Cuando se
va a dar el siguiente "paso de gigante" en exploración
espacial, la NASA está pensando en lo pequeño
—lo verdaderamente pequeño.
En los laboratorios de todo el país,
la NASA está apoyando la floreciente ciencia de
la nanotecnología. La idea básica es aprender
a tratar la materia a escala atómica —poder
controlar con la suficiente precisión— átomos
individuales y moléculas para diseñar máquinas
del tamaño de una molécula, electrónica
avanzada y materiales "inteligentes".
Arriba: La nanotecnología podría proporcionar
fibras de altísima resistencia y bajo peso que serían
necesarias para construir el cable de un "ascensor
espacial." Dibujo del artista Pat Rawling.
Si los visionarios están
en lo cierto, la nanotecnología podría llevar
a robots que usted podría sostener en la yema del dedo,
trajes espaciales autorreparables, ascensores espaciales y otros
fantásticos dispositivos. El cabal desarrollo de algunas
de estas cosas puede llevar más de 20 años; otras
están tomando forma en el laboratorio hoy en día.
Pensando en lo pequeño
Sencillamente, hacer cosas más pequeñas tiene
sus ventajas. Imagínese, por ejemplo, que los vehículos
de Marte, Spirit y Opportunity, se hubiesen podido construir
tan pequeños como un escarabajo, y pudiesen correr rápidamente
como éste por rocas y arena, tomando muestras de minerales
y buscando evidencia sobre la historia del agua de Marte. ¡Cientos
de miles de estos diminutos robots podrían haberse enviado
en las mismas cápsulas que llevaron a los dos vehículos
del tamaño de un escritorio, permitiendo a los científicos
explorar mucha más superficie del planeta —¡e
incrementando las probabilidades de encontrar una bacteria marciana
fosilizada!
Pero la nanotecnología va más allá de sólo
la reducción de objetos. Cuando los científicos
puedan ordenar y estructurar a voluntad la materia a nivel molecular,
nuevas y asombrosas propiedades podrían surgir en cualquier
momento.
Un excelente ejemplo, preferido del mundo nanotecnológico,
es el nanotubo de carbono. En estado natural el carbono aparece
como grafito —el blando y negro material usado habitualmente
en la mina de los lápices— y como diamante. La
única diferencia entre los dos es la organización
de los átomos de carbono. Cuando los científicos
colocan los mismos átomos de carbono en un modelo de
"red metálica" y los enrollan en minúsculos
tubos de tan sólo 10 átomos de diámetro,
los "nanotubos" resultantes adquieren algunas características
extraordinarias. Los nanotubos
tienen 100 veces la resistencia del acero,
pero sólo 1/6 de su peso;
son 40 veces más fuertes que las
fibras de grafito;
conducen la electricidad mejor que el cobre;
pueden ser conductores o semiconductores
(como los microprocesadores del computador), dependiendo de
la colocación de los átomos;
y son excelentes conductores de calor.
Actualmente la mayor parte de la investigación
mundial en nanotecnología se centra en estos nanotubos.
Los científicos han propuesto usarlos en un amplio abanico
de aplicaciones: en cables de alta resistencia y bajo peso necesarios
para un ascensor espacial; como alambres moleculares para nanoelectrónica;
integrados en microprocesadores para ayudar a disipar el calor;
y como barras de transmisión y engranajes en nanomáquinas,
para mencionar sólo algunos ejemplos.
Los nanotubos ocupan un lugar relevante en la investigación
llevada a cabo en el Centro de Nanotecnología de Ames
de la NASA (CNT). El centro se creó en 1997 y actualmente
emplea a casi 50 investigadores a tiempo completo.
"Intentamos centrarnos en tecnologías que puedan
dar lugar a productos utilizables dentro de unos pocos años
a una década," dice el director de CNT, Meyya Meyyappan.
"Por ejemplo, estamos mirando cómo los nanomateriales
podrían ser utilizados para sostener vida avanzada, secuenciadores
de ADN, computadores superpotentes, y pequeños sensores
de productos químicos, o incluso sensores del cáncer."
Un sensor químico que ellos desarrollan usando nanotubos
volará el próximo año al espacio en una
misión de demostración a bordo de un cohete de
la Armada. Este diminuto sensor puede detectar cantidades tan
pequeñas como unas pocas partes por mil millones de sustancias
químicas específicas —tales como gases tóxicos—
resultando útil tanto para la exploración espacial
como para la defensa del país. CNT también ha
desarrollado un modo de utilizar nanotubos para refrigerar los
microprocesadores de computadores personales, un reto de primer
orden a medida que los CPUs se hacen cada vez más potentes.
Esta tecnología de refrigeración ha sido autorizada
a una empresa de reciente creación de Santa Clara, California,
llamada Nanoconducción, e Intel también ha demostrado
interés, dice Meyyappan.
A la
izquierda:
Una cadena de ADN situada entre contactos de átomos
de metal puede funcionar a modo de dispositivo electrónico
molecular. Crédito: Centro de Nanotecnología
de Ames de la NASA.
Diseñando el futuro
Si estas aplicaciones a corto plazo de la
nanotecnología parecen impresionantes, las posibilidades
a largo plazo son realmente increíbles.
El Instituto de Ideas Avanzadas de la NASA (NIAC), una organización
independiente y financiada por la NASA, ubicada en Atlanta,
Georgia, fue creada para promover la investigación avanzada
en tecnologías radicales del espacio que tardará
de 10 a 40 años en dar sus primeros frutos.
Por ejemplo, una reciente subvención de NIAC financió
un estudio de factibilidad para la nanoindustria —en otras
palabras, la utilización de grandes cantidades de máquinas
moleculares microscópicas para producir cualquier objeto
que se desee, ensamblándolo ¡átomo por átomo!
Esta subvención de NIAC fue concedida a Chris Phoenix
del Centro de Nanotecnología Responsable.
En la página 112 de su informe, Phoenix
explica que una "nanofábrica" de esta índole
podría producir, dice, piezas de astronaves con precisión
atómica, lo cual significa que cada átomo dentro
del objeto está colocado exactamente en donde corresponde.
La pieza resultante sería extremadamente fuerte, y su
forma podría estar dentro de la anchura de diseño
ideal con no más de un solo átomo de diferencia.
Superficies ultra-lisas no necesitarían limpieza ni lubricación,
y prácticamente no sufrirían deterioro por el
paso del tiempo. Una tan alta precisión y fiabilidad
de las piezas de una astronave es de máxima importancia
cuando está en juego la vida de los astronautas.
Aunque Phoenix esbozó algunas ideas
de diseño de una nanofábrica de oficina en su
informe, reconoce que —a excepción de un "Proyecto
Nanhattan" de gran presupuesto, como él lo llama—
para una nanofábrica funcional, tardaría como
mínimo una década, y probablemente mucho más.
Tomando ejemplo de la biología, Constantinos Mavroides,
director del Laboratorio de Bionanorrobótica Computacional
del la Universidad del Nordeste, de Boston, está explorando
un planteamiento alternativo sobre aplicación de la nanotecnología.
En lugar de empezar desde
cero, las ideas del estudio de Mavroidis financiado por NIAC
emplean "máquinas" moleculares y funcionales
preexistentes que pueden ser encontradas en toda célula
viva: moléculas de DNA, proteínas, enzimas, etc.
A la derecha:
Este bionanorobot por Constatinos Mavroidis y sus colegas
semeja una célula viva.
Formadas por una evolución de millones
de años, estas moléculas biológicas se
encuentran ya completamente adaptadas a la manipulación
a escala molecular de la materia —la razón por
la cual una planta puede combinar aire, agua y desechos, y producir
una jugosa fresa roja, y el cuerpo de una persona puede convertir
la cena de la noche pasada en los nuevos glóbulos rojos
de hoy. La reorganización de átomos que hace que
todo esto sea posible es llevada a cabo por cientos de enzimas
y proteínas especializadas, y el DNA guarda el código
para llevar a cabo el proceso.
La utilización de estas máquinas moleculares "pre-existentes"
—o usándolas como puntos de partida para nuevos
diseños— es una derivación popular de la
nanotecnología, llamada "bio-nanotecnología".
"¿Por qué reinventar la rueda?" se
pregunta Mavroidis. "La naturaleza nos ha dado toda esta
grande y altamente perfeccionada nanotecnología dentro
de los seres vivos, así que ¿Por qué no
usarla, e intentar aprender algo de ella?"
Los usos específicos de la bio-nanotecnología
que Mavroidis propone en su estudio son muy futuristas. Una
idea consiste en cubrir con una especie de "tela de araña"
de tubos del grosor de un cabello, llena de detectores bionanotecnológicos,
docenas de millas de terreno, para cartografiar con gran detalle
el entorno de algún planeta extraterrestre. Otra idea
que propone es una "segunda piel" que los astronautas
llevarían debajo de sus trajes espaciales, la cual usaría
bio-nanotecnología para detectar y reaccionar a la radiación
que atravesara el traje, y sellar rápidamente todo corte
o pinchazo,
Arriba: Una extensa
red de nanodetectores dibuja el mapa del terreno de un planeta
extraño. La sección de la parte superior derecha
muestra moléculas obtenidas biológicamente (amarillo
y rojo) que realizarían las funciones de detección
y señalización.
¿Futurista? Sin duda. ¿Posible? Quizás.
Mavroidis admite que faltan probablemente décadas para
tecnologías semejantes, y que la tecnología del
futuro será probablemente muy diferente de como la imaginamos
actualmente. De todas formas, cree que es importante que se
empiece a pensar ahora en lo que la nanotecnología podría
hacer posible dentro de muchos años.
Considerando que la vida misma es, en cierto sentido, el máximo
ejemplo de nanotecnología, las posibilidades son verdaderamente
apasionantes.
Audaces
y Extravagantes: Los Ascensores Espaciales —(Science@NASA)
Inspirados parcialmente en ciencia ficción, los
científicos de la NASA están considerando
seriamente los elevadores espaciales como un sistema de
tránsito masivo para el próximo siglo.
El
Viaje de los Nano-Cirujanos —(Ciencia@NASA)
Científicos financiados por la NASA desarrollan
naves microscópicas, capaces de internarse en el
cuerpo humano y reparar problemas —célula
por célula.
Chamizos
Rodantes en el Torrente Sanguíneo —(Ciencia@NASA)
Sensores del tamaño de moléculas dentro
de las células de los astronautas podrían
señalar problemas de salud provocados por la radiación
espacial.
Dentro del módulo de aterrizaje
lunar Challenger el altavoz de una radio crepitó.
Houston: "Podemos verlos en televisión
ahora. Tenemos una buena imagen".
Gene Cernan, Comandante del Apolo 17: "Me alegra saber
que el viejo vehículo lunar todavía funciona".
"Rover", el pequeño carrito lunar, se encontraba
afuera, con el asiento del conductor vacío, su cámara
de televisión enfocada hacia el Challenger. En Houston
y alrededor del mundo, millones de personas observaban. La fecha
era el 19 de diciembre de 1972, que pronto se convertiría
en fecha histórica.
Arriba: El vehículo lunar del Apolo 17, dentro del círculo,
espera para filmar el despegue de su madre nodriza, el Challenger.
De repente, silenciosamente,
el Challenger se parte en dos pedazos .
La base de la nave, la parte que incluye los soportes para aterrizaje,
se mantiene en su sitio. La parte de arriba, el módulo
lunar con Cernan y Jack Schmitt dentro, despega dejando un rocío
de metal dorado. Se levanta, gira y se dirige a reunirse con
el orbitador América, la nave que los traería
de vuelta a casa.
Ellos fueron los últimos humanos en
la Luna. Después que partieron, la cámara giró
de un lado a otro. No había nadie ahí, nada, solamente
el vehículo lunar, el módulo de aterrizaje y algo
de equipo esparcido alrededor del suelo polvoriento del Valle
Taurus Littrow. Finalmente, la batería del vehículo
se agotó y las transmisiones de televisión cesaron.
Esta fue nuestra última mirada al sitio de alunizaje
de Apolo.
Para mucha gente esto es sorprendente, incluso desconcertante.
Algunas teorías conspiratorias han insistido por mucho
tiempo que la NASA jamás llegó a la Luna. Afirman
que todo fue una farsa, un modo de ganar la carrera espacial
con engaños. El hecho que los sitios de alunizaje de
las misiones Apolo no han sido fotografiados con detalle desde
principios de la década de los 70 alienta sus afirmaciones.
A la dercha:
Sitios de alunizaje de las misiones Apolo.
¿Y porqué no
las hemos fotografiado? Hay 6 sitios de alunizaje dispersos
a través de la Luna. Siempre dan de frente hacia la Tierra,
siempre a simple vista. Ciertamente el telescopio espacial Hubble
podría fotografiar los vehículos y otros objetos
que los astronautas hayan dejado al partir. ¿Verdad?
No es así. Ni siquiera el Hubble puede
hacerlo. La Luna se encuentra a 384.400 km. de distancia. A
esa distancia, las cosas más pequeñas que puede
distinguir el Hubble son de casi 60 metros de ancho. La pieza
de equipo más grande abandonada por la misión
Apolo es de solamente 9 metros de largo, y por consiguiente,
mas pequeña que un solo píxel en una imagen del
Hubble.
Mejores fotografías están en camino. En 2008 el
Orbitador de Reconocimiento Lunar de la NASA llevará
consigo una poderosa cámara moderna a una órbita
baja sobre la superficie de la Luna. Su misión principal
no es fotografiar los viejos sitios de alunizaje de las misiones
Apolo, pero lo hará, muchas veces, proporcionando las
primeras imágenes reconocibles de los restos de las misiones
Apolo desde 1972.
La cámara de alta resolución
de la nave espacial, llamada "LROC" siglas en inglés
de la Cámara del Orbitador de Reconocimiento Lunar (Lunar
Reconnaissance Orbiter Camera), tiene una resolución
de casi medio metro. Esto significa que medio metro cuadrado
de la superficie de la Luna llenaría un solo píxel
en sus imágenes digitales.
Los vehículos lunares de las misiones
Apolo miden cerca de 2 metros de ancho y 3 de largo. Así
que en las imágenes de la LROC, estos vehículos
abandonados llenarán casi 4x6 píxels.
¿Cómo luce una fotografía de medio metro
de resolución? Esta imagen de un aeropuerto en la Tierra
tiene la misma resolución que una imagen de la LROC.
Los objetos del tamaño de los vehículos lunares
(automóviles y carritos de equipaje) se distinguen claramente.
Arriba: Ejemplo
de una fotografía de medio metro de resolución
tomada desde arriba, con la misma resolución que tendrán
las imágenes de la LROC. Esta fotografía de un
aeropuerto muestra aviones de varias dimensiones así
como vehículos del tamaño de coches. Nótese
cómo las sombras ayudan a que los objetos resalten sobre
el fondo. Las imágenes de alta resolución de la
LROC también serán en escala de grises, pero aparecerán
menos granulosas que el ejemplo gracias a su tecnología
de imágenes digitales. Imagen cortesía Proyecto
Digital Ortofoto del MIT.
"Yo diría que los vehículos lunares se observarán
angulares y distintos" dice Mark Robinson, profesor de
investigación asociado a la Universidad del Noroeste,
en Evanston, Illinois, y Director Investigador para la LROC.
"Puede ser que veamos algunas diferencias de sombras en
la parte superior de los asientos, dependiendo del ángulo
del Sol. Incluso las huellas de los vehículos podrían
ser detectables en algunos casos".
Aún más reconocibles serán
las plataformas desechadas por los módulos lunares. Sus
estructuras principales son de 4 metros en cada lado, así
que llenarán un cuadrado de 8x8 píxels en las
imágenes de la LROC. Las 4 patas salientes de las 4 esquinas
de las plataformas abarcan un diámetro de 9 metros, así
que de un soporte de alunizaje a otro, los módulos abarcarán
cerca de 18 píxels en las imágenes de la LROC,
más que suficiente para rastrear sus distintivas siluetas.
Las sombras también ayudan. Largas sombras negras proyectadas
a través del terreno lunar gris revelarán la silueta
de los objetos que las proyectan: los vehículos lunares
y los módulos. "Durante el transcurso de esta misión
de un año, la LROC captará varias imágenes
de cada sitio de alunizaje con la luz solar cada vez en distintos
ángulos", dice Robinson. La comparación de
las distintas sombras producidas permitirá un análisis
más preciso de las siluetas de los objetos
Pero ya basta de nostalgia. La misión
principal de la LROC es acerca del futuro. De acuerdo a la
Visión de la NASA para la Exploración Espacial,
los astronautas regresarán a la Luna a más tardar
para el 2020. El Orbitador de Reconocimiento Lunar es un explorador.
Tomará muestras de la radiación en el medio ambiente
de la Luna, buscará rastros de agua congelada, trazará
mapas del terreno lunar por medio de láser y usando la
LROC, tomará fotografías de la superficie de la
Luna en su totalidad. Cuando los astronautas regresen, ya conocerán
los mejores sitios para alunizar y mucho de lo que les espera.
Dos objetivos de alta prioridad para la
LROC son los polos de la Luna.
"Estamos particularmente interesados en
los polos como sitios potenciales para una base lunar"
explica Robinson. "Hay algunas regiones en forma de cráter
cerca de los polos que se encuentran en sombras todo el año.
Estos lugares podrían ser lo bastante fríos para
albergar depósitos permanentes de agua congelada. Y hay
regiones altas cerca que están iluminadas por el Sol
todo el año. Con luz solar constante para tener calor
y energía solar y una fuente potencial de agua cercana,
estas regiones altas serían el sitio ideal para una base."
La información de la LROC ayudará a localizar
con precisión la mejor cordillera o meseta para establecer
un hogar lunar.
A la derecha: Concepto
de una base lunar polar del artista Pat Rawlings.
Una vez que la base lunar esté
establecida, ¿Cuál es el peligro de que sea alcanzada
por un gran meteorito? La LROC ayudará a responder esta
pregunta.
"Podemos comparar las imágenes de la LROC de los
sitios de alunizaje, con las fotografías de la era del
Apolo", dice Robinson. La presencia o ausencia de nuevos
cráteres les dirá algo a los investigadores sobre
la frecuencia de los choques con meteoros.
La LROC también buscará conductos
ancestrales de lava endurecida. Estos son lugares parecidos
a las cuevas sugeridos por algunas imágenes de las misiones
Apolo, donde los astronautas podrían refugiarse en caso
de una tormenta solar inesperada. Un mapa global de estos refugios
naturales para tormentas ayudará a los astronautas a
planear sus exploraciones.
Nadie sabe qué más podría encontrar la
LROC. La Luna nunca antes ha sido examinada con tanto detalle.
Seguramente cosas nuevas esperan ser descubiertas. Las viejas
naves espaciales abandonadas son sólo el principio.
see
caption
Más historia: Las únicas imágenes
que muestran el equipo abandonado por las misiones Apolo
son unas cuantas fotografías tomadas por los mismos
astronautas del Apolo mientras se encontraban en órbita
alrededor de la Luna. Las imágenes son granulosas
y analógicas. En una, la plataforma del módulo
de aterrizaje parece una mancha, en otra parece una burbuja
brillante de algunos píxels de ancho.
Derecha: La plataforma abandonada del módulo de
aterrizaje del Apolo aparece solamente como una pequeña
mancha en esta imagen tomada por la misión Apolo
17. El módulo se encuentra en medio del retículo
en cruz con la etiqueta "LM". [Más
Información]
Los orbitadores lunares más recientes,
como la misión Clementine de 1994, llevaban modernas
cámaras digitales, más sensibles que los
dispositivos de la Era del Apolo. Pero estas siempre fueron
cámaras de más baja resolución fabricadas
para examinar más ampliamente toda la Luna en lugar
de obtener acercamientos de alta resolución. La
cámara de Clementine, por ejemplo, tenía
una resolución máxima de 25 metros por píxel
—aún muy rústica para analizar los
restos del Apolo.
Lecturas recomendadas: Apolo,
el Viaje épico hacia la Luna, por David West Reynolds,
2002, Libros Tehabi. El excelente libro de West inspiró
la introducción para nuestra historia "Naves
Espaciales Abandonadas".
El
Gran Engaño del Aterrizaje en la Luna —(Ciencia@NASA)
Las rocas lunares y el sentido común demuestran
que los astronautas del Apolo realmente visitaron la Luna.
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