Carta
abierta a los miembros del Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana
Dra.
Mabel Moraña
St. Louis, 18 de
enero de 2007
Estimados amigos:
Me dirijo a Uds. en mi calidad de Directora de Publicaciones del
IILI, cargo que ocupo desde 1996, para poner en su conocimiento
la grave situación por la que viene atravesando el Instituto
desde el pasado mes de Mayo de 2006. A mi criterio, tal situación
debe ser conocida y evaluada cuidadosamente por los miembros del
IILI, que sostienen profesional e intelectualmente a esta institución
y que constantemente someten a nuestra consideración los
productos de su trabajo académico. La situación a
la que aludo fue presentada en términos generales a la Asamblea
General del IILI, que tuvo lugar en Génova, Italia, en el
mes de Junio del pasado año, pero permanece fuera del conocimiento
de gran parte de los miembros del Instituto. Muchos de los asistentes
a ese congreso, y otros que han llegado a enterarse de las circunstancias
actuales a través de colegas que estuvieron presentes en
Génova, me han instado repetidas veces a que dé a
conocer los hechos, sobre todo en vísperas de las elecciones
de autoridades y sede del IILI que deberán llevarse a cabo
en el otoño del 2007. Ya que fui la única persona
que se opuso, con un enfático voto negativo, a las resoluciones
de la Mesa Directiva del IILI a las que aludiré enseguida,
lo que sigue puede ser leído como un informe de minoría.
Mi posición tiene como base la larga experiencia acumulada
en el IILI durante los últimos diez años, y el detallado
conocimiento que he podido adquirir tanto de la operación
editorial que el Instituto lleva a cabo, como de sus condiciones
de existencia institucional. Agradezco de antemano la atención
que puedan prestar a lo que sigue, así como las numerosas
expresiones de apoyo recibidas con respecto a este asunto en los
últimos meses.
El pasado mes de Mayo de 2006, pocos meses después de mi
partida de Pittsburgh y de mi incorporación a Washington
University, St. Louis, fui informada extra-oficialmente de que la
permanencia del IILI en la Universidad de Pittsburgh, donde el Instituto
viene funcionando desde hace más de cuatro décadas,
se veía amenazada. Tal situación, confirmada por el
Prof. Daniel Balderston, Presidente del IILI, durante la llamada
telefónica en la que traté de verificar esos rumores,
me tomó de sorpresa. En la última conversación
que sostuve antes de mi partida con el Decano de Humanidades, Prof.
N. John Cooper, en la Universidad de Pittsburgh, había quedado
en claro que el IILI permanecería en esa universidad ya que,
como informé al decano, al tratarse de una institución
autónoma financiada por sus miembros, cualquier cambio de
sede debe ser aprobado por éstos a través de elecciones,
tal como establecen los Estatutos vigentes.
En esa ocasión
el decano también fue informado por mí de que yo continuaría
con mis funciones de Directora de Publicaciones del IILI desde Washington
University hasta el fin de mi período, en junio de 2008,
tal como había sido acordado con el Prof. Balderston. Durante
esa conversación, en la que agradecí a Dean Cooper,
como correspondía, el apoyo brindado al IILI y a mí,
en particular, durante una década de trabajo conjunto aseguré,
respondiendo a una pregunta suya, que si en algún momento
llegaba alguna propuesta seria de proponer otra sede para el IILI,
él sería la primera persona a quien yo informaría,
en consideración al apoyo que la
Universidad de Pittsburgh había prestado al Instituto durante
varias décadas. A pesar de estos antecedentes, el Prof. Balderston
me informó que la Universidad de Pittsburgh había
decidido dar al IILI dos meses para abandonar las oficinas que el
Instituto tiene asignadas en el piso 13 de la Cathedral of Learning,
y que él se encontraba desde hacía dos o tres semanas
en conversaciones con el decano para conseguir, al menos, una prórroga
que permitiera al IILI buscar otra institución que quisiera
acogerlo.
Las causas de este
cambio radical en la posición del decanato de Pittsburgh
que antes se había mostrado claramente interesado en la retención
del Instituto me resultó entonces, y me sigue resultando,
tan difícil de comprender como las razones por las cuales
tal situación estaba siendo manejada fuera de mi conocimiento,
siendo yo la persona directamente responsable de dirigir la compleja
operación editorial del Instituto y sin duda la más
involucr ada en el planeamiento de congresos, coordinación
administrativa, decisiones vinculadas a ventas, publicidad, depósito
de materiales, etc. El 26 de Mayo de 2006, una carta del Dean de
FAS, Prof. N. John Cooper dirigida al Prof. John Beverley, entonces
Chair del Depto. de Lenguas y Literaturas Hispánicas de la
Universidad de Pittsburgh, confirmó los términos del
ultimátum. Al recibir copia de esa carta de parte del Prof.
Balderston, me sorprendió notar que en la misma se me nombraba
dos veces, aludiendo a la desconexión que mi alejamiento
de Pittsburgh había causado entre el IILI y esa Universidad
(como si el asunto no hubiera sido discutido y acordado con anterioridad
y como si se tratara de un asunto más personal que institucional),
y que Washington University era a su vez mencionada tres veces más,
indicándose, por ejemplo, que ya era hora de que esta universidad
asumiera los costos
de mantenimiento del IILI o de que éste desarrollara un modelo
financiero que le permitiera asumir su propio presupuesto.
Esa carta daba
como fecha límite para la permanencia del Instituto en Pittsburgh
el 31 de diciembre de 2006. Al discutir la situación nuevamente
con el Prof. Daniel Balderston, él preguntó que posibilidades
habría de que mi universidad asumiera, de hecho, tal compromiso,
a lo que contesté que debería consultar con la administración
de mi nueva universidad, pero que era muy difícil, a mi criterio,
que una institución se comprometiera en una situación
así en vísperas de la votación de los miembros
del IILI, la cual podía dar como resultado la elección
de otra sede. Indiqué al Prof. Balderston que, de todos modos,
para abrir nuestras opciones, podríamos contactar a varias
universidades para ver qué reacción inicial recibíamos
de ellas como posibles espacios para el IILI. Yo misma hablé
de inmediato con colegas en varias instituciones pero, por distintas
razones, esas gestiones, que fueron en cada caso consideradas a
distintos niveles, no dieron en la mayoría de los casos resultados
concretos. Los resultados de estas gestiones fueron comunicados
a la Mesa Directiva del IILI, durante la reunión llevada
a cabo en Génova.
Así las cosas, el IILI había sido, sin más,
desalojado. La institución que lo había acogido durante
más de cuatro décadas, de pronto, en un repentino
cambio de orientación, había decidido no esperar siquiera
a las elecciones del año siguiente, asignándose más
bien el papel de expulsar a una institución de larga tradición
y gran prestigio profesional y académico, en el momento más
alto de su productividad y visibilidad internacional. A pesar de
conocer como conozco no sólo a las instituciones sino a los
individuos involucrados en esta situación, algo continuaba
pareciéndome raro e inexplicable. Alguno de los miembros
de la comisión directiva del IILI se preguntó con
razón, en su momento, si el cambio de residencia académica
del director o directora de una institución como el IILI
en efecto exonera a la institución patrocinadora de su compromiso
institucional, sobre todo teniendo en cuenta que las elecciones
del IILI se aproximaban, y de ellas podía emerger una solución
a tal problema.Ya que la conexión entre el IILI y la Universidad
de Pittsburgh había sido pactada desde el comienzo por Alfredo
Roggiano como un "acuerdo de caballeros" sin que existiera
documentación que regulara tal asociación, es evidente
que la situación permanecía en la órbita de
la ética profesional.
Como respuesta inmediata a la carta de Dean Cooper del 26 de Mayo,
el Prof. Beverley propuso los términos para un posible "arreglo"
("arrangement") que permitiera manejar de otro modo la
situación creada por su misma universidad. Propuso, así,
la creación de un comité de publicaciones integrado
por miembros del Departamento de Lenguas y Literaturas Hispánicas
de la Universidad de Pittsburgh, el cual tendría la función
de supervisar la oficina del IILI y la operación editorial,
para asegurar una gradual transferencia de responsabilidades editoriales
después de la terminación de mi período como
Directora de Publicaciones, en junio de 2008.
Por supuesto, esta
"solución" me pareció desde el comienzo
completamente inaceptable, por las siguientes razones: 1) Porque
tal comité no está previsto en los Estatutos del IILI,
los cuales no pueden ser violados ni modificados por presiones exteriores
a menos que los socios del Instituto ratifiquen los cambios que
sean propuestos a través de su voto. 2) En conexión
con lo anterior, porque la función editorial está
perfectamente cubierta con el cargo de Director de Publicaciones
y por los Comités Editoriales que están a cargo de
la revisión de materiales enviados al IILI para posible publicación.
Después de diez años de trabajo en el IILI, con 47
volúmenes de Revista Iberoamericana y 29 libros publicados
hasta ahora bajo mi dirección, y contando con un calificadísimo
grupo de académicos electos que me asisten en la tarea de
evaluación de manuscritos en las distintas especializaciones,
la intervención de colegas no elegidos y quizá ni
siquiera calificados para la tarea de supervisión editorial
me parece no sólo innecesaria sino inaceptable. 3) Porque
el "arrangement" propuesto atentaba directamente contra
el carácter democrático de la elección que
tendrá lugar en 2007, ya que al pensar en una "gradual
transferencia de responsabilidades" se daba por supuesto el
resultado de una votación que está aún por
realizarse. 4) Porque, a mi criterio, tal imposición por
parte de la Universidad de Pittsburgh violaba la autonomía
del IILI (la misma que algunos de los actuales miembros de la Mesa
Directiva habían defendido a capa y espada años antes,
cuando se elaboraron los hasta ahora vigentes Estatutos del IILI),
creando así un precedente que marcaría negativamente
la historia de esta institución. 5) Porque, finalmente, esta
"solución" haría pensar a muchos, como me
hizo pensar a mí, que la "crisis" del IILI parecería
haber sido creada solamente para dar lugar a semejante enmienda,
por la cual lograrían entronizarse en cargos importantes
del IILI, con la función de disimulados interventores, colegas
que -podría pensarse- nunca habrían conseguido esos
cargos por mérito propio y en votación abierta.
Sin embargo, y a pesar de mis esfuerzos, el titulado "Memorandum
of Agreement between the University of Pittsburgh's School of Arts
and Sciences and the Instituto Internacional de Literatura Iberoamericana
" fue firmado por el Profesor N. John Cooper, Dean of Arts
and Sciences, y el Prof. Daniel Balderston, Presidente del IILI,
el día 16 de Junio de 2006. El Memorandum requiere el reconocimiento
expreso de la Universidad de Pittsburgh como sede editorial del
IILI en todas las publicaciones del Instituto (algo nunca solicitado
antes y fácil de implementar) y el control del personal administrativo
del IILI por parte de la Universidad de Pittsburgh (como siempre
se ha hecho).
Asimismo, el documento
anuncia, entre otras cosas, una substancial reducción del
presupuesto asignado por la Universidad al IILI, básicamente
bajo la forma de personal administrativo (dos secretarias) a tiempo
completo, espacio de oficinas, etc. Anuncia también la posibilidad
de reducir este subsidio a partir de Diciembre de 2006 y hace saber
que se ha decidido poner en funcionamiento en el IILI un Comité
de Publicaciones ad hoc encargado de la supervisión de las
dos secretarias del Instituto y de los nuevos proyectos editoriales
que fueran presentados a consideración del IILI con posterioridad
a la firma de este documento. En otras palabras, el Memorandum confirma
que el IILI se quedará en el mismo lugar en el que ha estado
ya por más de 40 años, pero que llegará a las
próximas elecciones intervenido y con su presupuesto recortado.
Creo que es de la mayor importancia hacer notar que la firma de
este documento precedió en apenas 10 días el comienzo
del congreso de Génova que tuvo lugar entre el 26 de Junio
y el 1 de Julio del 2006, y que habría constituido, sin lugar
a dudas, el espacio natural para la discusión de estos asuntos
y para recabar la opinión de los socios del IILI en torno
a cuestiones que afectaban directamente la existencia de la institución
y las bases de su funcionamiento. Por el contrario, la situación
ya ratificada por la firma del Memorandum fue presentada como un
fait accompli a los socios del IILI a quienes no se presentó
ninguna alternativa ni se consultó de ninguna manera.
Para la firma del Memorandum el Profesor Balderston contó
con el respaldo de los miembros de la Mesa Directiva del IILI, quienes
consideraron que un voto mayoritario -y no necesariamente unánime-
era suficiente en esa ocasión, siendo asimismo irrelevante
que el voto negativo viniera de quien había ocupado durante
los últimos diez años -y sigue ocupando- el cargo
central del IILI, que es el Director de Publicaciones, cargo para
nada "nominal" u honorífico, sino legitimado por
el inmenso trabajo que ha requerido y sigue requiriendo la operación
editorial e intelectual del IILI a nivel académico, administrativo
y profesional. Creo que aunque guiada por las mejores intenciones,
la posición asumida tanto por el Profesor Balderston como
por los demás miembros de la Mesa Directiva (con varios de
los cuales me une una larga, cordial y productiva relación
profesional) constituye una equivocación de grandes proporciones
dentro de la larga y por momentos tumultuosa historia del IILI,
ya que esa decisión compromete la autonomía institucional
de ese organismo, y ha sido el resultado de presiones que debieron
haber sido expuestas en su momento, en primer lugar ante todos los
socios del IILI y luego ante la comunidad académica internacional,
en todas sus implicancias ético-profesionales.
Como podrán corroborar todos aquellos que consulten la página
web del IILI, el anunciado Comité de Publicaciones aparece
ya incluido junto a las autoridades electas del Instituto, sin más
explicaciones. Mi tarea como Directora de Publicaciones está
actualmente sujeta a la mirada interventora de los miembros de dicho
Comité, que se hacen enviar copia de toda la correspondencia
que mantengo con las secretarias como parte de nuestros intercambios
rutinarios, pero que no han encontrado hasta ahora nada más
que hacer, dado que la agenda de publicaciones del IILI llega actualmente
hasta el año 2010. La situación es, para todos, incómoda,
por decir lo menos, y desmerece la categoría y el prestigio
que el IILI ha ido ganando a través de los años, y
más notoriamente en la década en la que me ha tocado
el honor de dirigirlo.
La razón de esta carta no es solamente la de cumplir con
informar de la presente situación a los socios del IILI que
han apoyado entusiastamente mi trabajo durante tantos años,
y para dejar en claro las condiciones bajo las que se está
desarrollando mi trabajo. Es, también, la de llamar la atención
de todos los que participarán en las elecciones que se avecinan
acerca de una serie de hechos vinculados a las mismas. Junto al
reclamo de que bajo cualquier circunstancia el IILI debía
honrar todos los contratos de publicación emitidos durante
mi período (algo a lo que explícitamente accede el
Memorandum aludido), insistí durante las reuniones de la
Mesa Directiva y de la Asamblea General en Génova en el hecho
de que tal votación debe ser llevada a cabo a través
de una agencia imparcial (que actúe completamente separada
de la actual sede del IILI y que libere a los miembros de la Mesa
Directiva de cualquier responsabilidad relacionada con el proceso
electoral).
Asimismo, creo
que es imprescindible que se aclare de antemano quiénes estarán
habilitados para votar, ya que las membresías caducan en
distintos momentos del año y no es habitual que las renovaciones
se hagan puntualmente, dejando así períodos intermedios
en que la calidad de "socio" se mantiene en un status
ambiguo.
Creo que es importante recordar en todas las instancias del proceso
que se seguirá en los próximos meses, que con más
de 60 años de existencia, el IILI constituye hoy por hoy
uno de los pocos -si no el único- espacio para la difusión
del pensamiento crítico latinoamericano en español
y portugués en USA, y uno de los ámbitos más
expandidos y plurales para la diseminación de la cultura
latinoamericana a nivel internacional. De más está
decir que me honra haber tenido durante tantos años un papel
tan crucial que cumplir en una institución de esta categoría,
desde la cual me ha sido posible no sólo refinar el funcionamiento
de una máquina institucional sino también poner en
marcha un proyecto intelectual que ha realizado importantes aportes
al conocimiento de las letras y las culturas de América Latina.
Como es sabido,
el IILI cuenta actualmente con cinco series activas de libros dedicados
a la crítica de la literatura y la cultura latinoamericana,
las cuales complementan la larga trayectoria de Revista Iberoamericana,
que ha dado a luz hasta el momento 217 volúmenes. Al final
de mi período como Directora de Publicaciones, en junio de
2008, habré sido responsable de la publicación de
52 números de Revista Iberoamericana, y de 29 libros. Asimismo,
11 volúmenes más de RI y 12 libros asignados a las
distintas series del IILI se encuentran actualmente en preparación
y están programados para ver la luz, de acuerdo a nuestra
actual agenda de publicaciones, en los próximos años.
Tan extensa tarea
ha sido posible no sólo porque el IILI ocupa un indudable
lugar de indudable prestigio en nuestra profesión, sino también
porque un esforzado equipo de colegas han apoyado incondicionalmente
mi labor, año tras año, desde el comienzo de mi gestión
editorial, tanto desde los puestos
de asesoría literaria para los que fueron elegidos, como
desde los diferentes cargos que componen la mesa directiva del IILI.
Aprovecho esta oportunidad para agradecer a todos el apoyo recibido
y para reiterar mi compromiso tanto con el Instituto al que he dedicado
buena parte de mi trabajo profesional como con los miembros del
mismo, que lo sostienen con su trabajo. Finalmente, solicito a quienes
reciban esta carta que la envíen, a su vez, a otros miembros
del IILI, ya que es posible que la lista de direcciones electrónicas
con la que cuento esté incompleta o no actualizada. Desde
ya, mi gratitud para todos ustedes.
Con mis más cordiales saludos,
Mabel Moraña
William H. Gass Professor of Arts and Sciences
Dept. of Romance Languages and Lits./ International and Area Studies
Director, Latin American Studies Program
Washington University, St. Louis
St.Louis, MO 63130
Office: 314-935-8385
(Fuente: NOTICIAS
LITERARIAS, ARTÍSTICAS Y CULTURALES
LITERARY, ARTISTIC,AND CULTURAL NEWS-Instituto de Escritores Latinoamericanos
Latin American Writers Institute-Director: Isaac Goldemberg
Oficina de Asuntos Académicos -Office of Academic Affairs
Departamento de Humanidades / Humanities Department
Eugenio María de Hostos Community College of The City University
of New York (CUNY)
500 Grand Concourse
Bronx, NY 10451
718-518-6859)
De
Antonio Canaves Martin, de Palma de Mallorca
Antonio Cánaves Martín.
c/ Isaac Peral, 15, 2º-2ª.
07004 - Palma de Mallorca.
Tel: 971/20.74.41
acanaves@ono.com
Palma de Mallorca, 26 de octubre del 2.006
Ciudades a escala humana y no del automóvil.
Transcurridos
100 años desde la invención del automóvil individual
y padeciendo su tiranía y poder (otros lo llaman libertad)
nuestras ciudades se han convertido lugares inhóspitos, en
lugares negados para una autentica vida: en gigantescos aparcamientos,
en atascos cada vez mayores, en campos surcados en todas direcciones
por pistas de asfalto, en el coste mas elevado de la sanidad a causa
de los accidentes, en una contaminación continuo aumento,
en el anonimato y agobio del hombre ante el trafico creciente, los
pitos, alarmas, motores y demás instrumentos que atormentan
los oídos y nuestra paz, el estres de la conducción
claustrofóbica, la carrera de obstáculos que representan
los automóviles aparcados para los viandantes, los guettos
llamados aceras en que se confina a los peatones, en la huida en
masa de la ciudad durante los fines de semana, en las interminables
colas "un auto detrás de otro como vagones de tren"
pero mas lento, etc.
Estas son algunas de las maravillas con las que nos deleita el automóvil,
el invento del siglo para sus creadores y el tormento del siglo
para cualquier persona que viva en la ciudad. Ante esta amalgama
de sin razones, cabe preguntarse ¿Que hubiese sucedido en
el mundo si el ferrocarril no hubiese sido arrinconado por el automóvil?.
Para entenderlo, haremos una pausa en el tiempo, para ver cual era
la situación de "la ciudad del ferrocarril y el peatón"
antes del la irrupción del automóvil en el mundo.
Los ferrocarriles de principios de siglo tenían la obligación
estatutaria de transportar todo tipo de mercancías, desde
cargamentos de minerales y grano, ganado y verduras frescas, pollitos
y huevos, estructuras de ingeniería de fundición,
artillería militar pesada, etc. Cada fabrica, mina o fundición
tenia su apeadero de mercancías en el recorrido del la línea
férrea, donde cada nueva industria se instalaba en el cauce
de las vías del ferrocarril. Las líneas de tranvías
realizaban sus trayectos por los puntos estratégicos de la
ciudad donde los pasajeros encontraban un medio de transporte seguro
y barato. La morfología de la ciudad se va formando por los
cauces de las vías férreas que ya están construidas.
Al mismo tiempo, todas las calles son peatonales, es decir que son
seguras, donde los niños pueden jugar, los ancianos charlan
y pasean, o sacan las sillas a la calle para tomar el sol o el fresco,
conversar con cualquier vecino o transeúnte, cenar en la
calle con la familia durante el caluroso verano. Las calles principales
son un bullicio donde un sinfín de formas de vida realizan
sus funciones, desde los artesanos que desarrollan sus labores en
el portal de sus talleres a la vista de todos o durante la mañana
los repartidores distribuyen sus productos: la leche, el pan, el
pescado y las amas de casa acuden en corro a por la mercancía,
y un sinfín de productos que los vendedores ambulantes o
los charlatanes se encargan de vender con artimañas. La calle
como foco de atracción artística donde malabarista,
músicos, títeres, mimos, juglares, payasos, glosadores,
bandas de música, etc. divierten a los transeúntes.
Las fuentes publicas y surtidores de agua donde uno puede parar
a saciar su sed surgen en todas las esquinas de las principales
calles, al igual que los bancos donde sentarse a descansar, al mismo
tiempo que se puede disfrutar de la visión de las calles
ajardinadas o del juego de los niños que saltan a la comba
en medio de la calle, sin peligro de que los atropelle un automóvil
y sin necesidad de que los vigilen sus padres.
Ante esta visión del pasado, podemos imaginarnos que si el
ferrocarril hubiese seguido siendo el medio de transporte por excelencia
durante esto 100 años, hoy en día todos los pueblos
de España (como los de todo el mundo) estarían conectados
por ferrocarril, cada ciudad, cada pueblo tendría sus tranvías
que recorriesen de forma armoniosa cada barriada, los puntos o focos
de atracción turística dispondrían de sus ferrocarriles
de época, o bien un ferrocarril que tuviese un recorrido
por todos los puntos mas atractivos del entorno. El transporte de
mercancías por ferrocarril estaría lo suficiente evolucionado
para que, desde los puertos y aeropuertos se distribuyese la mercadería
a todos lo puntos de la región.
¿Cuanto tendremos que esperar a que nuestros gobernantes
habrán los ojos? Tener presente, que los datos mas pesimistas
dan una seguridad al ferrocarril frente al automóvil de 1
a 50 a favor del ferrocarril, que hasta hoy, el automóvil
ha matado a mas de 35 millones de personas en todo el mundo y a
dejado lisiados a mas 800 millones. Viendo estas cifras, se hace
inmediata la necesidad de la conversión de las ciudades ideadas
para el automóvil en ciudades ideadas para el hombre, para
la vida, para el ferrocarril, ya que cada día de demora significa
un aumento de muertos y sucesos trágicos en la carretera,
esperemos que la codicia especulativa de los grupos implicados no
tenga sobre su conciencia otra tanda de millones de muertos en los
suicidios colectivos, llamados "accidentes de trafico".
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