naturaleza o para intentar un desciframiento del mundo y de la vida. Esos peligros que amenazan al héroe, esos viajes riesgosos por mares bravíos y selvas impenetrables, ese hender con astronaves los espacios maravillosos del cosmos, no son otra cosa que la proyección de nuestros sueños y anhelos. Como afirmó Hugo Pratt: la aventura “forma parte del patrimonio humano. Es hija de la imaginación y deriva de advenire: lo que ha de venir, la búsqueda de algo diferente”.

Oesterheld escribió novelas, como las nueve del ciclo de Bull Rockett. Eran narraciones de entretenimiento cuya prosa fue gestada a los apurones y sin corregir, urgida por la entrega y concebida con el afán comercial de obtener una venta masiva. Se adecuaba a los cánones de la literatura de género impuesta por europeos y norteamericanos: tal vez sea el único escritor de la Argentina y de América latina que responda a esas pautas. La historieta El Sargento Kirk, que dibujó Hugo Pratt, fue novelada también en nueve volúmenes, que irradian un potente aliento épico al registrar la lucha en el desierto, donde se gana y se pierde, y donde mueren amigos y compañeros. El autor tiene imágenes muy nítidas de aquel paisaje, logra volcarlas en la escritura y demuestra ingenio para describir acontecimientos de acción física, como ser tiroteos, cabalgatas y luchas cuerpo a cuerpo. Kirk trae una visión distinta del Oeste norteamericano: es un sargento del Séptimo de Caballería que cuestiona la lucha contra los indios, deserta y se une a una tribu tchatoga. Además, es un personaje torturado e introvertido, al que acosa su sentimiento de culpa por haber participado en una matanza de indígenas. Hay talento en el empleo de la introspección para describir los estados de ánimo y los conflictos del héroe. Kirk es de alguna manera un marginado que no encuentra su lugar entre los hombres. Como Ojo de Halcón, el protagonista de El último de los mohicanos, aunque ama a los pieles rojas, jamás será uno de ellos. Ante las semejanzas con el laureado filme Danza con los lobos (1990), de Kevin Costner, una pregunta se torna insoslayable: sus responsables ¿habrán leído El sargento Kirk?

Además escribió cuentos infantiles y notables relatos para adultos, entre los que se destacan “Sondas”, “Pequeño Maquiavelo Reforzado”, “El árbol de la Buena Muerte”, “Los cuentos del Tipi” y “El diario de un soldado”.

En marzo y abril de 1957, la flamante editorial Frontera, fundada por él y su hermano Jorge, lanzó al mercado las revistas mensuales “Frontera” y “Hora Cero”, a las que se agregaron “Hora Cero Extra”, “Frontera Extra” y “Hora Cero Semanal”. La definitiva clausura de este ciclo ocurrió en mayo de 1963, con el Nº 77 de “Hora Cero Extra”. Sin embargo, el ocaso había comenzado en 1959. A partir de esa esplendorosa época de “Hora “Cero” y de “Frontera”, en todas partes se habla de la escuela historietística argentina. Sus innovaciones plásticas marcan un camino que va desde el cinematografismo de Caniff del que Pratt se independiza, pasa por el vigor realista de Solano López  y desemboca en el expresionismo exacerbado de Breccia.
 ¿Qué sucedió para que en esos años la historieta nacional viviera años tan brillantes?
Es que sus personajes desbordaban carnadura humana y los dibujos asombraban por su calidad gráfica.

La aventura pone en peligro la vida, pero este riesgo implica que sea más rica e intensa, que la sangre corra por las venas, una manera de minimizar su ineluctable finitud. En cambio, en historietas como Ernie Pike (1957), El Eternauta (1957) y Mort Cinder (1962), la omnipresencia de la muerte se tiñe de un tono más sombrío y pesimista.

En Ernie Pike, este corresponsal relata historias de la Segunda Guerra Mundial plenas de dramatismo. Impresionan por su verosimilitud, por la ausencia de tropas que defienden causas justas, correctas y morales, por la falta de héroes estereotipados que conducen hacia la victoria legítima. Sus protagonistas pueden ser tanto aliados como alemanes, su fin siempre es frustrante porque son víctimas de esa escalada irracional que es la guerra. Precisamente, dos de sus historias más estremecedoras están protagonizadas por alemanes. En “Otra vez en su mundo de antes”, el soldado Hans Müller cae herido y decide escribir una carta a su casa, pero muere sin concretarlo. En un alarde de economía de recursos, sólo cinco páginas son suficientes para plasmar esta conmovedora anécdota. En “Maquis”, el soldado Herlmuth Gruber se entera de la muerte de su familia en un bombardeo, y no duda en ser fusilado para salvar a una niña francesa que le recuerda a su hijita. Pero “Desencuentro” es la crónica que mejor refleja el espíritu antibélico de esta historieta, en la que la muerte, ese “hedor dulzón, agobiante de la carne en descomposición”, es consecuencia del sinsentido de la guerra. El teniente Long proclama: “Justamente en la guerra es cuando más hay que recordar cuales son los verdaderos valores del ser humano”, y al frente de un tanque resuelve desobedecer una orden para acudir en ayuda de su amigo Holden. Pero Long es herido y enloquece creyendo que Holden lo abandonó, a pesar de los esfuerzos de éste para hacerle notar su presencia. El episodio se sumerge en un patetismo desgarrador cuando Holden muere de un tiro y Long sobrevive: con tristeza Ernie Pike comenta: “Tiene que haber un lugar donde estas tragedias hechas de coraje y desencuentros se anoten a favor de la especie humana”. El personaje se inspira en un corresponsal de la vida real, Ernie Pyle, que conmovió a los lectores con sus crónicas desbordantes de humanidad. Aquí también estuvo Hugo Pratt, que estaba cambiando el rumbo de la gráfica. Su figuración se alejaba de cualquier sumisión a la ilustración o al cine, y se erigía en una estética autónoma, incanjeable, que se nutría de esplendentes aguadas, manchas aplicadas con pincel, onomatopeyas, líneas cinéticas y una sabia distribución de blancos y negros. Hugo Pratt hizo evolucionar la influencia señera de Milton Caniff, y gravitó en todos los dibujantes de esa época. Su imagen no fue tributaria del cine, sino autónoma. No necesitó de ningún paternalismo, por sí misma pudo demostrar que la historieta era un arte con un lenguaje propio, sin complejos. Las manchas tuvieron en Ticonderoga Flint un sentido estético  más amplio y rico que en Caniff. Se erigió en algunos cuadritos como expresión pura. Pincel seco, árboles y personajes siluetados en negro conformaron un desfile apabullante de bellas viñetas. Pratt, como apuntó Oscar Masotta, “termina por forjarse –a raíz de Caniff, con Caniff, contra Caniff y sin Caniff– un verdadero y original estilo de narrar”.

El esplendor visual planteado por la editorial Frontera fue tal que se dio el lujo de contar con un artista de la talla de Arturo del Castillo, cuyo manejo de la pluma en Randall, the killer no tiene nada que envidiarle al gran Alex Raymond. Es un orfebre de la ilustración y posee un oficio de primera que se manifiesta en las tramas y en las sombras planas. Sus viñetas son prodigios de composición, auténticos frescos dignos de un Harold Foster.

El dibujo de Carlos Roume en Patria Vieja y en Nahuel Barros es personal, totalmente alejado de los estereotipos norteamericanos. Su estilo rústico se adapta a la temática nacional y logra representar con mínimos recursos fortines y escenarios naturales. Juan Arancio continuó Patria Vieja y reveló ser dueño de un lápiz superdotado para plasmar cuadros de acción y paisajes del país. Hay en sus trabajos síntesis gráfica unida a alardes visuales.

Mort Cinder es un proyecto ambicioso de Oesterheld y de Alberto Breccia. (Ya en Sherlock Time de 1958, el dúo había registrado un clima sombrío y tortuoso de Buenos Aires y sus alrededores). El anticuario Ezra Winston convoca a Mort Cinder, un muerto que protagoniza sucesos funestos encarnando a distintos protagonistas. Es un nuevo ejercicio sobre el espacio-tiempo que le permite a los creadores recorrer varias épocas de la historia (la batalla de las Termópilas, la torre de Babel, una penitenciaría en Oklahoma en 1925, etcétera). Un aliento trágico campea por sus episodios, dando a entender la inutilidad de las aspiraciones humanas: el destino inexorable se encargará de frustrarlas (“La muerte llegará como un desesperado cansancio”, sostiene uno de los personajes). La labor que despliega Breccia es colosal, una hazaña del grafismo: el claroscuro adquiere potencialidades expresivas desconocidas hasta entonces en la historieta. El artista se asume como un incansable investigador de nuevas sendas, experimentando con collages y técnicas renovadoras que crean secuencias de inusual belleza. “El dibujo de Breccia tiene una cuarta dimensión de sugestión que lo aparta de los demás dibujos que conozco”, ha dicho Oesterheld. La calidad plástica y la perfección del guión sitúan a Mort Cinder entre las mejores historietas de todos los tiempos.

Este profundo escepticismo sólo asoma en otra obra maestra también ilustrada por Alberto Breccia: Richard Long (1966), un policial duro en el que no se cree en el amor y que hubiesen podido rubricar escritores como el Horace Mc Coy de ¿Acaso no matan a los caballos? o el David Goodis de Viernes 13. Una mujer es amada por Richard Long, pero éste permite que la asesinen a cambio de dinero. “Siento lo de Marie. Pero no hablemos de ella. Ninguna mujer vale tanto”, le dice quien le paga. En Lobo Conrad (1958), un criminal que abandonó a su familia decide reparar su vida haciéndose  matar por su hijo –que ya no lo reconoce–, para que a éste lo asciendan como policía montado.

En Watami el guión ensalza los códigos y las leyes de los indios desde adentro, pues ellos son protagonistas de la historieta tanto como la violencia y el arrojo. Está el dibujo de Julio Moliterni, que obtuvo uno de los picos de su brillante carrera mediante un registro vívido del paisaje. (Moliterni ya había demostrado sus dotes en un episodio mudo de Leonero Brent (1958), otro western guionado por Oesterheld.)

El Eternauta, que comenzó a salir por entregas el 4 de septiembre de 1957 en la revista “Hora Cero Semanal”, representa la cumbre de la historieta argentina. Por su trascendencia y repercusión se la considera iniciadora de la ciencia ficción en nuestro país. Su novedad consiste en que la clásica invasión extraterrestre se desarrolla en Buenos Aires; así  sus principales secuencias de acción ocurren en la cancha de River, en la avenida General Paz y en la Plaza del Congreso. Cuatro amigos están jugando una partida de truco en Vicente López y, de golpe, se ven enfrentados a una invasión alienígena. En cierta forma retoma el esquema de Rolo, el marciano adoptivo (1957), donde un maestro de escuela y los miembros de un consejo directivo de una sociedad de fomento barrial se complican en un suceso cósmico.

Pero lo que en Rolo era alegría, humor y brisa refrescante, en El Eternauta se torna opresión y angustia con ribetes de balada mortuoria: Juan Salvo –el protagonista– dice: “Las calles cubiertas por la nevada aparecían envueltas en un sudario pavorosamente bello”.

Es asimismo una ficción especulativa sobre el tiempo y su ruptura cronológica, tan cara a la ciencia ficción. Juan Salvo, El Eternauta, define su particularidad de “navegante del tiempo, de viajero de la eternidad, mi triste y desolada condición de peregrino de los siglos”.

La muerte, que en Ernie Pike era una tragedia colectiva, adquiere en El Eternauta el carácter de destino ineluctable, de cul-de-sac apocalíptico: “todos los caminos llevaban a la muerte”, explica un texto. El lector devora con ansiedad la historieta sabiendo que los personajes no se salvarán. Este clima irrespirable y persecutorio que tiene lugar en conocidas calles de Buenos Aires, y donde intervienen monstruos extraterrestres como los “cascarudos” y “gurbos” –meras herramientas de los “ellos”, los verdaderos engendros con vocación imperialista–, recuerda los pasajes más brillantes de un clásico de la literatura de anticipación: El día de los trífidos (1951) de John Wyndham.

El Eternauta también reitera un leitmotiv que contenían Ernie Pike y Mort Cinder: empleando una terminología propia del realizador Ingmar Bergman podríamos hablar del silencio divino. Es como si Dios hubiese abandonado a las criaturas humanas a su desgracia o, con más propiedad, como si definitivamente no existiera: “La vida traza una parábola cruel y voluptuosa desde el nacimiento hasta la muerte, es [...] hermosa y espantosa, sin compasión ni sentido” (El demonio nos gobierna, 1948).

El guionista despliega en El Eternauta una pasión imaginativa deslumbrante, y tanto su astucia como su dinamismo narrativos para exponer el terror tecnológico evocan al H.G. Wells de La guerra de los mundos (1898). Prueba ser un grande, y obliga al joven Francisco Solano López a estar a la altura del maestro y convertirse en un grande a través de un enfoque que optimiza la acción y que entronca la historieta con el gran realismo de todos los tiempos. Sus conceptos gráficos imponen un nuevo derrotero al dibujo volviéndolo más independiente, con un relato fluido, propio del arte de los globos y cuadritos. Su trazo vigoroso, su calidez en el diseño de los personajes, su destreza en las manchas negras, así como una ágil planificación, estaban revolucionando el noveno arte. Al preguntársele por su estética, responde que “Consiste en preocuparme lo menos posible con la estética y lo máximo con la narración gráfica y la credibilidad de los protagonistas”. Según el guionista Ricardo Barreiro, Solano López es “uno de los mejores narradores gráficos de la Argentina”. Y, aunque no tuvo participación en el texto de Oesterheld, le había comentado previamente que quería dibujar “una historia de ciencia ficción diferente en el sentido de que sus personajes debían ser reales, convincentes y cotidianos. Que el lector pudiera reconocer en ellos gente común de su entorno”.

En 1969 este argumento con ciertas variantes fue ilustrado por Alberto Breccia. Apareció en la revista “Gente” y la decisión del director de suspender su publicación obligó a Oesterheld a acortar abruptamente el guión. Esta circunstancia le quitaba fuerza y ritmo a la historieta, la que impresionaba más como una sinopsis que como una narración. Pero el dibujo de vanguardia de Breccia viraba el sentido a la trama: su experimentación expresionista acentuaba los rasgos atormentados y angustiosos.

El grafismo era el verdadero protagonista de esta versión, por cuanto Breccia no ocultaba su afán de realizar una obra adulta de alto nivel artístico. También hay un notorio giro ideológico en la historia: las grandes potencias para salvarse negociaban con el invasor extraterrestre y le entregaban Latinoamérica. Favalli, uno de los personajes sentenciaba: “¿De qué te extrañás, Juan? Si en verdad los grandes países nos tuvieron siempre atados de pies y manos... El invasor era antes los países explotadores, los grandes consorcios... sus nevadas mortales eran... la miseria, el atraso... Teníamos que habernos defendido antes, Juan. Cuando todavía era tiempo. Antes debimos odiar lo que nos debilitaba”. Este tema reaparece en Guerra de los Antartes (1970), con dibujos de León Napoo, de la que hubo una remake inconclusa en 1973 con arte de Gustavo Trigo.

El mismo Alberto Breccia confesó que se trató de una obra no lograda, que faltó tiempo porque su publicación fue cortada caprichosamente por el editor: no pudo madurar la experimentación que había comenzado y todo quedó a medio camino. No obstante, en Italia tuvo un éxito enorme y le abrió al dibujante las puertas de Europa: fue la primera historieta latinoamericana que se publicó en la revista “Linus”, y se la consideró una obra maestra.

Oscar Tafetán, en el diario “La Razón”, señaló con relación a la posterior serie televisiva V: invasión extraterreste (1984-85) –en la cual el poder central de la Tierra también acordaba con los invasores– que de alguna manera sus guionistas habían leído la historieta.

Este sesgo político se acentúa en la segunda parte de El Eternauta (1976), también con arte de Solano López. Aquí auténticas guerrillas luchan contra el invasor y Juan Salvo se asume como un héroe iluminado que capta ondas mentales y vislumbra el futuro. A su vez, el clima de angustia cede lugar a conjeturas sobre el espacio-tiempo. Sin embargo, narrativamente esta parte es mucho menos convincente que la primera. Las especulaciones temporales son seudocientíficas, y resulta poco convincente el artefacto denominado “cronomaster” o “manipulador del tiempo”. El guionista no está inspirado y apela a golpes de efecto. Los personajes se aterran ante algo insólito y lo señalan, pero este recurso es tan reiterativo que termina por dejar indiferente al lector. Consciente de tal carencia, el guionista rememora escenas antológicas de la primera parte, como si así pudiera insuflar idéntico destello a esta continuación. El mismo Solano López reconoció que “La intención ideológica de Héctor y mi desacuerdo con ella, resultó en que ninguno de los dos hombres hubiera quedado satisfecho con el trabajo. Yo porque no logré despojarlo totalmente de ese contenido y Héctor, imagino, porque no logró cumplirlo íntegramente”.

Siempre persistió en el ámbito historietístico la intención de continuar la peripecia de El Eternauta. Así, en 1981 apareció esa apócrifa y cuestionada tercera parte llamada “Traición alienígena”, cuyo guión se atribuye al italiano Alberto Ongaro, una obra a la que Solano López siempre le tuvo bronca.

Hubo también historias alternativas, como las treinta y dos páginas guionadas por Segio Kern a mediados de los ochenta y que se tituló “El perro llamador”, en el cual El Eternauta se corporiza en un planeta habitado por niños que viven en cavernas. Solano López sólo dibujó el primero de los cuatro capítulos que integran la historia, y espera que alguna vez salgan a la luz en su totalidad.También a principios de los noventa Juan Sasturain propuso “La Vencida”, una historia que no prosperó porque –según Solano López– giraba hacia el género policial más que al de ciencia ficción.Otra historia paralela es “El mundo arrepentido”, de 1997 y con guión de Pol (Pablo Maiztegui), que gustó mucho a Solano López a pesar de su audacia (hay vacas y toros en Marte).

Dos guiones escritos por Gabriel, el hijo de Solano, no fueron dibujados.
“El Eternauta–Odio Cósmico”, con dibujos de Walter Taborda y Gabriel Rearte, que comenzó a guionar Ricardo Barreiro y luego continuó Pablo Muñoz, es una continuación de la tercera parte e intenta desentrañar el origen de los “ellos”, historia de la que se publicaron tres entregas. Precisamente Muñoz opina que Oesterheld se inspiró en dos novelas de Robert A. Heinlein para gestar su epopeya: Amo de títeres, en la que los invasores extraterrestes operan como parásitos en el cerebro de los humanos, y Tropas del espacio, según la cual unos insectos gigantes invaden Buenos Aires.

Y está “El Regreso”, que continúa la primera parte de El Eternauta. El guión es de Pol, quien revela tener un gran coraje al animarse con una creación de Oesterheld. Si bien las historietas se hacen en equipo y muchas veces es difícil identificar al creador de un personaje, y éste va evolucionando de acuerdo a los dibujantes y guionistas que lo trabajan, el caso de El Eternauta es un hecho singular porque se trata de la cumbre del género en la Argentina. Según aclaró el dibujante en el libro Solano López en primera persona, “se produce un triángulo, un tironeo entre Martita, Juan y el Mano que, de alguna manera, representa la situación de muchos hijos de desaparecidos”. Y aclara que no se trata de un panfleto como en la versión de 1976, sino de una mirada sobre la actualidad a través de una metáfora del futuro que privilegia la aventura.

“El Regreso” ocurre en el año 2003, cuarenta años después del primer contacto ocurrido el 8 de mayo de 1963. Es sumamente imaginativo el guión de Maiztegui –basado en una historia original de Solano López–, que ha desarrollado un argumento complejo, de frecuentes raccontos, con constantes giros y ramificaciones de la trama. Está toda la inventiva de una tecnología sofisticada que menciona pilas de antimateria, campos de fuerza, cámaras criogénicas y el acceso al continuum.

Los diálogos de Pol son concisos y funcionales, hacen que la narración avance mediante las imágenes. La historia se abre en varias situaciones paralelas, dando lugar a un montaje impecable de escenas de acción con un excepcional y vigoroso planteo gráfico por parte de Solano López: en cada viñeta hay un constante movimiento que se transmite a toda la página.

“El Regreso” privilegia el sesgo aventurero caracterizado por persecuciones, fugas y huidas, en donde un grupo liderado por Juan Salvo y Favalli lucha contra los invasores. Hay en los dos primeros libros –“Martita” y “Ushuaia”–suspenso y misterio, especialmente en las secuencias que tienen lugar en los abandonados túneles de los subtes.  El Libro Tres, “Vicente López”, completa la saga.

Aunque no se puede desconocer que el público está volcado masivamente al cine y al video y gusta de películas como la serie Matrix (una audaz combinación de artes marciales, de animación por computadoras, de video juegos, de la vertiente cyberpunk de la ciencia ficción y de una indagación filosófica que Jorge Aulicino, de “Clarín”, ha bautizado como “la épica religiosa en un mundo post-industrial”), hay proyectos de filmar El Eternauta, así como de escribir novelas y de seguir produciendo historietas que lo tengan como protagonista. Es que el convincente impulso imaginativo de su desgarradora historia presenta personajes ricos y contundentes como para justificar su abordaje en este complejísimo siglo XXI..

Sin embargo, hay varios críticos que cuestionan la ciencia ficción porque ha proyectado hipótesis que al final no se cumplieron. Pero, lamentablemente, un vaticinio del género se está consumando: el de anunciar un siglo XXI sumido en la antiutopía. Así, Juan José Dimitta en la revista “Lea” refiere la afirmación de un personaje de las célebres Crónicas Marcianas (1950), de Ray Bradbury: “Por mucho que nos acerquemos a Marte, jamás lo alcanzaremos y nos pondremos furiosos ¿y sabe usted qué haremos entonces? Lo destrozaremos, le arrancaremos la piel y lo transformaremos a nuestra imagen y semejanza”[...]. Luego vendrán los grandes intereses, los representantes de minas y el turismo”. Cualquier parecido con la reciente invasión a Irak por parte de los Estados Unidos es mera coincidencia.

Entendemos que la ciencia ficción –más allá de la maravilla de los efectos especiales que brinda el cine– es un género irreemplazable para realizar, a través de la fantasía, un vuelo poético propio y, asimismo, explorar el presente de la humanidad desde un presunto futuro.

Por ello continuar El Eternauta por cualquier medio expresivo es altamente auspicioso. Como opinó Alberto Breccia sobre la obra del guionista: “En su conjunto es insuperable. [...] Oesterheld fue un hombre que marcó la historieta, y ésta es antes y después de él porque la revolucionó a nivel mundial”.

Guía cronológica

1951
Alan y Crazy, narra las aventura de dos agentes ingleses. La dibujó Eugenio Zoppi.
Lord Comando, de guerra, con arte de Paul Campani.
Ray Kitt, policial, con gráfica de Hugo Pratt.

1952
Bull Rockett (algo así como Toro Cohete) (1.2.52), un piloto de pruebas. Dibujada por Paul Campani hasta 1955; fue reemplazado por Francisco Solano López, al que sucedió Julio Schiaffino.

1953
El sargento Kirk (9.1.53), un sargento de caballería que deserta del ejército norteamericano. Tuvo como dibujante a Hugo Pratt. A partir de 1959 la comenzó a graficar Jorge Moliterni. Luego vinieron Porreca y Gisela Dester. En 1972, nuevas aventuras fueron dibujadas por Gustavo Trigo para la revista “Billiken”.

1954
Tarpón, de ámbito marino, arte de Daniel Haupt.
Doc Carson, médico cowboy, con gráfica de Carlos Vogt.
El mescalero, sobre indios norteamericanos, dibujada por Ivo Pavone.

1955
Dragón Blanco (1.6.55), aventuras en el desierto, con arte de Enrique Cristóbal.
El Indio Suárez (13.6.55), un boxeador, con imágenes de Carlos Freixas, que luego fue reemplazado por Carlos Cruz.
Uma Uma (13.6.55),  de ciencia ficción, con dibujos de Francisco Solano López.
Lon Sutter (10.8.55), del Oeste. Su dibujante fue Guillermo Letteri.
El zarpa,  un western que dibujó Ivo Pavone.

1956
Deportito, para chicos, arte de Sagrera.
Aparecen quincenalmente versiones noveladas de Bull Rockett y de El sargento Kirk, un total de nueve libros por cada personaje. En 1962 la Editorial Índice en su colección VistAventuras reeditó estos textos. A las series Rockett y Kirk, la editorial agrega otras dos obras de Oesterheld: Los cuentos del Tipi y El diario de un soldado. Ediciones La Isla en 1974-1975 publica de la serie Kirk: Muerte en el desierto (que refunde Muerte en el desierto y Hermano de sangre) y Los espectros de Fort Vance (que también refunde Oro tchatoga y Los espectros de Fort Vance). En 1988 Puntosur Editores reedita en un volumen Muerte en el desierto/Hermano de sangre.

1957
Ticonderoga Flint (abril de 1957), episodios de la guerra entre franceses e ingleses en la zona de los bosques y lagos norteamericanos. La graficó Hugo Pratt; durante 1960 la continuó Gisela Dester.
Enie Pike (abril de 1957), relatos bélicos de un corresponsal de guerra. La graficó Hugo Pratt. La continuaron muchos artistas, entre ellos Francisco Solano López, Alberto Breccia, José Muñoz, Bertolini, Jorge Moliterni, Balbi, Leopoldo Durañona, Rubén Sosa, Juan Zanotto, Ernesto García Seijas, Néstor Olivera. En 1970 y en la revista “Top”, Ernie Pike se ocupó de la guerra de Vietnam.
Tipp Kenya (abril de 1957), aventuras de un cazador en África, con arte a cargo de Carlos Roume.
Patria Vieja (mayo de 1957), de hechos heroicos argentinos, con imágenes de Carlos Roume. La continuó en 1960 Juan Arancio.
Rolo, el marciano adoptivo (mayo de 1957), de ciencia ficción, con dibujos de Francisco Solano López. En el período 1959-1960 la guionó Jorge Oesterheld.
Randall, the killer (4.9.57), del Oeste, con arte de Arturo del Castillo (la continuó C. Muñoz en 1960).
El Eternauta (4.9.57), de ciencia ficción, con escenarios porteños. La dibujó Francisco Solano López.
Nahuel Barros (setiembre de 1957), ámbito de fortines pampeanos, que graficó Carlos Roume.
Hueso Clavado (setiembre de 1957), western humorístico. El dibujante fue Ivo Pavone.
Scout River, expediciones en el Oeste, con gráfica de Luis Domínguez.
Ray Kent, científico aventurero, con imágenes de Eugenio Zoppi.
Verdugo Ranch, del Oeste, con arte de Ivo Pavone.
Lucky Piedras, de ambiente marino en el sur argentino. La graficó Carlos Cruz.

1958
Cayena (mayo de 1958), policial duro, dibujos de Daniel Haupt.
Burt Zane, policial, dibujada por Ivo Pavone.
Star Kenton, de ciencia ficción, arte de Walter Casadei.
Lobo Conrad, de policía montada, con imágenes de Hugo Pratt.
Leonero Brent, un western dibujado por Jorge Moliterni.
Rul de la Luna, de ciencia ficción para chicos, con dibujos de Francisco Solano López. La continuó Horianski.
Capitán Lázaro, de espionaje, arte de Enrique Cristóbal.
Pichi, aventuras de un perrito. La dibujó Carlos Roume. Algunos episodios los guionó Jorge Oesterheld.
Sherlock Time, ciencia ficción policial, con gráfica de Alberto Breccia.
Tim de la Pradera, del Oeste, con dibujos de Ernesto García Seijas.
Lord Crack, de guerra, con dibujos de Hugo Pratt. Luego la continuaron Mario Bertolini, Jorge Moliterni y Flores.
Amapola Negra, narra las peripecias de un bombardero inglés, con arte de Francisco Solano López.
Joe Zonda, aventuras con mucho humor de un copiloto que aprendió por correspondencia. La graficó Francisco Solano López y la continuó Julio Schiaffino.

1959
Doctor Morgue (junio de 1959), un médico forense. Su dibujante fue Alberto Breccia.
Buster Pike (setiembre de 1959), periodista hermano de Ernie, con arte de Julio Shiaffino.
Capitán Caribe, de piratas, con imágenes de Dino Battaglia.

1960
Bolo Peck (abril de 1960), policial, arte de Julio Schiaffino.
Jeep Popski (junio de 1960), de cowboys, con imágenes de Carlos Voigt.
Pereyra, taxista, historias cotidianas de un taxista. La graficó Leopoldo Durañona.
Mortimer,  un western, con dibujos de Rubén Sosa.

1961
Sea Ud. Detective (mayo de 1961), planteo de casos, dibujos de Leopoldo Durañona. (La comenzó a guionar Jorge Oesterheld en marzo de 1961).
Paúl Neutrón (22.6.61), de ciencia ficción, con gráfica de Julio Schiaffino.
Cachas de Oro, de cowboys, con dibujos de Carlos Voigt.
Santos Bravo, de ambiente argentino. El dibujante fue Juan Arancio. (Había iniciado los guiones Jorge Oesterheld.)
Historias de la ciudad grande, ambientada en Buenos Aires. La graficaron Leandro Sesarego, Ángel “Lito” Fernández y Ernesto García Seijas.
Cuentos del Tipi, del Oeste, dibujos de Lobo.
Comienza a publicarse una versión novelada de El Eternauta en la revista homónima. Queda inconclusa luego de aparecer durante quince números.

1962
Mort Cinder (20.7.62), un anticuario convoca a Mort Cinder (Muerte y Ceniza) para que narre dramáticos sucesos. La dibujó Alberto Breccia.
Los marcianeros (agosto de 1962), de ciencia ficción, con dibujos de Francisco Solano
López, al que sucedió Julio Schiaffino.
Santos Palma (agosto de 1962), de automovilismo, arte de Carlos Cruz.
Recuerdo, con arte de Néstor Olivera.
Watami, un indio cheyene, con dibujos de Julio Moliterni.
Comandante Prado (11.11.62), crónicas de guerra contra los malones, con dibujos de César Spadari.

1963
León Loco, con personajes adolescentes. El arte es de Ernesto García Seijas.
Lord Pampa, piloto de guerra, con dibujos de Ernesto García Seijas.
Yemsbón, dibujada por Pérez D`Elías.
Charlena, con arte de Eugenio Zoppi.
Herida mortal, dos hombres que intentaron vender whisky falsificado a los indios tienen una muerte espantosa. Dibujos de Leopoldo Durañona.

1966
Tapapuse, parodia policial para chicos, con dibujos de Leopoldo Durañona.
Richard Long, policial duro que graficó Alberto Breccia.

1968
Vida de El Che, dibujos de Alberto Breccia en dúo con su hijo Enrique.

1969
Argón el justiciero, ubicado en la época de Alejandro Magno. El arte es de Gómez Sierra.
El Eternauta, en versión de Alberto Breccia.

1970
Guerra de los Antartes, de ciencia ficción, con dibujos de León Napoo, seudónimo de Napoleón (Monghiello Ricci).
Artemio, taxista, con arte de Néstor Olivera. La prosiguió Pablo Zahlut.
Russ Congo, aventuras en África, con dibujos de Carlos Clemen, al que sucedió Kato.

1971
Marvo Luna, de ciencia ficción, con arte de Francisco Solano López, luego Vitacca.

1973
La guerra de los Antartes, nueva versión inconclusa a cargo de Gustavo Trigo.
Veinte mil leguas de viaje submarino, adaptación de la novela de Julio Verne, con dibujos de Regalado.
Sherlock Holmes, adaptación de las narraciones de Arthur Conan Doyle. La graficó Gustavo Trigo.

1975
Nekrodamus, de terror, imágenes de Horacio Lalia. La continuó guionando W. Slavich.

1976
El Eternauta, segunda parte con dibujos a cargo de Francisco Solano López.
Loco Sexton, de cowboys, su dibujante fue Arturo del Castillo. Otros guionistas: Guillermo Saccomanno, Carlos Albiac, Ray   Collins.
Shunka, imágenes de Garibaldi.
Wakantanka, de indios, con arte de Juan Zanotto. La continuó guionando Carlos Albiac.

1978
Galac-Master, de ciencia ficción, imágenes de Oswal.

Bibliografía

Albertoni, Carlos W.: Santas Historietas. Enciclopedia de los cómics, Buenos Aires, Catálogos Editora, 2004.
Cáceres, Germán: Charlando con Superman, Buenos Aires, Editorial Fraterna, 1988.
Cáceres, Germán: El dibujo de aventuras, Buenos Aires, Editorial Almagesto, 1996.
Cáceres, Germán: Oesterheld, Buenos Aires, Ediciones del Dock, 1992.
Crocci, Daniel: “El Eternauta, la novela que no pude ser”, en “Fierro” Nº 10.
Ferreiro, Andrés y Rodríguez Van Rousselt: “Kiosco, Esquema Enciclopédico de la Historieta Argentina”, en “Fierro” Nºs 36 y 37.
Gociol, Judith y Rosemberg, Diego: La historieta argentina. Una historia, Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 2000.
Legaristi, Francisco: “Trix” Nºs 7 y 8.
Masotta, Oscar: La historieta en el mundo moderno, Buenos Aires, Paidos, 1970.
Sasturain, Juan: El domicilio de la aventura, Buenos Aires, Ediciones Colihue, 1995.
Sasturain, Juan: “El sargento Kirk cabalga de nuevo” (en H.G. Oesterheld: Sargento Kirk- Muerte en el desierto/Hermano de sangre, Buenos Aires, Puntosur Editores, 1988).
Sasturain, Juan; Ferreiro, Andrés; Spataro, Juan Carlos; Laruccia, Esteban: Informe y artículos en El Libro de Fierro Nº 2, Buenos Aires, Ediciones de La Urraca, 1985.
Trillo, Carlos: “Héctor G. Oesterheld, un escritor de aventuras” (en la Historia de los Comics, dirigida por Javier Coma, Tomo II, Barcelona, Toutain Editor, 1982-1983).
Trillo, Carlos y Saccomanno, GUILLERMO: Historia de la historieta argentina, Buenos Aires, Ediciones Record, 1980.

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*GERMÁN CÁCERES colabora en varios medios, entre ellos las revistas Lea, El Grillo, Proa, Ser en la Cultura y en las publicaciones virtuales Imaginaria, A hierro muere y WittyWorld (de EE.UU.). Es columnista del sitio El Muro: www.elmurocultural.com.
Es autor de los ensayos sobre historietas Charlando con Superman (1988), Oesterheld (1992), Así se lee la historieta (1994) y El dibujo de aventuras (1996). Integró el equipo que confeccionó el Diccionario de uso de la historieta española (1997). Por esta especialidad fue invitado a los festivales internacionales de Budapest (1990), Skopje (1991) y St. Just le Martel (1992).
Además, escribió El checo, la giganta y el enano (cuentos, 1974), Frankenstina (cuentos, 1977), Cuentos para mocosos y purretes (literatura infantil, 1980), Los silencios prohibidos (novela policial, 1982), Los pintores mueren del corazón (cuentos policiales, 1985), Matar una vez (novela policial, 1992), y las novelas para adolescentes Soñar el paraíso (1996) y Traficantes de la selva (1999) (ambas publicadas por la editorial Alfaguara). En 1993 realizó una compilación de cuentos policiales argentinos con el título Thrillers al Sur, que fue editada en diskette y reeditada en 2002 por la editorial virtual Ibucs: http:/ibucs.tripod.com, que ese mismo año colocó en la red su antología de cuentos argentinos de ciencia ficción Otras rutas al futuro.
Colabora con la Fundación Ciudad de Arena dedicada a la difusión del género fantástico y participó de su “Encuentro de Creadores 2004” y del “Viaje al Centro de los Confines”(Buenos Aires-Viedma-Bariloche-Buenos Aires: realizado en 09-04)
En 1997 fue incluido en la antología Cuentistas Argentinos de Fin de Siglo, de Editorial Vinciguerra.
A partir de 1997 incursiona en el teatro. Cursó dramaturgia con Ricardo Monti. En 1998 salió su drama en un acto Vamos a Manhattan, de Ediciones del valle. La misma editorial publicó en 1999 Suicidios en la cuarta dimensión, obra en dos actos, y en junio de 2001 El postre, en un acto y en 2003 Viajeros, en un acto. En octubre de 2005 se estrenóá su obra Knock out, fuera de combate.
En 1986 recibió Mención de Honor Premio Municipal en Cuento por Los pintores mueren del corazón. En 1992 obtuvo dos "Fajas de Honor” de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE): una en novela (por Matar una vez) y otra en ensayo (por Oesterheld). En 1996 mereció Mención de Honor en el Concurso Internacional de Ficción sobre Gardel (Montevideo-Uruguay) por el cuento “Rapsodia del Río de la Plata”. En 1999 la Socidad Argentina de Escritores le otorgó la “Faja de Honor”en teatro por Vamos a Manhattan, y la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el 1er. Premio Especial “Eduardo Mallea” por su ensayo La aventura en América, que la Editorial La palabra mágica publicó en diciembre de 1999. En junio de 2000, recibió la “Faja de Honor” de la SADE en literatura juvenil por Traficantes de la selva.
En octubre de 2002 fue premiado en el concurso de cuentos “Atanas Mandadjiev”, celebrado en Sofía, Bulgaria, y se le otorgó el título de Gran Maestro del Relato Policial.
El 5 de agosto de 2003 fue nombrado socio honorario de SADE.
En abril de 2004 apareció su libro Entre dibujos, marionetas y pixeles (Notas sobre cine de animación), publicado por Editorial La Crujía.
Ediciones  BP publicó tres cuadernos de su autoría en su colección “Informes del Sur”: Orígenes de la historieta argentina (2004), El género fantástico en la historieta argentina (2005) y Oesterheld: La aventura sin fin (2005).
En junio de 2005 obtuvo el ler. y el segundo premios por Los Invisibles y Lluvia de cadáveres, respectivamente, en el Concurso Internacional de “Literatura Infantil y Juvenil” (novela) organizado por HMRSystems, que fueron editadas en audiolibro en febrero de 2006.

 

 
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