| Aquí, en Washington DC,
el 13 de septiembre último, Felipe González ha
confirmado cual ha sido el secreto del resurgimiento de
España después de la muerte del Caudillo: el acuerdo
con todas las fuerzas políticas sobre una base común.
“ Sin grandes acuerdos, no hay futuro. No se puede salir
del estancamiento. Como aquí, ( por los Estados Unidos),
como en todos los países exitosos: con la comida no se
juega. Hay que ponerse de acuerdo entre todos en que con las
cosas de comer no se juega y definir cuáles son las cosas
de comer”. Es una vieja receta pragmática, la misma
que utilizaron después de la Segunda Guerra Mundial,
Konrad Adenauer en Alemania y Alcides de Gasperi en Italia,
a fin de facilitar la gobernabilidad de sus respectivos paises.
Según él, “los dirigentes tienen que
conversar con todos los partidos políticos en beneficio
de los ciudadanos, no de los dirigentes”.
El ex presidente español sostuvo que
los gobiernos latinoamericanos deben dar lugar al crecimiento
de grandes clases medias, como la que perdió la Argentina.
En un aparte, me dijo, ante mi consulta, que la Argentina debe
ocuparse de su infrastuctura en los próximos dos años
y que la mejor inversión que puede hacer un país,
es invertir en salud y educación, seguridad y justicia.
El problema de la desigualdad en América
Latina – sostuvo-, además de la inmoralidad, de
los riesgos para el sistema, es un problema de ineficiencia
en el funcionamiento del modelo económico. Tenemos un
problema de funcionalidad democrática pues nos centramos
más en las reformas económicas que en el funcionamiento
de las instituciones”.
“No falla la democracia, fallan los políticos”,
dijo. “La democracia no es una ideología.Es un
instrumento de gobernabilidad y de convivencia que sirve para
echar al Gobierno que no gusta, que no es poco.”
No se debe acudir, explicó, ni a las
soluciones capitalistas absolutas ni al subsidio de la población,
por que esto último, de alguna forma, tarde o temprano,
hay que pagarlo. “La fórmula es democracia
mas eficiencia. No hay libertad sin seguridad. La principal
variable de la democracia es la gente. Hay que frenar los éxodos
brindando posibilidades de trabajo. En Venezuela, el 25 por
ciento de la población menor de los 35 años, emigra.
El capital humano que se pierde, no se recupera nunca. Creo
en el cambio. Soy un optimista escarmentado, pero soy optimista”.
Afirmó que la transparencia debe ser
pública y privada. Comentó el desarrollo sostenido
que tienen los paises del sudeste asiático, en particular
China, una economía emergente que ha incorporado la tecnología,
como lo está haciendo la India. El sudeste asiático
gana los mercados de Sur-Sur y del Norte. Europa está
afectada, pero aún no ha reaccionado.
Recordó que en 1989 Finlandia vió
reducido en dos años su producto bruto interno a la mitad,
cuando cayó el muro de Berlin y se hundió la Unión
Soviética. “Hace cuatro años, volví
a China y encontré a 40.000 finlandeses vendiendole a
los chinos tecnología de última generación,
teléfonos móviles y software, a 140 españoles
colocando sus “chupa-chupa”, esos caramelos que
tienen un palito. No le tenemos que tener miedo a China –con
sus defectos, claro – ni a la India. Tenemos que competir
con ellos. Reorganizar la productividad, pero una productividad
competitiva, no con discursos sino con eficiencia.”
Advirtió que el cambio cultural debe
ser profundo y que las soluciones están en los documentos
de la CEPAL, del BID y del Banco Mundial,. “Cuando asumí
el gobierno de España, dije que antes que el Fondo Monetario
nos diga lo que tenemos que hacer, hagamoslo nosotros.
España lo único que exportaba era capital humano.
¿Por qué los trabajadores españoles –
pregunté - cuando se trasladan a Alemania se tornan mas
eficientes que los propios alemanes? Tenemos que creer en nosotros
mismos. El ingreso bruto de España era de 4.500 dolares
anuales per capita. Cuando salí del gobierno, era de
15.000 dolares y ahora es de 24.000 per capita”.
Estamos inmersos – comentó –
en una crisis energética que no se volverá atrás.
Se pronostica que el costo del barril llegará a los 80
dólares. Cada día se consume más energía,
por cuanto China crece. Y lo hace a una velocidad increíble.
Se cumplió la prospección que me hizo Deng Xao-Ping,
pero advierto que se quedó corto, pues llegaron a las
metas previstas en el tiempo previsto, pero superandolas con
creces.
Hay que tener cuidado con las promesas electorales.
En mi campaña proselitista para ganar el gobierno - recordó-
prometí crear 800.000 empleos. Cuando concluí
mi primer mandato, había perdido 800.000 empleos. No
prometí nada para mi nueva gestión y cuando concluí,
había creado 1.200.000 empleos.
A los largos planteos del Embajador de Ecuador
ante la OEA, Dr. Mario Alemán, sobre la crisis existente
en su país y su queja de que sólo el 20 por ciento
del petróleo está en poder del gobierno ecuatoriano,
el ex presidente González, le respondió que la
última crisis ecuatoriana no fue producida por los indigenas,
sino por la clase media de su país, que ha sido severamente
castigada económicamente. “Desde el año
2000, hay 600.000 ecuatorianos que hacen el trabajo que los
españoles nuevos ricos no quieren hacer. Y son bienvenidos,
pues gracias a ellos, la natalidad ha crecido en España.
Y otros se vinieron para los Estados Unidos. En cinco años,
la emigración ha sido de 2.500.000 ecuatorianos. Y con
respecto a que el gobierno solo administra el 20 por ciento
de su petroleo, bueno, hay que comparar la rentabilidad con
las empresas privadas, que pagan impuestos. Además, todos
sabemos que las empresas estatales suelen ser el destino de
algunos políticos incómodos para la administración
de turno y que se convierten en “cuevas de Alí-Babá”.
El ex presidente español Felipe Gonzalez,
fue largamente aplaudido por el público que llenaba el
Hall de las Américas. Su disertación, transcurrió
en el Palacio de la Organización de los Estados Americanos
(OEA) en la “Eigth Lecture of the OEA Lecture Series of
The Americas”, para desarrollar el tema “Challenges
Confronting Latin America and the Caribean”. Sobre
su personalidad hablaron el secretario general de la OEA, José
Miguel Insulza y el presidente del Consejo Permanente de la
misma institución, embajador Roberto Alvarez Gil, representante
de la República Dominicana.
Su exposición fue transmitida en directo
por la Voz de América, Hispanic International Televisión
Network y EDUSAT de México. El auditorio, conformado
por todas las misiones diplomáticas acreditadas en la
OEA y por un público que colmaba el salón.
Después de la charla del ex presidente
González, expusieron sus pareceres sobre el tema de la
reunión y la disertación del visitante, Mark Schneider,
senior vicepresident of the International Crisis Group
and Head of the Washington Office: Nancy Zucker Boswell, Managing
Director of Transparency International-USA, Hernán Garrido
Lecca, Director del International Economics Department,
Instituto of Government, Universidad San Martín de Porres,
de Lima, Perú.
Irene Klinger, directora del Departamento de
Comunicaciones y Relaciones Externas de la OEA y Coordinadora
de la Serie de Lecturas, moderó las exposiciones y las
preguntas que formularon los embajadores de Chile, Bolivia y
Ecuador, además de un ex funcionario de la organización.
El embajador ecuatoriano, en realidad, hizo una larga exposición
sobre los problemas de su país, pero urgido por la señora
Klinger, atinó a concluir preguntandole al disertante
cómo los solucionaría.
Le precedieron en esta tribuna, entre otras
personalidades, el ex presidente de los Estados Unidos, Jimmy
Carter, Enrique Iglesias, que ahora deja la presidencia del
BID para asumir la jefatura de la Organización de Estados
Iberoamericanos y Alejandro Miró Quesada, presidente
de la Inter American Press Association.
Son patrocinadores de esta serie de exposiciones
la Universidad San Martín de Porres, de Lima, Perú,
el gobierno de la República Popular de China y la República
Helénica. |
Según las últimas
estimaciones, el tsunami del 26 de diciembre de 2004 en Asia
Meridional acabó con la vida de 300.00 personas. Si en
la región hubiera existido un sistema de alerta temprana,
probablemente el balance no habría sido tan terrible.
Ese dispositivo existe ya en el Pacífico, donde fue creado
por la Comisión Oceanográfica Intergubernamental
de la UNESCO (COI). Actualmente, la UNESCO trabaja para crear
un sistema mundial de alerta temprana que podría estar
operativo en junio de 2007. Laura Kong, directora del Centro
Internacional de Información sobre Tsunamis, con sede
en Hawai, subraya el interés de este proyecto.
En diciembre de 2004, el Centro de Alerta contra
los Tsunamis del Pacífico había detectado y localizado
el terremoto del Índico, pero no se pudo avisar a las
poblaciones costeras. ¿Las cosas podrían haber
sido de otra manera?
Laura Kong – Sí, pero con la condición
de que hubiera habido un sistema de alerta temprana. Éste
permite primero detectar el sismo y determinar su magnitud,
y luego dar la alarma oportuna a la población potencialmente
amenazada. También es necesario cerciorarse de que el
temblor ha provocado una ola gigante, porque hay muchos terremotos
que no generan tsunami alguno. Todo ello requiere una serie
de medios. Un sistema de alerta de este tipo supone que los
destinatarios del aviso de alarma sepan exactamente lo que tienen
que hacer de inmediato y actúen para que la población
costera se ponga a salvo. Para ello, basta con internarse un
kilómetro tierra adentro o refugiarse en terrenos situados
a más de 10 metros de altitud. Hacer esto puede llevar
diez minutos, incluso menos. Si hubiera existido un sistema
de alerta semejante muchas personas habrían podido escapar
al desastre.
El problema es que hay pocos países que poseen sistemas
de alerta instantáneos que funcionen las veinticuatro
horas. Japón y Hawai disponen de sirenas y avisos difundidos
por radio y televisión. Japón es capaz de emitir
un mensaje de alarma en un lapso de dos a cinco minutos, pero,
naturalmente, es un país donde los terremotos y tsunamis
son frecuentes, lo que justifica la gran cantidad de dinero
que han invertido en su sistema de alerta. El sistema de Hawai,
en cambio, se creó pensando en otros peligros, como los
huracanes, ya que los tsunamis son poco frecuentes allí.
En Indonesia la situación es diferente. Es un país
que por regla general no posee una infraestructura suficiente
de comunicaciones. De ahí la considerable dificultad
que supone crear un sistema de alerta. Además, como está
situado en una zona de actividad sísmica, tiene el peligro
justo ante sus costas, por lo que necesitaría que las
alertas se emitieran en un lapso de tiempo muy corto.
¿Es realista la idea de crear un sistema
de alerta temprana contra los tsunamis en el Océano Índico
y ponerlo en funcionamiento en un plazo de 12 a 18 meses.
Si utilizamos los centros de alerta y los sistemas
de transmisión de datos ya existentes, podríamos
poner en marcha un sistema provisional rápidamente. La
red sísmica mundial es capaz de detectar los terremotos
más violentos, pero no tiene capacidad para suministrar
la información requerida, por ejemplo, en caso de que
Indonesia desee saber con exactitud si el terremoto se ha producido
en el océano o en tierra. Se necesitan muchos instrumentos
para una detección así de precisa y, además,
los datos se tienen que recoger y transmitir en tiempo real.
Si se dispusiera de recursos financieros y humanos ilimitados
se podrían instalar los instrumentos necesarios y poner
en marcha el sistema dentro de un año o dos.
En Bangladesh se ha invertido mucho dinero para crear un sistema
de alerta contra las mareas de tempestad en los últimos
diez años. Este sistema es capaz de difundir mensajes
de alarma las veinticuatro horas del día, así
que bastaría con añadirle un componente de alerta
contra los tsunamis. Lo que está claro es que no hay
tiempo que perder. Ya podemos empezar a trabajar en esos países,
lo que supone también informar y formar a los funcionarios
públicos, las autoridades municipales, los gobiernos,
la policía, los bomberos y el público en general.
¿Hay ya sensores sísmicos en el Océano
Índico?
Sí los hay. La red mundial de detección
existente es suficientemente fiable para determinar cuándo
y dónde se ha producido un gran terremoto en esa región.
Para conseguir una localización más precisa sería
necesario instalar unas cinco o diez estaciones sísmicas
más y esto probablemente se va a hacer. De todas maneras,
si se produjese un terremoto de gran magnitud en el Índico,
el Centro de Alerta contra los Tsunamis del Pacífico
y otros observatorios geofísicos que tienen libre acceso
a este flujo de datos serían advertidos de inmediato
y serían capaces de localizar el seísmo y calcular
su magnitud.
¿Cómo se puede detectar un tsunami y averiguar
hacia dónde se dirige?
Se puede registrar su presencia en alta mar
utilizando sistemas de detección en aguas profundas.
No obstante, una vez comprobada su existencia todavía
hay que prever su propagación por las zonas costeras.
La región del Pacífico, pese a estar dotada de
ese tipo de detectores, sólo posee siete. Son instrumentos
muy sensibles instalados en el fondo del océano que calibran
los cambios de presión de la columna de agua situada
por encima ellos.
Como las olas del tsunami se propagan en todas las direcciones
a partir del epicentro del seísmo, hay un medio muy simple
de saber si se ha producido un fenómeno de este tipo:
utilizar mareómetros en las zonas costeras. Así,
si se volviera a producir otro tsunami frente a la costa oeste
de Sumatra, la ola gigante sería detectada al menos por
un mareómetro antes de dirigirse hacia las costas de
Tailandia o de Malasia. Esa detección constituiría
un indicio suficientemente sólido de que un desplazamiento
de energía igual o mayor se está produciendo en
sentido contrario, hacia Sri Lanka. Si se dispusiera de un detector
en aguas profundas entre el lugar del seísmo y el subcontinente
indio, ello nos daría una indicación directa de
que se ha generado una ola gigante siempre y cuando pudiéramos
establecer modelos numéricos que permiten evaluar la
altura de la ola y su impacto en la costa.
Una vez creado un sistema de detección, hay que ocuparse
del mantenimiento de los instrumentos, ¿qué es
lo que esto supone?
Una de las limitaciones de los detectores de
presión oceánica en aguas profundas es que necesitan
corriente eléctrica. Si detectan una señal suficientemente
intensa, emiten la información a un satélite,
pero para ello necesitan corriente eléctrica y mantenimiento.
Una vez que se ha colocado uno de esos instrumentos, es preciso
fletar cada año un barco para ir a localizarlo, subirlo
a la superficie desde profundidades que a veces alcanzan los
4.000 metros, reponer las baterías y el disco duro, realizar
las tareas de mantenimiento y volverlo a sumergir. Instalar
un indicador exige un gasto de unos 300.000 dólares,
y su mantenimiento puede alcanzar 50.000 por año. Eso
quiere decir que por el precio de uno de estos últimos
instrumentos se pueden instalar y mantener 10 mareómetros
costeros. No obstante, las boyas oceánicas transmiten
datos de los fenómenos que se producen en alta mar –cosa
que no pueden hacer los aparatos costeros– y esto ofrece
un margen de tiempo suplementario para poder dar la alarma en
caso de peligro. Además, cabe añadir que la tecnología
se desarrolla muy rápido, por lo que es probable que
bajen los costos de estos sistemas y surjan componentes electrónicos
más fiables.
¿Cuáles son las próximas etapas?
La COI no puede crear ese sistema por sí
sola, ya que no dispone de recursos financieros ni humanos suficientes.
Lo que sí posee es información y la experiencia
adquirida con el sistema del Pacífico. Cada país
debe aportar los elementos e infraestructuras que pueda para
la creación de un sistema regional de alerta, ya que
la COI no posee ni unos ni otras.
Si desean crear un sistema verdaderamente regional, los Estados
tendrán que intercambiar entre sí los datos que
poseen. Esto es fundamental para que el sistema tenga éxito.
¿Todos los Estados están de acuerdo en esto?
Somos conscientes de que, en el pasado, algunos
países no compartieron su información con los
demás en tiempo real. Es cierto que algunos disponen
redes que no permiten transmitir datos en tiempo real. Esperamos
trabajar con ellos para que puedan contribuir a un centro de
alerta regional. Como he dicho, compartir los datos es indispensable
y queremos que cada país participante en el sistema aporte
su contribución. Gracias al trabajo de coordinación
de la COI, esperamos llegar a un consenso y ponernos de acuerdo
sobre el lugar y la manera en que debe funcionar el centro regional.
¿Existe ya un grupo de trabajo para examinar a fondo
la creación de un sistema mundial de alerta de aquí
a 2007?
La COI coordinará a nivel intergubernamental
la labor que se realice a nivel regional. No obstante, esa labor
en el plano regional tiene que basarse en los esfuerzos nacionales.
Cada país tendrá que encargarse de su propio sistema
nacional, teniendo en cuenta la peculiaridad de su sismología,
estructura administrativa, cultura y medios de interpretar las
alertas. Esto representa un trabajo considerable. Los países
que no cuenten con un sistema de alerta tendrán que realizar
un gran esfuerzo para crearlo. Naturalmente, la COI y el Centro
Internacional de Información sobre tsunamis que yo dirijo
están dispuestos a aportar su ayuda. De hecho, los Estados
avanzan muy deprisa para definir planes de comunicación
y de información para sus poblaciones. Ello nos da bastantes
esperanzas de contar con un sistema de mínimos dentro
de un año o dos, pero para ello hay que hacer un trabajo
enorme e invertir mucho dinero. Es hora de ponerse a trabajar. |