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Monica Spinelli

La leyenda del Kakuy (Cacui, Kakui)

 

Por Mónica Spinelli*

 

En Santiago del Estero, tierra de chacareras, de expresiones folklóricas, tradiciones quechuas y postcoloniales, cuenta la leyenda que dos hermanos vivían solos en el monte. El hermano varón le prodigaba toda la ternura y el amor a su hermana, al punto de llegar al incesto. Cada día le traía del monte flores, frutos, miel, la carne de sus animales preferidos y peces que abundaban en el río. Ella en tanto lo trataba cruelmente, despreciándolo.

Cansado de esta actitud el hermano la convenció un día para ir juntos al monte para una “meliada” (recoger miel para comer), diciéndole que había encontrado una gran colmena en un árbol corpulento. La hermana se cubrió con su manto para protegerse de las picaduras y así partieron ambos.

Al llegar al árbol, subió ayudada por su hermano, pero mientras ella alcanzaba la copa del árbol, él fue talando las ramas para evitar que ella pudiera descender y luego desapareció.

La muchacha sola en el árbol y comenzó a llamar a su hermano, al ver que este no acudía, se quitó el manto de la cabeza. Al mirar hacia abajo comprendió su tragedia, gritó y lloró hasta el anochecer. En el silencio del monte solo su eco se escuchaba, sus pies se fueron transformando en garras, sus brazos en alas y su cuerpo se cubrió de plumas. Trasformada en un pájaro, el kakuy, levantó vuelo, y desde entonces se escucha por las noches su desgarrador llamando a su hermano: —“Kakuy, turay, turay!”—

La narrada es la leyenda original de Santiago del Estero, que muestra a un hermano que pretende un encuentro carnal con su hermana mientras que ésta le rehuye por derecho natural. La metamorfosis, el convertirse en pájaro, seria una advertencia de castigo por el crimen del incesto. El mensaje de la leyenda intenta revertir costumbres de las primeras épocas de esplendor de las grandes civilizaciones indígenas durante las que era una costumbre bien mirada el casamiento entre parientes de linaje, para reservar la pureza de la sangre.

El kakuy, kakui o cacuy de origen quechua, es la misma ave que en la región guaraní se denomina urutaú y en Brasil jurutaui. Se trata un pájaro nocturno que vive en la región selvática del norte argentino, paraguayo y brasilero, su canto melancólico se asemeja a un llanto y entre los aborígenes ha sido motivo para tejer esta y otras semejantes y variadas leyendas. Esta leyenda con el tiempo sufrió transformaciones que en las que el mensaje original cambia, dando origen a un mensaje de enseñanza sobre la importancia del amor fraternal, el incesto no se nombra y solo habla de un hermano bueno y una hermana que lo maltrata.

*******************************

En el sitio “De norte a sur” hallamos la versión moderna de Jorge W. Abalos.


El Urutaú

Llora, llora Urutaú
Por las ramas del Yatay
Ya no existe el Paraguay
Donde nací como tú
Llora, llora Urutaú


Conocido con los nombres de : Vieja, Cacuí, Bacuí, Pacuí, Cacuy, Kakui, Turay en las diferentes zonas del Paraguay y Argentina, donde habita el ave fantasma, tal su nombre en guaraní, es motivo de leyendas que varían según la idiosincrasia de los lugareños que las cuentan.

Jorge W. Abalos nos entrega su versión:”dos hermanos vivían en el monte, él era bueno y su hermana todo lo contrario. El brindábale frutos salvajes y regalos pero ella correspondía con desaires y maldades. Un día al regresar de la selva, cansado y hambriento, le pidió un poco de miel y ella derramó el contenido del frasco en su presencia haciendo lo mismo al día siguiente con la comida. El muchacho decidió castigar su maldad. La invitó una tarde a recoger miel del árbol más alto del bosque.

Consiguió que ella trepara a la copa del quebracho más alto. El subió por detrás y descendió desgajándolo de modo que ella no pudiera bajar. Allí quedó la mujer y a medida que pasaron las horas y llegó la noche, la desesperación la hizo presa y con horror contempló que sus manos se transformaban en alas y el cuerpo todo se le cubría de plumas. Desde entonces, un pájaro de lento vuelo se desplaza por la noche con un grito desgarrador- “Turay”, “Turay” ( “Hermano”, “Hermano”)

De esta leyenda no hay que olvidar su moraleja:
          “los hermanos no deben dejar de amarse”

(Fuente: http://www.sde.gov.ar/cultura/leyendas.php)

Dibujo de la hermana en su metamorfosis

 

Este dibujo se extrajo de la  página de Folklore del Norte

kakuy

*La Dra. Mónica Spinelli es biologa, periodista, escritora y webmaster de “ArgentinaUniversal”

 

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El último día para honrar a la Pachamama

El plazo para depositar las ofrendas a la Pachamama, que está sedienta, vence este 31 de Agosto, como todos los años. De acuerdo con la cosmovisión andina, se ofrendarán elementos rituales como las wajtas o huakas, compuestas de dulces, lanas de colores, mirra, incienso, sebo y yerbas. Las ofrendas serán diferentes y las mesas preparadas según la necesidad de los pidientes. Unos las quieren para la casa, otros para el trabajo y algunos para su negocio. La Pachamama recibe sus ritos en el domicilio de los creyentes, pero también en las grandes apachetas ubicadas en diferentes lugares como el camino a Oruro o a Copacabana o a lo largo de las estribaciones de la Cordillera de los Andes.

Apacheta
Ante la “Apacheta”, las ofrendas
se mezclan con las plegarias

El aire del altiplano se llenará entonces con el aroma de las últimas ofrendas para la Pachamama, que durante 30 días previos recibe sahumerios y plegarias que piden salud, y abundancia. Para la gente que en mayor o menor medida practica la religiosidad andina, la medianoche de este nuevo 31 de Agosto es un plazo inexcusable. Hasta entonces se pueden quemar huajtas y k’hoas. Al día siguiente, la madre tierra habrá cerrado su vientre hasta el próximo mes de agosto.

El antropólogo David Mendoza relaciona a la época de las ofrendas con el tiempo de la siembra en el altiplano. Tradicionalmente en el área rural la gente ruega que la fertilidad de la Pachamama le permita gozar de una buena cosecha. En el ámbito urbano, otra clase de pedidos se ha popularizado. La gente espera que la Pachamama le dé dinero, casas y hasta computadoras. Los anhelos de los creyentes, representados en pequeñas figuras de azúcar, así lo demuestran.

Según el investigador de culturas americanas Huasman Luis Alberto Reyes, agosto es el mes de la Pachambama, época de preparación de la siembra, Chawawarqui killa/ itwa trapuy. “La madre que acostumbramos evocar pariendo y cuidando la vida tiene también una etapa en que recibe, llama hacia ella y espera”, explica Reyes.
“Lo que los aymaras hacen es pedirle permiso a la Pachamama para que empiece a sembrar, a roturar la tierra”, sostiene por su parte Mendoza.

A través de este planteamiento se presume que la boca de la tierra (Pachamama) está abierta. Es una ocasión especial para llegar a su corazón y hacerle ofrendas, cuyo significado es el de devolver mediante el ritual los favores recibidos durante el año.

Entre los aymaras existe la creencia de que también están sedientos los achachilas, los huaracos, que son los dioses tutelares de las montañas.

Estas ofrendas deben ser entregadas en apachetas o lugares altos, pues de ahí el sacrificio llegará más rápido al Alaxpacha, que para los aymaras es el cielo.

Goya, vendedora y experta en estos rituales desde hace 15 años, explica que aquellas personas que tienen vehículos grandes o construcciones significativas recurren a la wajta o wilancha con la llama, y en el caso de negocios o empresas grandes con el sacrificio de una vicuña.

Este mes se utilizan en calidad de ofrenda mesas o wuajtas de colores. En ellas se ofrece a la Pachamama un ritual, con todos los misterios. Esta ofrenda se debe quemar y challar con alcohol.

Entre los principales elementos rituales que se brindan están las wajthas o huacas mismas, que están compuestas por yerbas, sebo de animales, dulces, lanas de colores, incienso, mirra y copal.

Goya asegura que no todas las mesas son iguales, por lo general éstas varían según los favores requeridos. Unos piden para su negocio, otros para la suerte, otros para sus cultivos.

Si el motivo del ritual es pedir por casa se debe utilizar la llama, la botella, alfeñique, incienso, q’hoa, copal; sus misterios, con corazones para la familia, auto, nuez.
El costo de las mesitas varía entre cinco y cien bolivianos, con sullu o feto de llama.


Apachetas preferidas

Si bien hay mucha gente que entrega las ofrendas a la Pachamama en sus propias casa, otros prefieren llevarlas hasta las apachetas; a ellas concurrieron durante todo el mes personas que querían la bendición de la tierra para sus vehículos o negocios.

Según la vendedora de ofrendas Goya, estas personas prefieren asceder al cerro o a sus proximidades para tener más prosperidad y bendición.

Estos ritos ancestrales se realizan en las apachetas, que son los lugares propicios para el culto, indican los amautas aymaras.

Una de las apachetas más concurridas es la que se encuentra sobre la carretera a Oruro, Bolovia, cerca de la ex tranca de Achica Arriba, saliendo de El Alto.

El sitio se llama Warak’o Apacheta, y ahí fue instalado un campamento de sacerdotes aymaras. Más cerca de la ciudad, recurren a Apachetas de la Cumbre en el camino a Yungas y a la de Alto Pampahasi. Otros cerros importantes son el Akamani y el Joco Joco.

De acuerdo con la costumbre, una vez realizado el sahumerio, las cenizas deben ser enterradas en el mismo lugar o en una meseta. Por lo general, se acostumbra realizar sahumerios para la fiesta de Año Nuevo y la de Carnaval. En noviembre se los ofrece a las almas, pero son diferentes a los que se usan en agosto.


Fiesta maligna

Agosto también es conocido como el mes del miedo, porque se cree que en estas fechas es cuando merodean los espíritus del mal.

Según el responsable del museo Tambo Quirquincha, David Mendoza, se cree que en agosto también sale el kari kari a buscar a sus víctimas.

El kari kari es un personaje temido porque le atribuyen la acostumbre de chupar la grasa de las personas, que luego caen enfermas.

También se conoce que este mes está lleno de malos espíritus, como los anchanchos y los ajras.

Sin embargo, Mendoza asegura que es en esta fecha cuando se produce un hibridismo de culturas, por el que se confunden la religión aymara y la cristiana, porque dentro de sus rituales no se descartan los rezos a vírgenes y santos.


Ofrendas para todos

Fortunato Quispe, uno de los tantos vendedores de la calle Santa Cruz, explica que la Pachamama siempre cumple los deseos de la persona que pide con fe.

El vendedor asegura que el rito debe estar acompañado de un traguito de alcohol o vino dulce de ch’alla, y de cigarrillos.

En esta mesa se debe poner una lanita de color, y los misterios, además de confites, los chauchi mesas, coba, pan de oro , pan de plata, coca y cigarro. Los misterios representan los deseos de los creyentes.

En los últimos años han proliferado los misterios con automóviles, computadoras y hasta teléfonos celulares, lo que demuestra que los anhelos de la gente también van de la mano con las innovaciones tecnológicas.

Según el vendedor, las mesas están compuestas de dulces o ch’amuñas, figuras de azúcar que representan diferentes cosas.

Mucha gente llega hasta los vendedores pidiendo amor, felicidad y también fertilidad para ellos y sus parejas.

Las mesas para la Pachamama son muy coloridas, hay lanas teñidas, semillas y figuras de plomo fundido.

La crisis también ha golpeado a los creyentes: algunos llegan a la calle Sagárnaga, a la Linares o la Santa Cruz pidiendo que le preparen una ofrenda de uno o dos bolivianos.

Sin embargo, hay gente que llega a pagar hasta cien bolivianos o más para hacer que en su ofrenda se incorporen fetos de llama, plumas de cóndor, pelos de zorro y otros ingredientes difíciles de conseguir.

No faltan quienes pagan más dinero para que se sacrifique una llama blanca y joven, y hasta una vicuña, con cuya sangre será regada la tierra en espera de que la Pachamama coma y beba, y devuelva los favores a sus creyentes.

(Fuente: Diario “La Patria” , Oruro, Bolivia)

 

 
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